El 25 de febrero nos
dejó Rolando Nishiyama, un personaje polifacético, querido y recordado en el
Cusco, cuya vida tuvo múltiples y estrechos lazos con el mundo cinematográfico
y el ámbito de la fotografía. En este breve ensayo, le rinden un afectuoso homenaje
sus hijos, quienes han heredado la labor de Rolando y su sensibilidad por el
arte y la memoria visual.
Juan Rolando Nishiyama Andrade nació en
1947, su vida estuvo predestinada para la observación del mundo a través del
lente. Su vínculo con el cine y la fotografía no fue una elección, sino un compromiso
que comenzó a sellarse de forma dramática a los tres años. En 1950, mientras la
tierra se sacudía en el Cusco, Rolando descubría el mundo desde el refugio del
brazo de su padre Eulogio Nishiyama Gonzales. En aquel instante eterno de caos,
su padre Eulogio sostenía con una mano a su hijo y con la otra capturaba el
dolor de una ciudad en ruinas. Así, entre los escombros y la mirada artística
de su progenitor, Rolando inició su propio camino, amalgamando su historia
personal con la memoria audiovisual de su tierra.
Su existencia
estuvo, desde su albor, íntimamente ligada al arte de la luz y el tiempo. Rolando
fue hijo primogénito del célebre cineasta y fotógrafo cusqueño Eulogio
Nishiyama Gonzales, de quien heredó la pasión por estas artes, para convertirse,
al igual que él, en un gran entusiasta y difusor de la imagen en su querida
ciudad del Cusco. Rolando no solo heredó un apellido, sino una vocación
profunda, dedicando su vida a preservar y promover la identidad audiovisual de
los Andes y a resguardar el patrimonio de su familia.
FORMACIÓN Y
CONSOLIDACIÓN PROFESIONAL
Entre los
años 1970 y 1973, Juan Rolando inició su camino profesional realizando sus
prácticas en el Canal 13 de Lima, un medio televisivo educativo, donde se
desempeñó como camarógrafo de estudio en circuito cerrado. Esta etapa marcó el
inicio de una carrera técnica sólida que lo llevaría de regreso a su tierra
natal en 1977. Al volver al Cusco, inició su propio taller de reparación
electrónica, un espacio que se volvió un referente para la época. Allí puso su
destreza al servicio de aficionados y profesionales, encargándose del
mantenimiento y reparación de una gran variedad de equipos fotográficos.
Su labor fue
vital para la exhibición cinematográfica local, ya que era el responsable de
mantener operativos los proyectores de los cines más emblemáticos de la ciudad:
Cine Colón, Cine Ollanta, Cine Garcilaso, Cine Amauta, Cine Victoria y
Cine Cusco, brindándoles siempre el soporte técnico necesario para que la
magia de la pantalla grande no se detuviera.
SU LEGADO EN
EL CINE NACIONAL
Más allá de
su labor técnica en talleres y salas de cine, Rolando participó activamente en
la producción cinematográfica. Entre 1975 y 1976, trabajó codo a codo con su
padre, Eulogio Nishiyama, en la emblemática película Yawar Fiesta, donde
se desempeñó como asistente técnico en iluminación y efectos especiales. Años
más tarde, en 1979, volvió a colaborar con Eulogio Nishiyama como sonidista en
el documental Una ventana hacia el futuro, filmado en el departamento de
Madre de Dios para el Ministerio de Industria y Comercio.
Su talento y
versatilidad lo llevaron a trabajar junto a figuras importantes del cine
peruano como Jorge Vignati, Luis Figueroa Yábar y César "el Maestrito"
Cáceres. Rolando aportó su experiencia en diversos documentales realizados en
el Cusco, destacándose especialmente en las áreas de iluminación y sonido, siendo
una pieza crucial para el desarrollo del cine regional.
MADUREZ
PROFESIONAL Y EL REGRESO AL ARTE
A finales de
la década de los setenta y durante los ochenta, Juan Rolando consolidó su
prestigio en las grandes producciones del cine nacional. En 1979, colaboró con
el cineasta Federico García en la película Laulico, donde se encargó de
los efectos especiales y la asistencia técnica. Esta experiencia lo llevó a
integrar, en 1984, el equipo técnico de la histórica película Túpac Amaru,
también dirigida por García, desempeñando funciones similares con gran
destreza.
Durante la
década de los 80, trabajó incansablemente junto a su padre en la producción de
diversos documentales en formato VHS, labor que mantuvo hasta 1989. Tras una
etapa de estadía en Japón entre 1990 y 1994, Rolando regresó a su tierra con
una nueva inquietud artística: la pintura en acuarela. De forma autodidacta,
comenzó a plasmar su sensibilidad en el color, explorando una faceta creativa
más personal.
