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Explorando el pasado: Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques

En esta ocasión, Cusco Social conversa con los integrantes del Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques (CCIHE), organización que reúne a historiadores de distintas generaciones que viven y trabajan en Cusco. En su mayoría, se han formado en la Universidad Nacional de San Antonio Abad y mantienen lazos de colaboración con esta casa de estudios. El Centro Enfoques edita la revista Riqch’ariy, especializada en la historia y campos académicos afines. Edgar Villafuerte, Lizbhet Peña y Roberto Ojeda nos cuentan cómo nació Enfoques, cuáles son sus temas predilectos y qué proyectos ha ido desarrollando en los últimos años.

CS: ¿Cómo y cuándo se creó el Centro Enfoques y en qué consiste su trabajo?

Edgar Villafuerte: El Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques es una asociación civil sin fines de lucro, que empezó como una iniciativa de estudiantes de la UNSAAC. Se creó en el 2013 con la activa participación de nuestros amigos y colegas Santiago Loayza y José Luis Peña, con el objetivo de combatir la inercia académica entre los estudiantes de historia y explorar, de manera autónoma, nuevos enfoques que permitieran comprender y enriquecer la producción historiográfica local. El grupo llegó a organizar algunos eventos importantes, por ejemplo, la Jornada Trinacional de Historia (Perú – Bolivia – Chile), también mantenía contactos con investigadores de otras ciudades del Perú. El colectivo se fortaleció desde 2017, momento cuando se le unió la generación de historiadores de los inicios de los 2000, en la que estábamos Roberto Ojeda, Ángela Concha, Johann Pérez y yo. A comienzos de la década de 2000 manejábamos un boletín en la universidad. Dado que nuestros fines y principios coincidían, decidimos juntar ambos grupos, y así, en 2017, constituimos formalmente la asociación.

Nuestro objetivo principal ha sido y sigue siendo impulsar la investigación en historia y ciencias sociales con especial atención a la región cusqueña, pues concebimos al Cusco no como un mero pasado glorioso, sino como una realidad viva que debe examinarse críticamente. A lo largo de casi una década de nuestra existencia como asociación, hemos consolidado la misión de constituir un espacio fundamental para la formación, el desarrollo y la difusión del conocimiento histórico-social. Esta labor se complementa con un firme compromiso en gestión cultural, mediante alianzas con diversas instituciones para crear nuevos espacios, y con dedicación a la puesta en valor y conservación de archivos históricos, problemática que ha merecido nuestra atención por el abandono en el que se hallan.

Roberto Ojeda: A inicios de los 2000 yo pertenecía a un grupo de estudiantes de la UNSAAC, junto con Angela Concha, Flor Quispe, Katy Morales, Carmen Rosa Guzmán y Edgar Villafuerte, entre otros. Sacábamos un boletín que no solo tenía repercusión dentro de la UNSAAC, sino que también lo presentábamos en diversos eventos académicos en Lima, Arequipa, Tacna etc., generando debate y un significativo impacto. Al acabar la universidad, nos dispersamos, como suele suceder. Mientras tanto, surgió otro grupo de estudiantes que formó Enfoques, con el que juntamos esfuerzos. Luego se iban sumando otros investigadores, más jóvenes. Para aquel momento ya existían muchas organizaciones dedicadas a temas culturales, pero ninguna especializada en el campo histórico.

Lizbhet Peña: Mi incorporación a Enfoques es relativamente reciente, aunque mi acercamiento al grupo se remonta a mis años como estudiante universitaria. En esa etapa, tuve la oportunidad de participar en un encuentro internacional de historiadores organizado por ellos, evento que destacaba por su rigor académico y por la diversidad de temáticas abordadas, especialmente por el uso de fuentes documentales regionales. Aquella experiencia, donde se compartían y debatían perspectivas críticas, se me quedó grabada no solo como un recuerdo estimulante, sino como referente de una discusión histórica que se construye de manera colectiva y descentralizada. Fue precisamente esa capacidad de generar diálogos significativos y visibilizar investigaciones fuera del circuito limeño lo que motivó mi interés por sumarme formalmente al proyecto años después.

CS: ¿Quiénes integran hoy el Centro Enfoques?

Edgar Villafuerte: La generación pionera fue la de los estudiantes que crearon la institución, entre ellos Santiago Loayza, Dizzy Choque Romero, Cristian Cusi Tejada, Walter Flores Jiménez, José Luis Peña Cahuata, quien, lamentablemente, ya no forma parte del colectivo. Luego, como ya conté, nos sumamos nosotros, los que estábamos a cargo de la revista Riqch’ariy. Después, a partir de 2020, se integraron Lisbeth Cusicuna, Yumi Llamacponca y Lizbhet Peña.

