El 29 de marzo, Domingo de Ramos, se realizó la tradicional velada del Señor
de los Temblores por las Hermandades de Ch’ayñas del Brazo Izquierdo y del Brazo
Derecho en la Catedral del Cusco. Los cantos y la música de Ch’ayñas son una muestra
de devoción que representa también la memoria viva, la herencia cultural y una
forma de fe que se transmite de generación en generación.
Detrás de cada canto siempre hay historias personales, aprendizajes
compartidos y, sobre todo, una conexión espiritual con el Taytacha. Cusco
Social estuvo presente durante la velada y conversó con Sonia Ccahuana
Huarancca, presidenta de la Hermandad de Músicos y Ch'ayñas del Señor de los
Temblores - Brazo Izquierdo, y Víctor Flórez Mejía, presidente de la Hermandad
de Músicos, Cantores y Cantoras “Los Ch’ayñas” – Brazo Derecho, quienes nos
abrieron las puertas a sus experiencias, sus recuerdos y los desafíos que
enfrentan para mantener viva esta expresión cultural y la fe que forma parte
esencial de nuestra identidad.
ENTREVISTA A SONIA CCAHUANA HUARANCCA, HERMANDAD DEL BRAZO IZQUIERDO
CS: ¿Qué significa para usted formar parte de la Hermandad de Ch’ayñas del Señor de los Temblores?
SCH: Para mí, las
Ch’ayñas son familia. Mi abuelita cantaba, quizá no de manera oficial dentro de
la hermandad, pero tenía muy buen oído, era muy religiosa y devota. Mi papá
también tenía esa fe y yo crecí con la influencia de ellos.
Cuando
empecé a estudiar música, tuve unas amigas y compañeras, dos hermanas de la
familia Salas, que tocaban con su papá. Hacían música sacra, participaban en
misas y veladas dentro y fuera del Cusco. Como éramos amigas, me invitaban y yo
iba feliz.
Eran
jornadas largas, desde la mañana hasta la tarde, y para mí eran como clases
magistrales. Compartíamos con las señoras Ch’ayñas que cantaban en la Catedral,
tanto del Brazo Derecho como del Izquierdo. Ahí hice amistades y aprendí mucho.
Luego ellas mismas me dijeron que me integrara a la Hermandad, cuando yo
todavía era estudiante.
Para mí
ha sido toda una vida, desde la influencia familiar, las amistades, la
formación musical y las oportunidades que se iban dando en el camino. Y ahora,
en estos años, me toca liderar la Hermandad del Brazo Izquierdo.
CS: ¿Cuándo se fundó la Hermandad y cómo está conformada?
SCH: La fundación se
sitúa aproximadamente en 1930, la impulsó el músico Manuel Pillco. Al ver que
el Señor de los Temblores estaba sin música, él decidió reunir a músicos y
cantoras para que tuviera sus cantos. Luego continuaron sus hijos. Actualmente,
una de nuestras cantoras más antiguas es su hija, señora Narcisa Pillco. Participaron
también sus otros hijos, los músicos Valentín y Reinaldo Pillco, que ya han fallecido.
Sin
embargo, estos cantos vienen desde mucho antes. Existen cancioneros antiguos,
recopilados por sacerdotes, y hay referencias que los sitúan alrededor del
siglo XVII. Manuel Pillco organizó y dio continuidad a esta práctica dentro de
la Catedral.
Es un
coro mayormente femenino, conformado principalmente por cantoras, aunque
también se han integrado algunos compañeros varones.
En
cuanto a los músicos, buscamos mantener una línea tradicional. Aquí todavía se
oye el pampapiano, un instrumento que está prácticamente en desuso y ya
no se fabrica, lo que hace que esa sonoridad se esté perdiendo poco a poco. Hay
muy pocos intérpretes, como don Modesto Cuba o el maestro Esteban Tupa. De
otros instrumentos, tenemos acordeones, quenas de metal, violines, mandolinas y
el arpa, elementos del orquestín cusqueño.
Las
cantoras Ch’ayñas son las guardianas de esos cantos. Muchas empezaron desde
niñas, desde los ocho años, escuchando e imitando. Esa es la forma tradicional
de aprendizaje.
CS: ¿Cuál es la motivación de las Ch’ayñas?
SCH: La motivación
principal es la devoción al Señor de los Temblores y también a la Virgen Reina
de Belén. Los cantos sacros se dividen en los que están dedicados al Señor y
los que se cantan para la Virgen.
Todo es
por fe, no hay pago. A veces otros devotos ofrecen a los músicos y cantores
alimentos, desayuno o almuerzo, como una forma de agradecimiento, pero la
motivación siempre ha sido la devoción.
CS: ¿Cómo se preparan actualmente para la velada?
SCH: Nuestra actividad
es durante todo el año. El Lunes Santo es el día principal, pero también
estamos en otras actividades, como la fiesta propia del Señor de los Temblores en
octubre, durante su bajada de trono y entronización.
Se
realizan ensayos constantes, tanto en nuestro caso como en el caso del Brazo Derecho,
porque siempre hay nuevos integrantes y hay que formarlos. No se les puede
enseñar en el momento, se necesita preparación previa.
