Cusco Social
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Garcilaso en Rusia
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Este ensayo está basado en la ponencia que presenté el 23 de abril de este año en las Jornadas Académicas y Culturales Inca Garcilaso de la Vega como parte de la mesa redonda Coros Mestizos del Inca Garcilaso, dedicada a la memoria de José Antonio Mazzotti, por invitación del Colectivo Inca Garcilaso. A pedido de varios amigos y colegas, pongo por escrito el contenido de la charla.

Uno de los grandes aportes de José Antonio Mazzotti a la lectura de Garcilaso ha sido la idea de que su texto sigue vivo y fecundo, que continúa revelando diversas facetas en diferentes contextos y es capaz de producir nuevos significados infinitos.

En cada cultura existen personajes emblemáticos que se perciben desde afuera como una especie de embajadores simbólicos, portadores de la esencia intelectual y espiritual de su pueblo, como Shakespeare en Inglaterra o Cervantes en España. Garcilaso, contemporáneo de Cervantes y Shakespeare (los tres fallecieron casi al mismo tiempo) sin duda puede ser considerado una figura de esta magnitud para el Perú. Puede parecer paradójico, pues casi tres cuartas partes de su vida transcurrieron fuera de su patria, pero su contribución histórica y literaria a la creación de la imagen del Perú en el mundo ha sido fundamental.

En este ensayo me propongo a rastrear la travesía del Inca hacia mi tierra natal, Rusia. Quiero mostrar cuándo y de qué manera sus escritos y su figura se hicieron conocidos al otro lado del globo, en una cultura tan distante de su lugar de origen.

Los tempranos ecos de la obra de Garcilaso llegaron al Imperio Ruso a través de Francia durante el Siglo de las Luces. La primera traducción de los Comentarios Reales a otro idioma fue su versión en francés que salió todavía en 1633. Sin embargo, como muchos libros de aquella época, era un objeto de lujo, accesible a un circuito muy limitado de lectores. En el siguiente siglo, de la mano con el florecimiento de las ideas de la Ilustración, la tecnología de la imprenta permitió sacar publicaciones más económicas, orientadas a un público más abierto. Así, en 1744 apareció en París la segunda edición francesa de los Comentarios del Inca, que fue leída por muchos intelectuales de la época. El Imperio Inca retratado por Garcilaso respondía a varios conceptos de la Ilustración sobre las sociedades vistas como prístinas y exóticas.

Uno de los autores que, sin duda, tomó inspiración de los textos de Garcilaso, fue Jean-François Marmontel (1723-1799), quien en 1777 publicó una novela histórica llamada Los Incas o la destrucción del Imperio del Perú (Les Incas ou la destruction de l'Empire du Perou), un bosquejo romántico de la América nativa y una aguda crítica de la conquista española. Siendo una obra de ficción histórica, la novela de Marmontel no tiene referencias bibliográficas precisas, pero está claro que muchos de sus datos sobre el Estado Inca tienen raíces en los Comentarios Reales, probablemente leídos por el autor en la edición francesa de 1744. Además, transparenta una fuerte influencia de las ideas de Bartolomé de Las Casas, que eran conocidas y respetadas en Francia.

Tan solo un año después de la salida de Los Incas de Marmontel en Francia, la obra fue traducida al ruso por María Sushkova e impresa por la Universidad Imperial de Moscú. Era el reinado de Catalina la Grande, y las ideas de la Ilustración francesa eran gratamente recibidas por la alta sociedad rusa de la época. Así se dio lo que parece ser el primer contacto, aunque indirecto, de los lectores rusos con las ideas de Garcilaso y con su visión del Imperio Inca.