Cada uno tiene su línea de trabajo. Yumi estudia la música colonial. Ángela se especializa en la historia eclesiástica virreinal y la historia del arte. Santiago trabaja la historia cultural del Cusco del siglo XX. Walter antes exploraba el tema de las chicherías, luego pasó a los procesos de la independencia regional. Lizbhet Peña opta por la historia del cine. Cristian y Dizzy han estado con temas de la historia republicana. Yo trabajo, junto con Ángela, la historia eclesiástica, y también la historia de gestión cultural y defensa del patrimonio, sobre todo del legado audiovisual y fotográfico, en el contexto cusqueño. Roberto Ojeda es más amplio: abarca una variedad de temas, desde la arqueología cusqueña y los incas, pasando por sucesos coloniales, como la rebelión de los hermanos Angulo, hasta temas contemporáneos, como la historia de género en el Cusco, y lo hace de manera destacada.

Roberto Ojeda: A estos nombres hay que agregar el de Johann Pérez, quien también se dedica a la historia cultural, especialmente al tema de los espectáculos públicos en el Cusco; a Lisbeth Cusicuna, quien ha hecho trabajos sobre la colonia y la república. Varios colegas se han especializado y han hecho maestrías. La idea del grupo es tener la mirada más amplia posible sobre la historia.

CS: ¿Con qué instituciones ha establecido alianzas el Centro Enfoques?

Edgar Villafuerte: Estamos tendiendo lazos de acuerdo con los temas que abordamos, particularmente en el campo de la historia regional. Por ejemplo, nos hemos enfocado en la historia de la fotografía y la conservación de archivos fotográficos y audiovisuales. Siguiendo esta línea, hemos trabajado con la Fototeca Andina del Centro Bartolomé de Las Casas, el archivo de César Vivanco Luna, el archivo de Juan Rolando Nishiyama, la colección fotográfica del Museo Histórico Regional Casa Garcilaso, la colección fotográfica de la DDC Cusco y la colección de Saúl Salas, quien heredó el acervo de su padre, el fotógrafo David Salas, con imágenes desde mediados del siglo XX. Estas colaboraciones nos han permitido no solo acumular fuentes relevantes para nuestra investigación, sino también identificar de primera mano el lamentable estado de abandono en que se encuentran muchos archivos en la región del Cusco. Nos permitieron ver la imperiosa necesidad de revertir esta situación mediante gestión cultural, lo que resulta crucial para evitar la pérdida irreversible de este patrimonio visual y de la memoria colectiva cusqueña. Consideramos la fotografía una fuente histórica fundamental que trasciende su función ilustrativa, constituyéndose en un testimonio que reconstruye procesos históricos, y que por ello merece ser investigada a profundidad y, sobre todo, preservada.

Entre las instituciones con las que trabajamos de manera constante destacan la Universidad Nacional Mayor de San Marcos —específicamente su Facultad de Ciencias Sociales— con investigadores como Juan Carlos La Serna, David Velásquez, Víctor Arrambide, Cristóbal Aljovín de Losada y Marina Zuloaga Rada. Con ellos hemos coorganizado eventos, y muchos de ellos forman parte del consejo editorial de la revista Riqch’ariy. Otro vínculo fundamental es el Centro y Archivo Luis E. Valcárcel, dirigido por su nieto Fernando Brugué Valcárcel, quien nos abrió las puertas y facilitó el acceso a este valioso repositorio. Para la organización de eventos como el Bicentenario del Sur Andino (2022), establecimos alianzas estratégicas con la Facultad de Letras de la PUCP, gracias al apoyo de la historiadora Claudia Rosas. En el ámbito editorial, hemos colaborado con la Universidad de San Marcos y el Ministerio de Cultura, tanto en Cusco como en Lima. A nivel internacional, hemos establecido colaboración con la Universidad Jaime I de Castellón, a través del historiador Manuel Chust, y con la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, ambas en España.

CS: ¿Qué temas resaltan y priorizan ustedes en su trabajo?

Roberto Ojeda: En muchos casos, los temas surgen de las coyunturas y necesidades que nos plantea la sociedad. Por ejemplo, el Bicentenario de la Independencia nacional nos impulsó a organizar un simposio internacional virtual en 2022, donde logramos convocar a diversos investigadores locales, nacionales e internacionales, para conversar sobre la Independencia vista desde el sur del Perú y el Cusco. También hay muchos temas relacionados con la historia cultural, porque poseen una gran relevancia para la historia del Cusco, sobre todo la historia del turismo, de las industrias culturales y de la gestión cultural.  

