En portada Jun.15.2023

Cusco Social conversó con el arquitecto Roberto Samanez una institución de la conservación patrimonial a nivel internacional, autor de numerosos libros sobre arquitectura e historia de Cusco. No encontramos mejor forma de rendirle homenaje a nuestra tierra en este mes de fiestas que conociendo lo que somos y los riesgos que afronta nuestro patrimonio material.

Celebramos con mucho orgullo nuestro pasado Inca, aunque es indudable que existe también una identidad barroca en la ciudad, en sus construcciones, en el arte, en las festividades religiosas. ¿Cómo podríamos definir esa identidad cusqueña?
Los cusqueños somos producto de diversos periodos históricos, sin duda la huella que dejó la ocupación española y la dinámica colonial está presente en nosotros, el espíritu de ese mundo barroco se ha impregnado en la fisonomía de la ciudad, también en la retórica y la forma de ser de las personas. Sin embargo, hay un sentimiento nostálgico muy arraigado por el pasado Inca, ese es el motivo de orgullo que siente la gente al pensar su pasado, siempre se recurre a este como una búsqueda incansable por esa raíz más genuina; lo republicano y lo colonial son estadios más problemáticos desde el ejercicio de la memoria.

¿Cuáles son los elementos que constituyen esa identidad?
Llevo muchos trabajando en este tema y siempre recurro a lo material como herencia más presente, como pocos pueblos en el mundo tenemos un legado patrimonial extraordinario, eso es tangible, no hay discusión sobre la grandeza de esta ciudad en tiempos prehispánicos. También hay una herencia colonial desde lo arquitectónico que se arraiga en lo que podemos llamar el estilo del Cusco, es en esa fusión que nace la nacionalidad, la identidad de nuestra tierra.

Ese orgullo debe estar basado en un conocimiento pleno de ese pasado, la labor de quienes divulgan historia y quienes están a cargo de la preservación del patrimonio debe estar libre de alteraciones, con una visión real del pasado podremos proyectarnos mejor al futuro. Venimos trabajando una serie de libros sobre los cusqueños del siglo XIX, en ellos encontraremos magníficos relatos de emprendedores que le dieron forma a la economía local. Ese ejemplo de un pasado no tan lejano se hace necesario en una coyuntura como la que vivimos.

¿Una fiesta como Corpus Christi, podría denominarse una celebración al sincretismo?
Es una tradición católica impuesta por la corona española que debía tener una representatividad plena de una sociedad tan dividida como la colonial. La riqueza de esta festividad está en cómo los descendientes prehispánicos la asumieron e interpretaron con una especial relevancia, conservando ciertos elementos culturales propios. No es gratuito que sea una fiesta tan trascendental en Cusco y Cajamarca, son dos ciudades que han mantenido su tradición a través del tiempo.

¿Cómo persiste lo andino en la identidad barroca del Cusco?
Persiste porque su medio ambiente, su contexto es barroco. En 200 años de república se conserva mucho de lo barroco en las expresiones artísticas, la música, la literatura. No se diluye porque fue un movimiento que tuvo mucha fuerza gracias a lo que ahora denominamos barroco mestizo que llegó a las comunidades más lejanas, se extendió en el arte, en la arquitectura, en la artesanía. Debemos estar orgullosos de eso que nos define, esa es nuestra identidad.

El principal atractivo que tiene Cusco como ciudad es el arquitectónico, pero poco se hace por su preservación, en los últimos 20 años la ciudad se ha deteriorado mucho, se han sobrepoblado las laderas, se han dado cambios de uso peligrosos y la municipalidad ha sido cómplice de esto, no se ha controlado el tipo de edificación que se requiere. La desmedida migración del campo ha puesto en riesgo al propio parque de Sacsayhuamán. Cusco está en riesgo de perder su categoría de patrimonio de la humanidad por simple clientelismo político. Hay una gran tarea pendiente la de educar en el verdadero orgullo patrimonial a los cusqueños.


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