GUARDIÁN DEL
LEGADO NISHIYAMA
El año 1996
marcó un punto de quiebre en su vida con el fallecimiento de su padre, a la
edad de 75 años. Como hijo mayor, Rolando asumió con honor y total entrega la
responsabilidad de preservar y custodiar el Archivo Cinematográfico y
Fotográfico de Eulogio Nishiyama. A lo largo de treinta años, se dedicó con
paciencia y rigor a la recuperación, catalogación y restauración de este
valioso material, asegurando que el trabajo artístico de Eulogio Nishiyama no
se perdiera en el tiempo.
Sin embargo,
su labor no se limitó a cuidar el pasado. Por cuenta propia, motivado por su
amor al Cusco, al igual que su padre, documentó las principales festividades de
la ciudad desde el año 2005 hasta la actualidad, el 2026. A través de este
registro personal, Rolando continuó la tradición familiar de capturar el alma y
el folclore de su pueblo, registrando en su lente un testimonio invaluable de
la cultura viva cusqueña para las futuras generaciones.
GESTOR
INCANSABLE DE LA MEMORIA
En el año
2022, con la firme visión de profesionalizar la conservación del legado
familiar, Juan Rolando fundó la Filmoteca Eulogio Nishiyama. Esta iniciativa
fue el motor que le permitió, en 2023, con apoyo del Ministerio de Cultura,
iniciar el proceso de restauración del Archivo Filmográfico de Eulogio
Nishiyama y la preservación de su material audiovisual. Gracias a este
reconocimiento y a su incansable trabajo, en 2024 hizo realidad la gran
exposición biográfica Eulogio Nishiyama: Cineasta Cusqueño en el
emblemático Museo del Convento de Santo Domingo, antiguo Templo del Qorikancha.
Su mayor orgullo,
sin lugar a duda, fue el de restaurar y volver a proyectar después de más de cincuenta
años el trabajo de su padre Eulogio Nishiyama, pionero del cine cusqueño. Esta
muestra fue recibida con una enorme acogida por parte de la población, logrando
que las imágenes del pasado volvieran a los ojos de quienes las inspiraron.
Además de estas grandes metas, Rolando organizó y participó en múltiples
exposiciones, muestras cinematográficas, entrevistas y conversatorios,
convirtiéndose en el principal vocero y difusor del cine y la obra de su padre.
IMPULSOR DE
NUEVOS ESPACIOS
El compromiso
de Juan Rolando con el arte no se detuvo en el archivo histórico. Desde el año
2023, fue miembro fundador, impulsor y vicepresidente del proyecto Cine Club
Cusco, promoviendo y dinamizándolo junto con su amigo y colega Ramiro
Moreyra. Bajo su guía, este espacio se convirtió en un centro de reunión para
el cine y la música, donde se realizan proyecciones de cortometrajes y
documentales acompañadas de interpretaciones musicales en vivo de maestros
locales. Con este proyecto, se logró revitalizar la escena fílmica y artística
cusqueña, creando un lugar donde los nuevos talentos y los artistas consagrados
pueden compartir y difundir su trabajo.
UN LEGADO QUE
PERDURA
Juan Rolando
Nishiyama Andrade fue, ante todo, un hombre de una sensibilidad excepcional, de
mucha paciencia, tranquilidad contagiante y generosidad inagotable. Dedicó su
vida a ser un puente entre el pasado y el presente, asegurándose de que la
historia audiovisual del Cusco no quedara en el olvido. Su partida el 25 de
febrero de 2026 deja un vacío profundo en su familia y en la comunidad
artística, pero su obra permanece viva.
Hoy, su
memoria habita en cada fotograma recuperado, en cada pincelada de sus acuarelas
y en el espíritu del Cine Club Cusco que con tanto entusiasmo ayudó a
refundar. Rolando no solo custodió el archivo de su padre; construyó su propio
camino como un guardián de la identidad cusqueña, enseñándonos que la mejor
forma de honrar nuestras raíces es compartiéndolas con el mundo. Su luz, al
igual que la de las películas que tanto amó, seguirá atravesando el tiempo, viva
por siempre en la memoria de los que lo recordamos con amor filial, admiración,
dulzura y cariño.
Texto: Bernardo
E. Nishiyama Saavedra y Ran Nishiyama Saavedra
Fotos:
cortesía de la familia Nishiyama Saavedra y archivo de Cusco Social.