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El Domingo de Ramos en Cusco y alrededor del mundo
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Domingo de Ramos es el día que marca el inicio de la Semana Santa en la tradición católica y en la mayoría de otras vertientes del cristianismo. En el calendario religioso, conmemora la fecha de la entrada de Jesucristo a la ciudad de Jerusalén.

La estadía del Hijo de Dios en la capital de Judea fue breve. Después de la expulsión de los mercaderes del templo y unos pocos días de enseñanzas, ya el jueves de la misma semana, después de la Última Cena, fue arrestado en el Jardín de Getsemaní, para ser enjuiciado y ejecutado al día siguiente. Las grandes urbes ya en aquellos tiempos eran poco amigables hacia los migrantes con ideas inusuales. “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!” (Lc. 13, 34)

Sin embargo, el día de la entrada a Jerusalén, previa a los trágicos sucesos, es una fecha alegre y festiva. La describen de una manera parecida los cuatro Evangelios, como un momento celebratorio. He aquí lo que dice el Evangelio de Mateo:

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto». Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea». (Mt. 21, 1-11)

Representaciones de este episodio bíblico son conocidas en el arte europeo desde los tiempos del Imperio Romano hasta la época actual. Generalmente la escena formaba parte de series pictóricas sobre la vida de Jesucristo, aunque también existen cuadros autónomos, dedicados exclusivamente a este tema.

Por lo general, Jesús es representado montado en una borrica (a veces acompañada de su pollino, como lo cuenta San Mateo), acercándose a las puertas de Jerusalén. Le siguen sus discípulos, en muchos casos portando palmas y ramas de olivo en las manos. En la puerta lo reciben con algarabía los pobladores de la ciudad y, a veces, están presentes los sacerdotes, quienes lo miran con recelo. Algunos vecinos de Jerusalén se quitan los mantos y otras prendas de ropa para cubrir con ellas el camino ante el Mesías. En muchas imágenes aparecen personas subidas a los árboles, mayormente palmeras u olivos, para cortar ramas y hojas, que otros asistentes igualmente ponen sobre la calzada o llevan en las manos.

La obra artística considerada la más antigua, es el sarcófago romano de Junio Baso, prefecto de la ciudad de Roma y cristiano neófito, quien murió en el año 359. Su féretro de mármol con exquisitas tallas se conserva hoy en el Vaticano. Aquí, todavía con la destreza y maestría propias del arte clásico, están representadas en altorrelieve escenas de la vida de Jesús y otros episodios bíblicos, entre ellos una versión sumaria de la entrada a Jerusalén.

Entre las piezas más famosas del arte universal que interpretan esa escena está la del pintor italiano Giotto di Bondone: un fresco en la capilla de los Scrovegni en Padua, de 1305; y la pintura al óleo sobre lienzo del flamenco Anton Van Dyck,  de 1617, hoy en el Museo de Arte de Indianápolis. En Latinoamérica, una versión impresionante de la Entrada a Jerusalén, de grandes dimensiones, creada en 1691 por el pintor novohispano Juan Correa, adorna la Catedral Metropolitana de México.

En el Perú, importantes cuadros del período virreinal con ese tema se pueden encontrar en el Convento de San Francisco de Lima, el Monasterio de Santa Catalina de Arequipa, el Convento de Santa Rosa de Ocopa y el Monasterio de Santa Teresa en Ayacucho.

En la galería de fotos que acompaña este ensayo, hemos reunido una pequeña colección de imágenes que muestran diferentes interpretaciones de ese episodio, creadas por artistas en distintas épocas y geografías, desde Europa hasta las Américas e incluso China.

Si nos proponemos buscar en el Cusco obras artísticas que retratan este pasaje bíblico, la primera que hay que mencionar es la virtuosa pintura de Diego Quispe Tito en la iglesia de San Sebastián, un gran lienzo que se ha salvado de las llamas del nefasto incendio de 2016. El cuadro está ubicado en la nave del Evangelio, al lado izquierdo de la entrada principal, junto con otras escenas de la vida de Jesús. Fue creado entre 1634 y 1663 como parte de la serie dedicada a la Pasión de Cristo, especialmente para esta iglesia. Su composición se basa, como muchas otras obras de Quispe Tito, en un grabado flamenco de Jerónimo Wierix, de 1593. El pintor indígena le dio a la escena un giro creativo: el hombre trepado a un árbol, en vez de cortar ramas, saluda a Jesús con su sombrero.

Otra obra, menos diestra y sofisticada en cuanto a su técnica pictórica, pero conmovedora por su frescura, espontaneidad y cantidad de detalles, es un lienzo del siglo XVIII, de un artista cusqueño anónimo, que se conserva en el Museo de Vida Monástica en el Monasterio de Santa Catalina de Cusco. Llama atención la multitud de personajes en la “comitiva” que recibe a Jesucristo, todos con distintas actitudes, gestos y expresiones, y la detallada representación al fondo de la ciudad de Jerusalén, tal como la imaginaba un pintor del sur peruano en aquella época.

En el Cusco de hoy, el Domingo de Ramos es una fiesta a la vez solemne y animada, acompañada de numerosas misas y a veces también de procesiones del Señor de los Ramos. Uno de sus elementos principales son los ramilletes de hojas de palmera y olivo, recuerdos simbólicos de la recepción que se le dio a Jesús en la puerta de Jerusalén. En la Antigua Roma y otras culturas del circuito mediterráneo, las palmas eran emblema de la victoria y el júbilo. Ramas de olivo simbolizaban la paz, la conciliación y la esperanza.