El siguiente gran paso fue dado a mediados del siglo XIX. En 1847 vio luz el célebre libro del historiador estadounidense William Prescott (1796-1859) Historia de la Conquista del Perú (History of the Conquest of Peru). Prescott, un apasionado investigador de la conquista de las Américas, para aquel momento ya se había hecho conocido por su Historia de la Conquista de México. Al igual que Marmontel, partía de una perspectiva crítica al proceso del sometimiento del Nuevo Mundo por los españoles, pero no ocultaba su fascinación ante algunos protagonistas del drama histórico. A diferencia de Los Incas de Marmontel, su obra fue planteada como un estudio académico, aunque para los criterios de nuestro tiempo se acerca más a una obra literaria de no ficción. Se ocupó meticulosamente de citar sus fuentes, y entre ellas una de las más importantes ha sido la obra de Garcilaso. No se puede decir que Garcilaso haya sido su cronista favorito, pero le rindió el debido tributo y narró en breves palabras su biografía.

En muy corto tiempo La Historia de la Conquista del Perú ganó una enorme popularidad internacional, y pronto fueron hechas traducciones a otros idiomas. La versión en ruso se publicó en 1849, dos años después de la salida del original en inglés. Fue impresa por partes en la revista Crónicas Patrias (Otéchestvennye Zapiski), una prestigiosa y voluminosa revista leída por la intelectualidad rusa de aquella época. La revista salía en San Petersburgo, entonces la capital del país, entre 1818 y 1884 y estaba abocada a las novedades literarias, escritos históricos y relatos de viajeros. Así, a mediados del siglo XIX, el público culto que leía las Crónicas pudo conocer el nombre de Garcilaso de la Vega, enterarse de algunos hitos de su vida e informarse, a grandes rasgos, del contenido de su principal escrito.

Tuvo que pasar más de un siglo antes de que el texto completo de los Comentarios Reales fuera traducido al ruso. Sucedió en 1974, ya en los tiempos de la tardía Unión Soviética, y se debió al acercamiento entre los dos países durante el gobierno de Velasco Alvarado. Cabe recordar que la gestión de investigaciones científicas en la Unión Soviética estaba estrechamente ligada con la agenda política estatal. El Estado soviético tenía el monopolio infranqueable a toda labor científica y educativa, además de concentrar en sus manos toda la actividad editorial. El control sobre el trabajo científico se realizaba a través de la Academia de Ciencias, órgano del Estado que agrupaba bajo su mando las instituciones dedicadas a la investigación. Actividad privada o independiente en ese campo, como en cualquier otra esfera, estaba terminantemente vetada. El estudio de países latinoamericanos, con la excepción de Cuba, no se consideraba una tarea prioritaria, pues no se encontraban en la órbita de la influencia inmediata de la URSS. Los trabajos académicos dedicados a América Latina, si no eran directamente relacionados con el proselitismo político, no recibían gran incentivo y eran muy pocos.

En esa coyuntura, concretar un proyecto como la publicación de los Comentarios de Garcilaso en ruso se hizo posible gracias a los nuevos lazos con el Perú en la época de Velasco. El libro salió de imprenta en 1974, pero debe haber pasado por una larga etapa de preparación, que incluía la traducción del texto entero. El trabajo de editores fue asumido por dos destacados especialistas: Vladímir Kuzmíschev y Yurii Knórozov. El primero de ellos trabajaba en el Instituto de América Latina en Moscú, el segundo en el Instituto de Antropología y Etnografía Universal en San Petersburgo (en aquel tiempo llamado Leningrado). El Instituto de América Latina en Moscú era una institución en la que la labor académica, a menudo profunda y altamente profesional, estaba sin embargo fusionada con las tareas de proselitismo político. El Instituto de Antropología de Leningrado estaba más alejado de la política, puesto que su principal propósito era la administración del museo del mismo nombre, con unas valiosísimas colecciones etnográficas, heredadas en su mayoría de la época de los zares.

