Cusco Social
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Archivo fotográfico de Horacio Ochoa en la Fototeca Andina del CBC
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La Fototeca Andina fue creada en Cusco en 1988 como parte integrante del Centro Bartolomé de Las Casas, con el objetivo de salvar del olvido y la destrucción archivos fotográficos valiosos no solamente para el contexto cusqueño sino también para la región sur andina y Latinoamérica en general. Para el Cusco, ciudad de profundas raíces históricas, el rescate de la obra de fotógrafos activos durante fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, significa el redescubrimiento de una de las expresiones de mayor valor artístico y documental.

Con más de 30 mil imágenes de más de tres decenas de fotógrafos en sus archivos, entre ellos los hermanos Cabrera, Miguel Chani, José Gabriel González, César Meza Salazar y Horacio Ochoa, la Fototeca Andina ofrece un auténtico testimonio visual de historia, cultura y vida cotidiana de la sociedad sur andina del Perú. Su núcleo constituye la llamada Escuela Cusqueña de Fotografía. Están registrados en ella retratos de la burguesía citadina y de mujeres y hombres indígenas; escenas cotidianas rurales y urbanas; monumentos históricos y arqueológicos; arquitectura inca, colonial y republicana; fiestas religiosas y acontecimientos sociales, tales como matrimonios, funerales o bautizos. Las imágenes no se limitan a la región cusqueña, también se encuentran aquí representaciones de pobladores originarios y colonos de la selva, pueblos, ciudades, comunidades, escenas y personajes de otras regiones.

La labor de la fototeca a lo largo de décadas ha comprendido el trabajo de pesquisa, recuperación y cuidado de las colecciones, con su posterior digitalización, catalogación y difusión a través de muestras y publicaciones, pues se trata de un acervo cultural conectado por unos fuertes lazos con las vivencias de comunidad cusqueña.

Actualmente, la Fototeca Andina está implementando el proyecto de conservación y puesta en valor de uno de sus fondos más significativos, el del fotógrafo cusqueño Horacio Ochoa, activo en las décadas de 1920-1960, que cuenta con más de 6700 imágenes, entre fotografías en papel y negativos en distintos soportes. La colección fue adquirida por la Fototeca Andina en 1993.

El proyecto de conservación comenzó en julio del año pasado y va a culminar en diciembre de este año. El inventario previo de la colección fue elaborado, a pedido del CBC, por la Asociación Martín Chambi. La labor se está realizando gracias al financiamiento de la fundación alemana Gerda Henkel Stiftung y cuenta con la participación de seis jóvenes conservadores cusqueños: Paola Lasteros, Melanie Candia, Winy Yépez, Brayan Delgado, Kevin Sicos y Diego Gonzales, bajo la supervisión de Yadira Hermoza, gestora cultural encargada de la Fototeca Andina. Varios de estos especialistas han recibido una capacitación detallada en el marco del proyecto de conservación del legado fotográfico de Martín Chambi, implementado en los años recientes por la asociación que lleva su nombre.

Para cada negativo se diagnostican los daños y problemas de su preservación, después de lo cual se procede a estabilizar su estado y, de ser posible, reparar los deterioros. Luego la imagen es digitalizada y catalogada. Para su almacenamiento se usan guardas de cuatro solapas y cajas de materiales especiales, libres de ácido.

Horacio Ochoa (1905 – 1978) nació en San Sebastián el 28 de octubre de 1905. Varios valiosísimos detalles de su vida fueron recogidos en una audio-entrevista, realizada por el Centro Bartolomé de Las Casas al hijo del maestro, don Francisco Ochoa (escuchar aquí).

Antes de elegir la fotografía, Horacio Ochoa empezó a aprender sastrería, pero muy pronto cambió su preferencia y se dedicó al arte de la luz. Fue José Gabriel González, uno de los pioneros de la Escuela Cusqueña de Fotografía, de quien don Horacio tomó la inspiración y optó por este oficio, en aquel tiempo poco frecuente. Se convirtió en discípulo de González y durante un tiempo trabajaba en colaboración con sus hijos, Wahington y Roberto. 

En su trayectoria recibió varios importantes premios y reconocimientos por su pulcra y depurada técnica. Entre ellos se puede nombrar el segundo premio del concurso de fotografía Efraín Zamalloa en 1948; el premio del concurso organizado por el II Congreso Indigenista Interamericano, llevado a cabo en Cusco en 1949; un diploma de honor y estímulo otorgado por la Sociedad de Socorros Mutuos de Arequipa; y un diploma de honor de la Comisión Municipal de Fiestas Patrias, también en 1949.

Durante un tiempo, el estudio de Horacio Ochoa se encontraba en la calle Almagro, donde hacía fotografías de carnet, postales, retratos familiares y grupales, que eran las imágenes más solicitadas en aquellos años, hasta que el local fue destruido por el catastrófico terremoto de 1950. Lamentablemente, ese acontecimiento hizo que se perdiera el legado de varios importantes estudios fotográficos cusqueños, incluido el archivo de José Gabriel González.

Dos años más tarde Ochoa abrió un nuevo estudio con equipamiento moderno, en el que trabajó hasta el año 1964. Residía en San Sebastián, pero tenía un local destinado a la toma de fotografías en la plaza Regocijo, con una privilegiada iluminación natural a través de un gran ventanal que daba al patio. Le gustaba experimentar con diferentes componentes químicos para lograr distintos tonos de color en la fotografía monócroma, como el sepia y el azul.

Durante esta etapa de su vida, hizo amistad con el personal de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), un cuerpo policial especializado que existió en nuestro país hasta el año 1988. Fue invitado para ser el fotógrafo oficial de esa institución.

En los últimos años de su vida se retiró del campo de la fotografía para desempeñar cargos públicos, entre ellos el cargo de alcalde de San Sebastián. Falleció en 1978.

Las imágenes captadas por el lente de Horacio Ochoa registran de manera ágil y dinámica la vida de la ciudad: fiestas, acontecimientos importantes, paisajes urbanos y, por supuesto, a sus habitantes.

Su toma más emblemática y famosa es la foto, muchas veces reproducida en la prensa y en distintas publicaciones, titulada Campesinos en Sacsaywaman, de 1940, que se destaca por un equilibrio óptimo de luces y sombras y por una original y memorable composición. Está construida alrededor del contraste entre las gigantescas dimensiones de los monolitos de la época inca y las diminutas figuras humanas, en un conmovedor diálogo entre el pasado y el presente, entre las edificaciones ciclópeas de la antigüedad y la viva presencia de los descendientes de sus constructores. Monumentos arqueológicos y paisajes culturales eran uno de los temas predilectos de Ochoa.

Fuera de la Fototeca Andina, una pequeña colección de 29 imágenes de Horacio Ochoa se encuentra en el Instituto Getty en Los Ángeles (ver aquí). Son fotografías que retratan importantes monumentos incas: Antabamba, Saywite, Machu Picchu, Ancasmarca, Wiñay Wayna y Moray. Esas fotos, tomadas en las décadas de 1920-30, fueron impresas desde negativos muchos años después y fueron usadas por el escritor y arqueólogo amateur peruano Daniel Ruzo en sus estudios.

La labor de conservación de archivos fotográficos es un trabajo de hormiga, minucioso y metódico. La Fototeca Andina está avanzando paulatinamente en la realización de esta tarea de gran responsabilidad, aprovechando las innovaciones técnicas que surgen cada año y los nuevos conocimientos que ayudan a proteger el frágil patrimonio fotográfico contra el implacable paso del tiempo.

Fotos: cortesía de la Fototeca Andina del Centro Bartolomé de Las Casas.

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