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Polo de Ondegardo, personaje y testigo de su tiempo: entrevista a Gonzalo Lamana

El licenciado Juan Polo de Ondegardo (Polo Ondegardo, Polo Hondegardo) fue un hombre singular de la colonia temprana: jurista, encomendero exitoso, emprendedor, hábil funcionario de la Corona. Desde la perspectiva histórica, resalta su importancia como autor de una serie de textos sobre la estructura estatal, la economía y, sobre todo, la religión del Tawantinsuyu. Lamentablemente, por azares del destino, sus escritos originales no han llegado a nuestros días. Sin embargo, sus acuciosos tratados sirvieron como base para varias célebres crónicas peruanas que todos conocemos.

El renombrado historiador Gonzalo Lamana estudió al detalle la trayectoria de Polo de Ondegardo y lo que se ha conservado de su obra. En esta entrevista con el director de Cusco Social, Guillermo Román-Flores, Gonzalo Lamana nos cuenta sobre algunos hallazgos de su investigación y sobre la trascendencia de esta brillante y polifacética figura.

GRF: ¿Se podría decir que Polo de Ondegardo fue, en primer lugar, un funcionario del gobierno colonial?

GL: Esa fue una de sus facetas. Polo era un hombre muy activo a principios del proceso colonial, en los 1500. Su caso fue bastante singular, porque tenía una amplia serie de habilidades que otros no poseían. Era capaz de desempeñarse como abogado, representando a conquistadores en sus conflictos legales, porque había estudiado leyes.

Además, como todos los españoles importantes, era encomendero. Los encomenderos no solamente recibían el beneficio del trabajo indígena, sino participaban activamente en redes de comercio, emprendimientos agrícolas y mineros.

Polo arribó al Perú en 1544, que fue el peor momento para llegar a este lugar del mundo. El sector encomendero, los conquistadores, le hicieron frente al rey en rechazo a las Nuevas Leyes de Indias. El rey, en respuesta, envió al primer virrey, Blasco Núñez Vela, quien no duró mucho y al poco tiempo murió en las guerras.

Polo llegó a América con la misma flota que traía a Núñez Vela. Entonces, desde el momento en que él puso su pie en este continente, ya estaba metido hasta el cuello en todos los conflictos, pero, increíblemente, supo navegar la situación.

En los primeros años después de la conquista del Perú hubo guerras constantes, pero no tanto entre incas y españoles, sino de los incas entre sí y de los españoles entre sí. Y a veces los indígenas y los españoles se aliaban, cuando les convenía, o se enfrentaban unos con otros. Fue un periodo de caos político y militar absoluto.

En uno de los barcos de la misma flota que traía a Polo al Perú estaba el agente de Hernando Pizarro. Hernando, hermano de Francisco, había viajado a España para defender la causa pizarrista contra los almagristas, pero cayó preso acusado por la ejecución de Almagro. Estando ya en la cárcel, envió al Perú un representante, quien viajaba en el mismo barco que Polo. Viendo en Polo a un joven ambicioso y docto en leyes, inmediatamente lo nombró abogado de Hernando Pizarro, con lo cual Polo le cayó bien a su hermano Gonzalo.

Gonzalo Pizarro le dio en encomienda a unos trabajadores indígenas en Potosí, lo cual era un lujo. Los españoles acababan de “descubrir” las minas de plata de Potosí, las más ricas del mundo. Durante mucho tiempo esas minas funcionaron como el principal motor del sistema colonial español. Así, Polo en cierto sentido se convirtió en minero.

GRF: Se dice a veces que Polo tenía un parentesco judío. ¿Qué se sabe sobre eso?

GL: La familia de Polo de Ondegardo, tanto por el lado de la madre como por el lado del padre, era una familia extraordinaria. La mayoría de los conquistadores venían al Nuevo Mundo siendo pobres. Polo, en cambio, venía de una estirpe de nobles, gente muy conectada con la administración de la Corona. Por otro lado, tenía en su linaje a comerciantes milaneses, italianos muy ricos. Y es cierto que circuló una especie de rumor acerca de una abuela materna que tal vez haya sido descendiente de judíos.

