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Juan Rolando Nishiyama Andrade (1947-2026), pasión de una vida
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El 25 de febrero nos dejó Rolando Nishiyama, un personaje polifacético, querido y recordado en el Cusco, cuya vida tuvo múltiples y estrechos lazos con el mundo cinematográfico y el ámbito de la fotografía. En este breve ensayo, le rinden un afectuoso homenaje sus hijos, quienes han heredado la labor de Rolando y su sensibilidad por el arte y la memoria visual.

Juan Rolando Nishiyama Andrade nació en 1947, su vida estuvo predestinada para la observación del mundo a través del lente. Su vínculo con el cine y la fotografía no fue una elección, sino un compromiso que comenzó a sellarse de forma dramática a los tres años. En 1950, mientras la tierra se sacudía en el Cusco, Rolando descubría el mundo desde el refugio del brazo de su padre Eulogio Nishiyama Gonzales. En aquel instante eterno de caos, su padre Eulogio sostenía con una mano a su hijo y con la otra capturaba el dolor de una ciudad en ruinas. Así, entre los escombros y la mirada artística de su progenitor, Rolando inició su propio camino, amalgamando su historia personal con la memoria audiovisual de su tierra.

Su existencia estuvo, desde su albor, íntimamente ligada al arte de la luz y el tiempo. Rolando fue hijo primogénito del célebre cineasta y fotógrafo cusqueño Eulogio Nishiyama Gonzales, de quien heredó la pasión por estas artes, para convertirse, al igual que él, en un gran entusiasta y difusor de la imagen en su querida ciudad del Cusco. Rolando no solo heredó un apellido, sino una vocación profunda, dedicando su vida a preservar y promover la identidad audiovisual de los Andes y a resguardar el patrimonio de su familia.

FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN PROFESIONAL

Entre los años 1970 y 1973, Juan Rolando inició su camino profesional realizando sus prácticas en el Canal 13 de Lima, un medio televisivo educativo, donde se desempeñó como camarógrafo de estudio en circuito cerrado. Esta etapa marcó el inicio de una carrera técnica sólida que lo llevaría de regreso a su tierra natal en 1977. Al volver al Cusco, inició su propio taller de reparación electrónica, un espacio que se volvió un referente para la época. Allí puso su destreza al servicio de aficionados y profesionales, encargándose del mantenimiento y reparación de una gran variedad de equipos fotográficos.

Su labor fue vital para la exhibición cinematográfica local, ya que era el responsable de mantener operativos los proyectores de los cines más emblemáticos de la ciudad: Cine Colón, Cine Ollanta, Cine Garcilaso, Cine Amauta, Cine Victoria y Cine Cusco, brindándoles siempre el soporte técnico necesario para que la magia de la pantalla grande no se detuviera.

SU LEGADO EN EL CINE NACIONAL

Más allá de su labor técnica en talleres y salas de cine, Rolando participó activamente en la producción cinematográfica. Entre 1975 y 1976, trabajó codo a codo con su padre, Eulogio Nishiyama, en la emblemática película Yawar Fiesta, donde se desempeñó como asistente técnico en iluminación y efectos especiales. Años más tarde, en 1979, volvió a colaborar con Eulogio Nishiyama como sonidista en el documental Una ventana hacia el futuro, filmado en el departamento de Madre de Dios para el Ministerio de Industria y Comercio.

Su talento y versatilidad lo llevaron a trabajar junto a figuras importantes del cine peruano como Jorge Vignati, Luis Figueroa Yábar y César "el Maestrito" Cáceres. Rolando aportó su experiencia en diversos documentales realizados en el Cusco, destacándose especialmente en las áreas de iluminación y sonido, siendo una pieza crucial para el desarrollo del cine regional.

MADUREZ PROFESIONAL Y EL REGRESO AL ARTE

A finales de la década de los setenta y durante los ochenta, Juan Rolando consolidó su prestigio en las grandes producciones del cine nacional. En 1979, colaboró con el cineasta Federico García en la película Laulico, donde se encargó de los efectos especiales y la asistencia técnica. Esta experiencia lo llevó a integrar, en 1984, el equipo técnico de la histórica película Túpac Amaru, también dirigida por García, desempeñando funciones similares con gran destreza.

Durante la década de los 80, trabajó incansablemente junto a su padre en la producción de diversos documentales en formato VHS, labor que mantuvo hasta 1989. Tras una etapa de estadía en Japón entre 1990 y 1994, Rolando regresó a su tierra con una nueva inquietud artística: la pintura en acuarela. De forma autodidacta, comenzó a plasmar su sensibilidad en el color, explorando una faceta creativa más personal.