Vladímir Kuzmíschev (1925-1988), principal integrante del proyecto de los Comentarios Reales en ruso, era filólogo, historiador y divulgador científico. Desde 1966 encabezaba la Sección de Cultura en el Instituto de América Latina. Tuvo a su cargo el cuidado general de la edición de Garcilaso, la traducción de los textos del español y el artículo que acompaña la obra al final del libro. En su época era uno de pocos, si no el único, investigador soviético que conocía a profundidad y podía comentar las crónicas peruanas. Al parecer, su interés en la América prehispánica comenzó por la cultura maya: en 1968 salió su libro de divulgación histórica, dirigido al amplio público rusoparlante, titulado El misterio de los sacerdotes maya. Su carrera posterior giró hacia las tierras peruanas, y el proyecto de los Comentarios probablemente jugó el rol decisivo en ese cambio.

El segundo editor del libro, Yurii Knórozov (1922-1999), es un personaje de fama mundial, cuyo nombre está relacionado con el proceso del desciframiento de la escritura jeroglífica maya. Su aporte en este campo, durante mucho tiempo cuestionado y subvalorado, hoy es reconocido a nivel global. En la década de 1970, cuando Knórozov participó en el proyecto de los Comentarios de Garcilaso, su carrera estaba en un punto alto y parecía muy prometedora. Aunque el Perú nunca llegó a ocupar en su trabajo un lugar significativo, desempeñó el cargo del editor del volumen junto con Kuzmíschev y contribuyó unas notas finales. Pasados algunos años, a sus brillantes investigaciones de la escritura maya fueron puestas trabas, lo cual desgraciadamente frenó sus avances por mucho tiempo.

No se puede dejar de lado al tercer importante miembro del proyecto, Yurii Zubritskii (1923-2007). Al igual que Vladímir Kuzmíschev, Zubritskii trabajó en el Instituto de América Latina en Moscú y durante muchos años dirigió ahí el Departamento de los Países Andinos. Al margen de su estrecho vínculo con el ámbito político del Estado soviético, es innegable su profundo conocimiento de la cultura peruana y su capacidad de cultivar contactos culturales entre los dos países. Fue probablemente el único estudioso ruso que llegó a hablar quechua. Condujo la Radio Moscú en quechua a lo largo de décadas. Gracias a su vinculación política, Zubritskii con frecuencia obtenía permisos para viajar a América Latina, privilegio excepcional en la URSS, que para la mayoría de los académicos soviéticos estaba inalcanzable. Visitó el Cusco más de una vez, y entre las generaciones mayores de cusqueños hay muchas personas que aún lo recuerdan con afecto.

En la edición de Garcilaso de 1974 fue incluida, en calidad de anexo, su traducción del quechua al ruso del drama Ollantay. Probablemente fue hecha a partir de la versión de Ollantay en quechua publicada por Julio Gutiérrez Loayza en 1958.

El grueso volumen de 750 páginas de los Comentarios Reales salió en ruso bajo el título Historia del Estado Inca. Incluía solo la primera parte, sin la Historia General del Perú. Fue publicado en la prestigiosa serie Monumentos Literarios, bajo el número de volumen 185. Esta serie, a cargo de la Academia de Ciencias de la URSS y luego de Rusia, reúne algunas de las obras de la literatura universal de mayor peso. Monumentos Literarios se ha publicado desde 1948 hasta el día de hoy, y actualmente cuenta ya con más de 760 volúmenes. Todos los libros mantienen a través de los años un diseño uniforme: son de tapa dura que imita cuero repujado, con título en letras doradas. El tiraje de Garcilaso fue 50,000 ejemplares, una cifra común para la era soviética, cuando se presuponía que la lectura debía ser masiva (lo cual no necesariamente reflejaba la realidad). Hoy los tirajes de los libros de esta serie son de 400 o 500 ejemplares. 