Edgar Villafuerte: Cuando nos estábamos graduando de la universidad, se decía que la historiografía cusqueña se centraba en los incas. Si bien no éramos ajenos a esta temática, considerábamos necesario impulsar el conocimiento de la historia más reciente y visibilizar las fuentes existentes sobre ella. Se considera que el epicentro de la búsqueda de información en el Cusco es el Archivo Regional, pero también existen otros archivos y tipos de fuentes de gran valor, como el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal del Cusco y, especialmente, el Archivo Central de la Dirección Desconcentrada de Cultura del Cusco. Estos repositorios son fundamentales para el estudio de las instituciones e iniciativas de gestión cultural regional a lo largo del siglo XX, ya que en sus fondos se acopian expedientes de la Oficina de Turismo y Propaganda del Concejo Provincial del Cusco, el Museo Arqueológico de la Universidad, el Instituto Arqueológico del Cusco, el Patronato Departamental de Arqueología del Cusco, así como de las sedes departamentales de la Casa de la Cultura del Perú y el Instituto Nacional de Cultura. La Biblioteca Central de la Universidad de San Antonio Abad posee colecciones bibliográficas y hemerográficas sumamente importantes, donde nuestro colega Johann Pérez realizó un trabajo de catalogación e inventario como parte de su tesis de licenciatura.

Con el tiempo, fuimos acumulando y expandiendo nuestro acervo de fuentes, incorporando materiales poco convencionales como fotografías, postales, registros fílmicos y documentos sonoros. Estos recursos nos permitieron identificar temas relevantes de la historia cultural —inseparable de la dimensión social—, dando origen a líneas de investigación sobre la historia del turismo, la gestión cultural, la institucionalización del patrimonio y las industrias culturales, entre otros. Estos temas han sido progresivamente presentados y debatidos en nuestros eventos, y finalmente dieron pie a publicaciones tanto en revistas de alto impacto internacional como en libros editados por miembros de nuestra asociación.

Lizbhet Peña: En ocasiones, la elección de nuestros temas de investigación responde a encargos específicos, lo que nos impulsa a ampliar la búsqueda hacia archivos inexplorados. Este proceso, a su vez, genera nuevas preguntas y abre líneas de investigación no previstas. Esa dinámica nos ha permitido manejar de manera comparativa fuentes de diversa naturaleza e incorporar temas originalmente ajenos a nuestra agenda. Por ejemplo, aunque mi especialidad es la historia cultural —específicamente la historia del cine en el Cusco—, recientemente recibí el encargo de investigar documentación colonial sobre la ocupación inca en el valle del Cusco. Esta experiencia amplió mi panorama investigativo al trabajar con fondos documentales como los protocolos notariales de los siglos XVI y XVII, y me exigió dominar la paleografía. Resulta enriquecedor y aleccionador, pero, sobre todo, me ha permitido evitar el encasillamiento temático y explorar diversas aproximaciones metodológicas dentro de la ciencia histórica.

CS: ¿Cuál es la importancia de la historia regional?

Roberto Ojeda: Es crucial tener miradas diversas de la historia desde distintas localidades. Cada territorio tiene sus particularidades que se pierden cuando se toma en cuenta solo el punto de vista de la historia nacional a partir de los estados-nación existentes. Por eso priorizamos la historia regional, tanto de Cusco como de otros lugares, colaborando con nuestros colegas de diferentes geografías. Nos ayuda a borrar las fronteras artificiales actuales que separan territorios antes unidos. Por otro lado, nos permite distinguir la diversidad regional: el Sur Andino es distinto del Norte y del Centro. Una región aparte es la Amazonía, que también tiene matices propios. Incluso dentro de nuestra propia región hay muchas variaciones locales.

Edgar Villafuerte: Quisiera mencionar el tema de la producción historiográfica regional. A inicios del siglo XX, con la “generación La Sierra”, vino un auge de producción historiográfica, no del tipo de investigación que se hace ahora sino más de corte ensayístico. Le siguieron los avances de la arqueología y la antropología. Pero en las últimas décadas del siglo XX ese impulso parece haberse agotado. Tal vez, eso se ha debido a la excesiva politización. La actividad intelectual se quedó refugiada en las instituciones no gubernamentales, tales como el Centro Bartolomé de Las Casas o el Instituto Pastoral Andina, vinculadas con intelectuales foráneos. Su aporte fue significativo, pero la producción historiográfica propia en Cusco disminuyó notablemente. Hemos tratado de revertir esa situación.  