GUARDIÁN DEL LEGADO NISHIYAMA

El año 1996 marcó un punto de quiebre en su vida con el fallecimiento de su padre, a la edad de 75 años. Como hijo mayor, Rolando asumió con honor y total entrega la responsabilidad de preservar y custodiar el Archivo Cinematográfico y Fotográfico de Eulogio Nishiyama. A lo largo de treinta años, se dedicó con paciencia y rigor a la recuperación, catalogación y restauración de este valioso material, asegurando que el trabajo artístico de Eulogio Nishiyama no se perdiera en el tiempo.

Sin embargo, su labor no se limitó a cuidar el pasado. Por cuenta propia, motivado por su amor al Cusco, al igual que su padre, documentó las principales festividades de la ciudad desde el año 2005 hasta la actualidad, el 2026. A través de este registro personal, Rolando continuó la tradición familiar de capturar el alma y el folclore de su pueblo, registrando en su lente un testimonio invaluable de la cultura viva cusqueña para las futuras generaciones.

GESTOR INCANSABLE DE LA MEMORIA

En el año 2022, con la firme visión de profesionalizar la conservación del legado familiar, Juan Rolando fundó la Filmoteca Eulogio Nishiyama. Esta iniciativa fue el motor que le permitió, en 2023, con apoyo del Ministerio de Cultura, iniciar el proceso de restauración del Archivo Filmográfico de Eulogio Nishiyama y la preservación de su material audiovisual. Gracias a este reconocimiento y a su incansable trabajo, en 2024 hizo realidad la gran exposición biográfica Eulogio Nishiyama: Cineasta Cusqueño en el emblemático Museo del Convento de Santo Domingo, antiguo Templo del Qorikancha.

Su mayor orgullo, sin lugar a duda, fue el de restaurar y volver a proyectar después de más de cincuenta años el trabajo de su padre Eulogio Nishiyama, pionero del cine cusqueño. Esta muestra fue recibida con una enorme acogida por parte de la población, logrando que las imágenes del pasado volvieran a los ojos de quienes las inspiraron. Además de estas grandes metas, Rolando organizó y participó en múltiples exposiciones, muestras cinematográficas, entrevistas y conversatorios, convirtiéndose en el principal vocero y difusor del cine y la obra de su padre.

IMPULSOR DE NUEVOS ESPACIOS

El compromiso de Juan Rolando con el arte no se detuvo en el archivo histórico. Desde el año 2023, fue miembro fundador, impulsor y vicepresidente del proyecto Cine Club Cusco, promoviendo y dinamizándolo junto con su amigo y colega Ramiro Moreyra. Bajo su guía, este espacio se convirtió en un centro de reunión para el cine y la música, donde se realizan proyecciones de cortometrajes y documentales acompañadas de interpretaciones musicales en vivo de maestros locales. Con este proyecto, se logró revitalizar la escena fílmica y artística cusqueña, creando un lugar donde los nuevos talentos y los artistas consagrados pueden compartir y difundir su trabajo.

UN LEGADO QUE PERDURA

Juan Rolando Nishiyama Andrade fue, ante todo, un hombre de una sensibilidad excepcional, de mucha paciencia, tranquilidad contagiante y generosidad inagotable. Dedicó su vida a ser un puente entre el pasado y el presente, asegurándose de que la historia audiovisual del Cusco no quedara en el olvido. Su partida el 25 de febrero de 2026 deja un vacío profundo en su familia y en la comunidad artística, pero su obra permanece viva.

Hoy, su memoria habita en cada fotograma recuperado, en cada pincelada de sus acuarelas y en el espíritu del Cine Club Cusco que con tanto entusiasmo ayudó a refundar. Rolando no solo custodió el archivo de su padre; construyó su propio camino como un guardián de la identidad cusqueña, enseñándonos que la mejor forma de honrar nuestras raíces es compartiéndolas con el mundo. Su luz, al igual que la de las películas que tanto amó, seguirá atravesando el tiempo, viva por siempre en la memoria de los que lo recordamos con amor filial, admiración, dulzura y cariño.

Texto: Bernardo E. Nishiyama Saavedra y Ran Nishiyama Saavedra

Fotos: cortesía de la familia Nishiyama Saavedra y archivo de Cusco Social.

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