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“Historia de la corrupción en el Perú” de Alfonso Quiroz: nueva edición
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Hoy, a pocos días de las elecciones presidenciales y congresales, queremos poner una vez más sobre la mesa uno de los clásicos más trascendentes de ciencias sociales de los últimos años: Historia de la corrupción en el Perú de Alfonso W. Quiroz, cuya nueva edición nos trae este año (muy oportunamente) el Fondo Editorial del Instituto de Estudios Peruanos.

Todo país, grande o pequeño, rico o no tanto, debería tener escrita y publicada su propia historia de la corrupción. Muchos países ya la tienen, y algunos más de una, desglosada por períodos, rubros y enfoques. Quien cree que vive en una tierra bendecida, libre de ese estigma, que arroje el primer tomate podrido.

El estudio de este doloroso tema y la reflexión analítica y sopesada sobre su naturaleza son absolutamente imperativos. El diagnóstico de los males sociales es la primera condición para poder empezar con su eficiente curación, algo que solo es posible en una sociedad despierta y consciente de sí misma. Es por ello que en dictaduras y regímenes autoritarios, donde la corrupción está legitimada y prolifera a una escala impensable, no se habla mucho de ella, se la deja fermentar bajo la alfombra.

El problema de la corrupción puede ser abordado desde múltiples ángulos. El más obvio sería, tal vez, el ángulo jurídico. Sin embargo, el libro de Alfonso Quiroz se aproxima al tema, en un principio, desde el lado económico, y lo desarrolla en sus aspectos políticos y sociales. Este enfoque se debe a la especialización del autor. Su brillante y prolífica trayectoria comprende múltiples estudios de la historia económica del Perú, en especial de su faceta financiera: ha escrito sobre la evolución de las instituciones financieras en el país, el comercio y la deuda nacional.

Nacido y formado en Lima, Quiroz pasó la mayor parte de su vida académica en Estados Unidos, donde recibió múltiples becas de investigación y colaboró con varias instituciones de renombre. Su Historia de la corrupción vio luz por primera vez en 2008 en Washington D.C., publicada por el Centro Woodrow Wilson y la Universidad Johns Hopkins. El título original del libro es Círculos corruptos: una historia de la corruptela desenfrenada en el Perú (Corrupt Circles: A History of Unbound Graft in Peru). La carátula del volumen luce un elocuente fotograma de los infames vladivideos, con fajos de billetes en primer plano. Para aquellos quienes quieran conocer esta primera versión del libro en inglés, la pueden encontrar aquí, disponible para lectura gratuita.

La primera edición de la obra en español, presentada en 2013 por el Instituto de Estudios Peruanos, obtuvo un éxito inmediato. Se requirieron varias reimpresiones para satisfacer los apetitos del público. Es evidente que despertó un gran interés no solo entre historiadores, sino también en los círculos políticos y entre los más amplios sectores atentos a los problemas de la realidad nacional. Lamentablemente, este éxito quedó ensombrecido por la muerte prematura de Alfonso Quiroz, acontecida ese mismo año.

Como era de esperar, la obra sobrevivió a su autor. Después del triunfo arrasador de la primera edición en castellano (y segunda en total), vino la tercera en 2019, producida también por el IEP. Este año 2026 le damos la bienvenida a la cuarta versión, precedida por un nuevo prólogo del historiador Raúl Asensio, director del Fondo Editorial del Instituto de Estudios Peruanos. Esta breve introducción ayuda a ubicar el libro en el contexto actual, un tanto cambiado en los años transcurridos, recalcando al mismo tiempo su vigencia y validez. Ayuda a entender el enorme alcance y la omnipresencia de la corrupción como un mal crónico que afecta prácticamente todos los ámbitos de la sociedad peruana, penetrando en sus resquicios más recónditos y dejando sus marcas en cada rincón.

El estudio de Quiroz abarca un extenso período temporal, desde el siglo XVIII (el gobierno colonial borbónico) hasta fines del siglo XX (régimen de Fujimori-Montesinos). A lo largo de esos trescientos años se observa una penosa constancia de usos y costumbres tóxicos, en muchos casos socialmente aceptados y normalizados, y su impacto nocivo en el bienestar del país y el funcionamiento de organismos públicos. Quiroz construye un cuadro amplio y consistente de las prácticas corruptas como una máquina regida por su propia lógica perversa, un sistema vicioso, consecuente a su modo, refutando la visión de la corrupción como una simple secuencia de casos anómalos y aislados.

A través de sus páginas, podemos contemplar cómo los gérmenes dañinos, gestados en el seno de la administración colonial, son heredados por la joven república, cómo atraviesan los tiempos de reformas y revueltas políticas, anidando en las calamidades más dolorosas, como la Guerra del Pacífico, beneficiándose tanto de conflictos y dificultades como de fugaces bonanzas (un caso sintomático es el auge guanero) y cómo, cebados y madurados, llegan a nuestros días.

El texto magistral de Quiroz brinda un vasto panorama nacional de la corrupción, abarcando una serie de ejemplos de distintas regiones. Para el caso del Cusco, son de especial interés sus capítulos dedicados a la rebelión de Tupac Amaru y a las acciones del prefecto Agustín Gamarra, en el período histórico que circunda las luchas independentistas.