Lizbhet Peña: Nuestro interés por la historia regional surge de la identificación de vacíos historiográficos y de la necesidad urgente de descentralizar el conocimiento en el Perú. En cuanto al primer aspecto, existen, por ejemplo, temas como la participación del Colegio de Ciencias en la Guerra del Pacífico, el aporte de la escuela de cine del Cusco o el surgimiento de la industria textil regional, que exigen una mayor profundización y cuya exploración enriquecería tanto la comprensión de los procesos locales como la visión integral del pasado del sur andino y de todo el país. Respecto al segundo punto, desde Enfoques hemos avanzado significativamente con la creación de la revista Riqch’ariy, concebida precisamente para dar cabida a temas regionales y fomentar una nueva generación de investigadores locales. La historia regional peruana no es un mero complemento de la narrativa nacional, sino constituye la base fundamental para construir una perspectiva más justa, compleja y representativa de la nación. Sin ella, el relato del Perú permanecería incompleto y profundamente sesgado.

CS: Cuéntennos sobre la revista Riqch’ariy.

Roberto Ojeda: En 2005 un grupo de estudiantes decidimos sacar un boletín con nuestros trabajos. Fue entonces cuando nació el nombre Riqch’ariy, que significa “despertar” en quechua. La idea era que la investigación ayudara a despertar la conciencia y fomentara el debate, especialmente en nuestra casa de estudios, la UNSAAC. Esta aventura editorial-académica duró varios años, durante los cuales logramos publicar varios números del boletín. En 2012 Riqch’ariy se integró en la serie Cuadernos de Investigación Universitaria del Vicerrectorado de Investigación de la UNSAAC, y eso nos permitió hacer nuevos contactos y combinar trabajos de estudiantes con los de investigadores reconocidos.

Cuando llegó la pandemia, vimos una posibilidad en la tecnología digital y empezamos a publicar la revista en formato virtual, a través de una página web. Colegas de otras universidades nos apoyaron con consejos y artículos; además, se sumaron a nuestro consejo editorial, que llegó a integrar a diversos investigadores peruanos y peruanistas, dándole un nuevo impulso a la revista. Hoy la revista está indexada, y eso le otorga un mayor peso y seriedad. Hacemos revisión de pares ciegos y sacamos dos números anuales, según exige la indexación. Publicamos artículos de investigación, documentos, entrevistas y reseñas de libros. La revista está abierta a ciencias sociales en general, pero su cauce principal sigue siendo la historia.

El formato digital ayuda mucho a sostener y distribuir la revista. Los costos de impresión representan una gran dificultad para una edición de este tipo. Una página web también tiene un costo, pero es menor que el de una publicación impresa. Podemos permitirnos la cantidad de páginas que queremos y tener todas las ilustraciones a color. Por otro lado, una revista digital se vuelve accesible a un público más amplio en cualquier zona del país y cualquier parte del mundo y, además, llega concretamente al sector interesado en su temática.

Edgar Villafuerte: Cuando éramos estudiantes en la década del 2000, Roberto Ojeda, Ángela Concha y yo participamos en un evento organizado por la carrera de Historia de la Universidad de San Antonio. Casi todos los especialistas invitados eran externos, procedentes de Lima, Arequipa y otras ciudades. Durante el encuentro, varios de ellos cuestionaron abiertamente por qué en el Cusco no se escribía, llegando a afirmar que los historiadores cusqueños parecíamos “ágrafos”. Esa observación me impactó profundamente. Si bien era cierto que en ese momento no se producían tantos escritos académicos locales, la actividad intelectual no había cesado por completo. De hecho, Roberto Ojeda en aquel momento ya escribía y publicaba con regularidad. Frente a esa mirada negativa, predominantemente limeña, el proyecto Riqch’ariy surgió como una respuesta concreta y un acto de reivindicación de nuestra producción historiográfica.

A partir de 2017, al juntarse con Enfoques, Riqch’ariy adquirió un nuevo impulso. Notamos que la virtualidad era la herramienta correcta. La revista se volvió más formal y rigurosa. Desde 2020 sale de manera ininterrumpida hasta el día de hoy. Tiene un consejo editorial compuesto de académicos locales, nacionales y extranjeros. Está indexada en Latindex, DOAJ (Directory of Open Access Journals), Latin REV (Red Latinoamericana de Revistas en Ciencias Sociales) y ROAD (Directory of Open Access Scholarly Resources). Si bien su influencia se concentra de manera notable en el contexto peruano y andino, la revista ha alcanzado una proyección latinoamericana creciente, como lo demuestra la recepción de artículos provenientes de países como Colombia, Nicaragua, Argentina y Brasil. Su misma existencia constituye un logro destacable: ha mantenido una periodicidad estable, logrado congregar a investigadores consagrados y emergentes, y se ha consolidado como un foro interesante para el debate sobre temas como la pintura rupestre, la arqueología cusqueña, la época inca, el período colonial, los movimientos sociales del sur del Perú, y las intersecciones entre la historia, la memoria y la historiografía en el ámbito contemporáneo. Su importancia trasciende las métricas convencionales de impacto internacional y radica, más bien, en su papel fundamental para la descentralización del conocimiento académico y la consolidación de una comunidad crítica de científicos sociales en el sur del Perú.