Al parecer, los responsables del proyecto entendían que una publicación de este nivel y envergadura sobre la cultura peruana era una ocasión única y que probablemente no iba a presentarse de nuevo en mucho tiempo. Por eso dotaron el libro de numerosos anexos, que no corresponden estrictamente a la obra de Garcilaso. Entre ellos está la arriba mencionada traducción del drama Ollantay hecha por Zubritskii. También está el artículo de Kuzmíschev que contiene la biografía de Garcilaso, un breve recuento y análisis de sus escritos y una interpretación, bastante sui generis, siguiendo los lineamientos marxistas-leninistas, de la historia del Perú prehispánico. Las notas finales de Knórozov cierran el tomo a modo de colofón. El texto de Garcilaso va intercalado con algunos dibujos de Guaman Poma de Ayala, que llevan leyendas traducidas al ruso. Estas imágenes gráficas deben haber sido sacadas de la edición de Guaman Poma hecha por Paul Rivet en 1936.

Hay que notar que la traducción de Garcilaso por Kuzmíschev es, en términos generales, muy meticulosa y acertada, y es visible que al cuidado de la edición se prestó una gran atención. Aun así, al parecer, algunos detalles escaparon de la atenta mirada de los responsables. En las leyendas, el autor de las imágenes figura como “P. de Ayala”. Otro detalle que salta a la vista es la transliteración de los nombres y términos quechuas al ruso: si un quechuahablante los oyera pronunciados según esta grafía, probablemente no los reconocería.

Adicionalmente, en el libro estaban incluidos dos mapas plegables para ayudar a un lector inquisitivo a entender mejor el contexto geográfico peruano. Uno era el mapa de la red vial inca, sacado de la versión en inglés de la crónica de Cieza de León, titulada The Incas, publicada en 1959 por Victor Von Hagen. El otro, más grande y detallado, era el Mapa del Imperio Incaico (Tahuantinsuyu) y de la Conquista española, según los Comentarios Reales, compuesto por Leopoldo Peydro y publicado en 1943 en Buenos Aires.

El voluminoso tomo fruto de este gran trabajo de compilación, cuyo corazón eran los Comentarios Reales de Garcilaso, debía ser para los lectores rusoparlantes una ventana hacia el misterioso mundo del Perú prehispánico, sobre el que la educación escolar les daba muy pocas nociones. En 1975 el libro recibió una condecoración de honor en la Exposición de Logros de la Economía Nacional (VDNJ).

Intenté ubicar otras traducciones de obras de Garcilaso al ruso, pero no encontré ninguna. La monumental edición de los Comentarios hecha por Kusmíschev y Knórozov en 1974 fue reeditada hace poco, en 2024, por una editorial independiente, con una carátula distinta, pero sin nuevos aportes y con algunos recortes. Por alguna razón, en la nueva portada, junto con una foto del disco Echenique, figura el nombre de la serie Edad Media.

Para Vladímir Kuzmíschev, el traductor de Garcilaso, la afición por la figura del Inca tuvo una interesante prolongación. Cinco años más tarde, en 1979, salió en Moscú su libro Las fuentes del pensamiento social del Perú: Garcilaso y su historia inca. Es una ampliación de su artículo de 1974, que incluye un contexto más extenso, un mayor despliegue analítico y un ensayo comparativo de Garcilaso con Cieza de León, Sarmiento de Gamboa y Guaman Poma. A juzgar por la bibliografía, el autor tenía acceso a textos originales de las crónicas en español y a una larga lista de estudios históricos en lenguas extranjeras, una gran ventaja para alguien que trabajaba en el entorno académico soviético.

Si uno revisa con atención su lista bibliográfica, no podrá dejar de notar al inicio, en el lugar de honor y fuera del orden alfabético de rigor, tres obras de Marx, tres obras conjuntas de Marx y Engels, siete obras de Engels y catorce (!) obras de Lenin. Podría parecer extravagante en un libro de investigación sobre Garcilaso de la Vega, pero se trata de un ingrediente obligatorio de cualquier publicación académica de aquellos tiempos. Aplicando el ineludible y omnipresente enfoque marxista-leninista, Kuzmíschev trató de encajar la sociedad inca en el casillero de las formaciones económico-sociales, lo cual no le salió del todo convincente, pues dicho casillero definitivamente no estaba diseñado para la historia andina. Sin embargo, muchas de las observaciones de Kuzmíschev que están al margen del marco dogmático, suenan válidas e interesantes hasta hoy.