Las palmas del Domingo de Ramos en el Cusco constituyen toda una tradición artesanal, que muy pocas veces se toma en consideración como un rubro autónomo de actividad creativa, porque esas piezas solo se hacen una vez al año, especialmente para la fecha, y porque sus materiales son perecibles. Sin embargo, algunos de esos ramilletes son verdaderas obras de arte. Generalmente, son hojas de palmera recortadas y finamente trenzadas o tejidas. Se arman de ellas unas pequeñas cruces, adornadas con figuras en forma de soles, canastillas, cálices o mazorcas de maíz. Se les agregan ramitas de olivo y romero, cintas de colores, espigas, flores frescas o secas, bayas de color rojo, símbolo de la sangre de Jesucristo, y estampitas en miniatura de algunas de sus advocaciones. Hay quienes añaden ajo, ruda y otras plantas dadoras de protección y riqueza según creencias populares.

Esas palmas, confeccionadas en su mayoría por mujeres, se venden a la entrada de todos los templos. Los feligreses las llevan a la iglesia para ser bendecidas, acto que se desarrolla generalmente desde las primeras horas de la mañana. Después de recibir la bendición, los fieles las llevan a sus casas, donde las palmas permanecen todo el año como portadoras de buena suerte y protección del hogar. Se dice que, una vez secas, no pueden ser simplemente descartadas, sino que deben ser quemadas. Las estampas que forman parte de ellas se conservan y son guardadas con veneración.

Las palmas del Domingo de Ramos, piezas hechas a mano con un toque artístico, no son atributo exclusivo de las costumbres cusqueñas. Tradiciones similares existen en otros lugares del Perú, por ejemplo, en Ayacucho y Arequipa. En el pueblo de Porcón Bajo, cerca de Cajamarca, se hace ese día una multitudinaria procesión de cruces, de más de dos metros de alto, adornadas con estampas de santos, espejos y hojas de palmera (ver aquí).

En otros lugares de Hispanoamérica se puede encontrar prácticas parecidas. Son famosas por su calidad artística las palmas en el pueblo de San Cristóbal Huichochitlán, en Toluca, México, donde su producción está enmarcada en una tradición más amplia de cestería y confección de sombreros (ver aquí). 

Uno se sorprende al encontrar elementos casi idénticos en la celebración de esa fecha en las Islas Filipinas (ver aquí).

Costumbres similares existen hasta el día de hoy en algunos lugares de España. El caso más resonante es la ciudad de Elche, en Valencia, donde el arte de las palmas del Domingo de Ramos ha adquirido una importancia única y un nivel de refinamiento técnico excepcional. Si miramos las imágenes de la procesión del Domingo de Ramos en Elche, veremos unas enormes y extrañas composiciones armadas de plantas de un color blanco amarillento. Los pobladores de Elche han inventado un método especial para decolorar las hojas mientras la planta aún está en crecimiento. Las altas estructuras hechas de esas hojas tejidas de “palma blanca”, con muchos niveles y una infinidad de detalles, se han convertido en un emblema de la ciudad de Elche. Algunas son unas verdaderas piezas escultóricas efímeras. Cada año se hacen competencias artísticas a la mejor palma del Domingo de Ramos, y las obras ganadoras se exhiben para ser apreciadas y admiradas por el público. Vean aquí algunas imágenes de la procesión y aquí un artículo sobre la técnica de “palma blanca”.

No todos los lugares del mundo donde se festeja el Domingo de Ramas tienen la suerte de gozar de un clima cálido y disponer de hojas de palmera y olivo al alcance de la mano. Por ejemplo, en Polonia, un país de profundas raíces católicas, una alternativa a las palmas son impresionantes ramos de espigas, hojas y flores secas o artificiales, teñidas de vivos colores, que no solo hacen alusión a las palmas bíblicas, sino, además, llevan el mensaje de riqueza natural y abundancia agrícola (ver aquí).

En las tradiciones ortodoxas, católicas y protestantes de algunos países del Este y Norte de Europa, en lugar de las palmas se usan las ramas floridas de una variedad de sauce. Sus flores son unos pequeños botones afelpados de color gris, que luego se tornan amarillos. En esas latitudes, la celebración de la Semana Santa cae en una estación fría, cuando aún no se ha derretido la nieve, cuando las plantas aún no han recobrado su vitalidad y verdor después del invierno. Las flores de sauce son las  señales más tempranas de la primavera y la nueva esperanza, que aparecen antes de las primeras hojas primaverales. Por eso poseen una gran carga simbólica y son, en lugar de las palmas, bendecidas en las iglesias, para ser luego llevadas en procesiones religiosas (ver aquí). El Domingo de Ramos se llama en esos países “Domingo de Sauces”.

En el Cusco, el Domingo de Ramos, siendo una fiesta con marcada personalidad propia, es al mismo tiempo la antesala del momento más solemne de la Semana Santa: la procesión del Señor de los Temblores, que ocurre al día siguiente, el Lunes Santo, convocando a miles de personas, tanto a devotos católicos como a todos los apasionados de la cultura y la tradición cusqueña.

Fotos del Domingo de Ramos en Cusco: Vera Tyuleneva.

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