El libro esboza cómo el levantamiento de Túpac Amaru sirvió de detonante para el desmantelamiento del ulcerado y obsoleto sistema de corregimientos y su suplantación con intendencias. Este cambio del ordenamiento administrativo, según afirma el autor, trajo un relativo y temporal alivio en el manejo de la administración colonial, corroída por las prácticas corruptas. Paradójicamente, esa reforma era una de las exigencias de los rebeldes, pero la urgencia de su implementación fue asumida por las autoridades coloniales solo después de la sanguinaria represión del alzamiento.

Indagando en el caso de Gamarra, Quiroz intenta desentramar los complejos lazos tejidos por este hábil político, tanto durante su estadía como prefecto en Cusco como durante su ejercicio de presidencia, con la creación de los llamados círculos de patronazgo: redes de intercambio de favores, cultivo de clientelas y repartición selectiva de beneficios y privilegios.

En los turbulentos y caóticos albores republicanos era muy difícil trazar límites entre una acción cuestionable pero lícita, una práctica moralmente reprochable y un franco delito. Los caudillos militares, personajes notables y prominentes de su época, a menudo empleaban impunemente unos métodos que hoy en día los llevarían directamente a la cárcel. El autor dedica sendas páginas a los intrincados esquemas armados con gran destreza por Gamarra y sus allegados para retener y afirmar su poder, desmenuzando sus virtuosas maniobras. Muestra también cómo este controversial y talentoso (a su manera) personaje sentó bases de los tratos obscuros en torno del millonario negocio del guano.

El libro de Quiroz, lejos de ser una denuncia de perfil activista, caracteriza la corrupción como un padecimiento sistémico, cuya curación, o al menos mitigación, es fundamental para un avance estable hacia el futuro. Trata de erradicar el trillado estereotipo de una corruptela orgánicamente integrada en la vida cotidiana, folclórica y anecdótica, culturalmente justificada, y por lo tanto tolerable.

Todos nos hemos topado alguna vez con ese cliché de la corrupción “domesticada”, tomada como una herencia algo molesta pero ineludible, un monstruo en la familia, una mancha de nacimiento. Trae a la memoria una de las tradiciones de Ricardo Palma sobre el virrey Amat:

Los maldicientes decían en Lima que, durante los primeros años de su gobierno, el excelentísimo señor virrey don Manuel de Amat y Juniet, caballero del hábito de Santiago y condecorado con un cementerio de cruces, había sido un dechado de moralidad y honradez administrativas. Pero llegó un día en que cedió a la tentación de hacerse rico, merced a una casualidad que le hizo descubrir que la provisión de corregimientos era una mina más poderosa y boyante que las de Pasco y Potosí. Véase cómo se realizó tan portentoso descubrimiento.

Acostumbraba Amat levantarse con el alba (que, como dice un escritor amigo mío, el madrugar es cualidad de buenos gobernantes), y envuelto en una zamarra de paño burdo descendía al jardín de palacio, y se entretenía hasta las ocho de la mañana en cultivarlo. Un pretendiente al corregimiento de Saña o Jauja, los más importantes del virreinato, abordó al virrey en el jardín, confundiéndolo con su mayordomo, y le ofreció algunos centenares de peluconas por que emplease su influjo todo con su excelencia a fin de conseguir que él se calzase la codiciada prebenda.

- ¡Por vida de Santa Cebollina, virgen y mártir, abogada de los callos! ¿Esas teníamos, señor mayordomo? - dijo para sus adentros el virrey; y desde ese día se dio tan buenas trazas para hacer su agosto sin necesidad de acólito, que en breve logró contar con fuertes sumas para complacer en sus dispendiosos caprichos a la Perricholi, que, dicho sea de paso, era lo que se entiende por manirrota y botarate. (Fragmento de la tradición ¡Pues bonita soy yo, la Castellanos!)

Esta anécdota narrada por Palma presenta la corrupción como un insumo para bromas y sátira, mas no como un motivo para serias preocupaciones o acciones concretas en su contra, opacando las verdaderas dimensiones del problema y restándole importancia. El libro de Quiroz nos ayuda a apartarse de esa perspectiva y captar la esencia de la ubicua plaga, de sus raíces y consecuencias. En sus primeros capítulos, desarrolla con detalle y sustento documental el mismo tema de la venta subrepticia de corregimientos durante el último siglo del virreinato y los desastrosos efectos de esa práctica en las regiones.

Como se dijo al principio, muchos formatos y patrones de la corrupción en el Perú han demostrado una impresionante persistencia, sobreviviendo no solo a generaciones humanas sino a instituciones y modelos políticos enteros. Los ejemplos históricos reunidos en este libro nos permiten reconocer las señales de esa añeja aflicción en el organismo social de hoy, nos exhiben sus síntomas e indicios, nos revelan sus orígenes y rumbos, nos enseñan a desenmascarar y combatir la enfermedad. 

La corrupción no es una fatalidad, ni una maldición divina, ni un sello incurable de “subdesarrollo”. Tampoco es un “rasgo cultural” inherente. Es un lastre que puede y debe ser encarado y vencido.

En Cusco, la cuarta edición del libro Historia de la corrupción en el Perú de Alfonso W. Quiroz (2026) puede ser adquirida a través de las librerías SBS y Crisol, o contactando directamente el Fondo Editorial del IEP aquí.

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