Hojeando el libro, es fácil reparar en un detalle conmovedor. Al comienzo aparece una imagen de Garcilaso, con la anotación: “Inca Garcilaso de la Vega (retrato imaginario), dibujo del autor del libro”. No es muy común como digamos que un investigador se ponga a crear retratos imaginarios de los personajes históricos objeto de su estudio. Debe haber sido grande el cariño por Garcilaso que había desarrollado el autor para que se animara a trasladar su rostro al papel con su propia mano. Si bien, se nota el trazo de un dibujante amateur, tiene sus méritos. Se ven como un acierto los rasgos andinos del Inca, que en muchos otros de sus retratos hipotéticos están casi ausentes. Para quienes se interesan por las representaciones visuales de Garcilaso, esta podría ser una excelente pieza de colección iconográfica.

En 1982 se publicó otro libro de Kuzmíschev sobre los incas, titulado El Reino de los Hijos del Sol, dirigido principalmente al público juvenil, una versión popular de sus estudios académicos anteriores. Los capítulos informativos ahí van intercalados con unos relatos ficcionados de la vida de las sociedades andinas prehispánicas. Menciona los nombres de Cieza, Sarmiento y Guaman Poma, pero su fuente favorita sigue siendo Garcilaso, a quien cita más de sesenta veces. En esta edición Kuzmíschev recicló los mismos dibujos de Guaman Poma que acompañaban su traducción de Garcilaso de 1974, pero en este caso por alguna razón usó unas calcas de las imágenes hechas a mano (incluidas las glosas), tal vez por no tener a su disposición fotos de buena calidad. Cada dibujo de Guaman Poma va acompañado con una miniatura gráfica de temática andina, probablemente fruto de creatividad del propio autor.

La percepción de Garcilaso en Rusia iba evolucionando junto con los tiempos. En 1991 la editorial Ciencia (Naúka) de la Academia de Ciencias estrenó en Moscú el nuevo libro Los Incas: la experiencia histórica de un imperio, de autoría de Yurii Beryozkin, arqueólogo, historiador y especialista en mitología comparativa. El año 91 fue el año de la caída de la Unión Soviética. Los incas, junto con la academia rusa, se habían desembarazado del cascarón del marxismo-leninismo. El amplio recuento de datos e interpretaciones reunido por Beryozkin muestra el estado de la cuestión para aquel momento, a base de la literatura actualizada sobre las sociedades andinas, sin censuras y reparos impuestos por marcos ideológicos. Por otro lado, siendo publicado en la serie Historia y Modernidad, este estudio sugiere unos inesperados paralelos comparativos de diferentes prácticas imperiales en distintos ámbitos culturales y momentos históricos, incluida la experiencia de la URSS.

El libro habla de los incas y la historia andina en términos generales, pero le dedica a Garcilaso algunos párrafos. Toca puntos que no podían ser acentuados por la historiografía soviética anterior. Repara en la importancia de Garcilaso en las teorías del llamado “socialismo inca” y ubica su pensamiento en el contexto de los modelos utópicos del Renacimiento europeo.

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Garcilaso hizo un viaje póstumo por muchas tierras lejanas que nunca había soñado visitar. Como se puede hablar sobre Garcilaso en Rusia, se puede hablar también sobre Garcilaso en Japón, Garcilaso en Grecia o Garcilaso en Polonia. En cada país donde su nombre ha sido oído y anotado, su legado dejó huella, interactuando con la cultura y la sociedad local, transformándose y adquiriendo nuevas dimensiones en el camino. A través de su obra, su vida se extiende sin fin en tiempo y espacio, originando innumerables ecos y reflejos. 

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