CS: ¿Qué proyecciones tiene el Centro Enfoques a un futuro próximo?

Lizbhet Peña: Nuestro compromiso fundamental se articula en dos ejes importantes: primero, profundizar en la investigación histórica con rigor metodológico y enfoques innovadores que pongan en valor las fuentes regionales; y segundo, fomentar el pensamiento crítico desde el Cusco, no como un ejercicio académico aislado, sino como una herramienta para repensar nuestra realidad social y cultural. En ese sentido, aspiramos a ser más que un centro de investigación; buscamos convertirnos en un espacio de formación y diálogo intergeneracional que impacte en la comunidad académica y en la sociedad.

Creemos que Enfoques representa un ejemplo alentador entre de las nuevas organizaciones que surgen desde la universidad en el Cusco, demostrando que es posible crear plataformas autónomas y sostenibles dedicadas a la producción del conocimiento. Es gratificante observar cómo nuestras iniciativas —y en especial la revista Riqch’ariy— han servido como referentes para que otros estudiantes se organicen y lancen sus propias publicaciones. Este fenómeno no solo refleja un cambio en las prácticas investigativas, sino también un reclamo tácito por una historiografía más diversa, inclusiva y conectada con las urgencias de cada territorio concreto.

Roberto Ojeda: Pienso que nuestro principal reto actual es seguir con la revista y darle continuidad, hacer que crezca en contenido y calidad. También queremos seguir haciendo actividades como las que ya hemos hecho: simposios, seminarios, cursos y talleres, para contribuir con las nuevas generaciones y alimentar el debate público sobre temas históricos y culturales.

Edgar Villafuerte: Uno de los grandes proyectos que teníamos desde nuestros inicios, además de la revista, ha sido tener un fondo editorial propio de Enfoques. En Cusco no existen muchas casas editoriales que se ocupan de estos temas. Se podrían nombrar Ceques Editores, el CBC y los fondos editoriales de la UNSAAC y la Universidad Andina. Sería estupendo sumar un nuevo fondo editorial, con el objetivo de potenciar la circulación del conocimiento local y consolidar un espacio editorial autónomo que haga audibles las voces del Cusco, aunque somos conscientes de que sería complejo hacerlo económicamente sostenible.

Además, tenemos planes para el próximo año de realizar un simposio internacional sobre la historia del turismo, que estaba programado para el período 2021-2022, pero no se llevó a cabo. Ahora pensamos reactivar la idea. A mediano plazo, seguiremos avanzando con las investigaciones de los procesos de evangelización en el ámbito surandino, la evolución del patrimonio arquitectónico, el desarrollo de los espectáculos públicos, la gestión cultural cusqueña y la preservación de archivos y materiales audiovisuales y fotográficos. Estas líneas de acción reflejan el firme compromiso de Enfoques con el impulso sostenido de la investigación histórica y cultural en la región, reafirmando su rol como dinamizador del pensamiento crítico y la divulgación académica.

Lizbhet Peña: Me gustaría extender una cordial invitación a todas las personas que aún no han tenido la oportunidad de conocer la revista Riqch’ariy a que exploren sus contenidos, disponibles en línea y de acceso gratuito, donde encontrarán investigaciones originales, debates metodológicos y reflexiones críticas centradas en la historia y las ciencias sociales, especialmente sobre el sur andino peruano. Quisiera convocar a los especialistas en ciencias sociales —historiadores, antropólogos, arqueólogos, sociólogos, entre otros— a que contribuyan con sus aportes enviando artículos inéditos, entrevistas a referentes académicos o reseñas de publicaciones recientes, con el fin de enriquecer el diálogo interdisciplinario y consolidar este espacio como una plataforma de divulgación científica descentralizada e inclusiva.

Roberto Ojeda: Agradezco esta entrevista y el interés por nuestro trabajo y me sumo a la invitación a que lean nuestra revista Riqch’ariy.  

Visiten la web del Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques (CCIHE): https://enfoquescusco.wordpress.com/

Lean y descarguen la revista Riqch’ariy: https://revistariqchariy.com/

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