También
estamos haciendo talleres con nuevas integrantes cantoras. Tradicionalmente se
aprende por imitación, escuchando, pero con los talleres se puede avanzar más
rápido sin perder la esencia. Los músicos antiguos también están siempre
dispuestos a enseñar.
CS: ¿Qué significa el Lunes Santo para ustedes?
SCH: Es el día que
todos esperan. Todos dejan sus actividades y están presentes. Las cantoras son
muy comprometidas, llegan incluso antes de la hora. Es un grupo muy dedicado.
Ese día es especial: no se trata solo de la parte musical, es la emoción, la
forma en que se canta, la respiración, cómo se siente en todo el cuerpo. Hay
una conexión muy fuerte con el Señor de los Temblores. Se olvidan de todo, es una
vivencia muy profunda y una concentración total.
ENTREVISTA A VÍCTOR FLÓREZ MEJÍA, HERMANDAD DEL BRAZO DERECHO
CS: ¿Hace cuánto tiempo pertenece usted a la hermandad y cómo se
integró?
VFM: Yo me acerqué a la Hermandad desde el año
1996, viniendo desde mi distrito. Ya tenía formación en el canto, porque en mi
familia me inculcaron la religión católica y la música sacra.
En el
año 2006 empecé a venir más seguido y, desde el 2009, ya he participado en la
vida de la hermandad. Al ver la interpretación y vivir ese momento, mi fe se
fortaleció mucho más y me sentí más cercano a la divinidad.
CS: ¿Cuál es el origen de la tradición de Ch’ayñas?
VFM: Con la llegada de
los españoles la música andina no desaparece, se transforma. A partir de los
años 1600, esas expresiones en lengua quechua empiezan a integrarse en la misa
y las celebraciones religiosas.
Con el tiempo,
estos cantos se vinculan directamente a la devoción al Señor de los Temblores.
Por eso decimos que esta tradición viene desde nuestros ancestros y ha pasado
de generación en generación.
CS: ¿Cómo está organizada la Hermandad?
VFM: Somos aproximadamente
47 cantores y 28 músicos dentro de la estructura orgánica. Sin embargo, el
Lunes Santo la participación aumenta, llegando a 120 o 130 personas, porque se
suman hermanos de distintos distritos, como yo lo hacía antes, cuando veníamos
solo para esa fecha.
CS: ¿Cómo se preparan durante el año?
VFM: Las fechas
principales son la Semana Santa, especialmente el Lunes Santo, y el mes de
octubre por el aniversario del Señor. Antes de estas fechas ensayamos durante
varias semanas, generalmente una vez por semana, por varias horas. Estos
ensayos se realizan en la Casa de Cultura de San Bernardo y son fundamentales
para nuestra preparación.
CS: ¿Qué importancia tiene esta tradición de canto sacro cusqueño y cómo
se transmite?
VFM: Es una expresión
de fe muy fuerte. Los hermanos mayores, algunos de 85 o 90 años, siguen
participando y dan testimonio de los milagros del Señor de los Temblores. Eso
fortalece nuestra fe y nuestra permanencia en la Hermandad.
Actualmente
hay muchas personas interesadas en ingresar, pero tenemos limitaciones de
espacio en la Catedral. Solo pueden ingresar alrededor de 100 personas entre
ambas hermandades, 50 del Brazo Derecho y 50 del Brazo Izquierdo. Aun así,
tratamos de recibir nuevos integrantes viendo su fe y su talento. Es muy
importante formar nuevas generaciones para asegurar la continuidad.
CS: ¿Con qué dificultades se han topado?
VFM: Como en toda organización, siempre hay dificultades.
A veces surgen desacuerdos, temas de ego o falta de comprensión entre los
integrantes, lo que puede afectar la unidad. He visto que muchas personas que
llegan con entusiasmo luego se retiran por esas situaciones. Es importante fortalecer
la organización y el trabajo colectivo para preservar la Hermandad, tener
reglas claras y trabajar con respeto entre todos.
CS: ¿Qué significa para usted ser parte de la Hermandad de Ch’ayñas?
VFM: Para mí es un
honor dirigir y formar parte de mis hermanos y hermanas Ch’ayñas. Es una
responsabilidad grande y una experiencia espiritual muy fuerte. Es un espacio
donde uno se siente cerca de la divinidad, y también es una oportunidad para
invitar a la juventud a que continúe con esta tradición y mantenga viva nuestra
identidad cultural.
Nota: Al finalizar la entrevista, tanto Sonia Ccahuana como Víctor
Flórez coincidieron en una preocupación común: la urgente necesidad de contar
con un espacio adecuado para sus hermandades. Señalaron que requieren un lugar
donde puedan resguardar sus medallas, reconocimientos, indumentaria e
instrumentos, así como un ambiente apropiado para ensayos. Consideran que ese
espacio es fundamental para fortalecer la organización, formar nuevas
generaciones y garantizar la continuidad de esta profunda expresión de fe y
patrimonio cultural del Cusco.
Cámara y edición:
Alberto Cavassa; texto y fotografía fija: Olga Vallenas, para Cusco Social.