Sucedió que uno de los parientes de Polo por el lado materno pidió ser parte del Consejo de la Santa Inquisición. En esa época, todos los puestos altos del Estado, y especialmente de la Iglesia, requerían una probanza de “limpieza de sangre”. Y el pariente recibió respuesta negativa por ese supuesto rumor de una abuela de ascendencia judía. Un rumor en aquellos tiempos era un argumento de peso.

Volviendo a Polo, era un personaje extraordinario por ser una persona educada, pues muy pocos los españoles que llegaban a América tenían educación universitaria. Aún menos numerosos eran los que venían de familias nobles.

Polo fue nombrado corregidor de Charcas y luego del Cusco, y fue principalmente en el Cusco donde generó ese importante corpus de documentos destinados justamente para el uso de funcionarios reales.

GRF: ¿Es cierto que Polo de Ondegardo estaba especialmente interesado en las formas de administración y gestión de recursos en el Tawantinsuyu?

GL: Polo necesitaba ese conocimiento por sus múltiples cargos administrativos, pero también pienso que tenía un interés genuino en el tema. A él le debemos una gran parte de lo que sabemos sobre cómo funcionaba el Estado Inca. Fuentes indígenas que hablan sobre esos asuntos no aparecen hasta los inicios del siglo XVII, hasta Garcilaso.

Polo empezó a escribir sus tratados en 1559, es decir, 50 años antes de la salida de los Comentarios Reales. Sus escritos tienen un impresionante grado de detalle y, además, muestran la capacidad del autor de no perderse en esos detalles.

En los primeros años de la colonia, los españoles eran militarmente muy poderosos, pero eran pocos. Y la única forma de obtener beneficios de las poblaciones indígenas era saber cómo funcionaba su sociedad y entrando a negociar en términos aceptables para ellos.

Entonces, desde ese punto de vista práctico, para Polo era muy importante conocer las reglas y costumbres sociales, económicas, religiosas, cómo se organizaban, cómo se ordenaban los turnos de trabajo. El manejo estatal inca tenía un nivel de sofisticación incomparable para la época: el desarrollo de la centralización, los sistemas de contabilidad, la red vial, los censos, la organización de mano de obra, la recolección del tributo.

Polo, siendo una persona preparada y lúcida, tenía la ventaja práctica de poder aprender cómo funcionaba ese sistema local.

GRF: ¿Cómo se insertó Polo en la sociedad peruana y cusqueña de su época?

GL: Después de la derrota de Gonzalo Pizarro, el presidente de la Real Audiencia La Gasca le dio una gran encomienda en Cochabamba, una zona de abundante producción agrícola. Luego, entablando buenas relaciones con el arzobispo Gerónimo de Loayza, Polo logró una expansión de esa encomienda. El virrey marqués de Cañete le dio otra encomienda. Todas ellas estaban ubicada en lugares estratégicos. 

Polo llegó a tener tierras azucareras, otras de cítricos, de maíz, de ganadería, un molino de pan y un ingenio de azúcar. Esa producción la vendía en Potosí, que no solamente era una mina de plata, sino el mercado que movía toda la economía de los Andes y prácticamente toda la economía española colonial.

Muy pronto Polo adquirió la reputación de experto entre los funcionarios de la administración colonial y los eclesiásticos. Cuando había que decidir cosas complicadas, arzobispos, virreyes, gobernadores, le pedían una opinión.

Su lazo con los descendientes incas surgió cuando fue designado por primera vez corregidor del Cusco, entre 1559 y principios de 1561. El corregidor era una figura todopoderosa, que concentraba en sus manos el control político, judicial y económico a la vez.

Sabemos que en ese período el arzobispo Gerónimo de Loayza y el virrey marqués de Cañete le pidieron que hiciera un estudio sobre la organización religiosa de los incas. No tenemos muchos datos de cómo llevó adelante esa investigación y, desgraciadamente, no tenemos el documento original. Lo que se sabe a ciencia cierta es que fue una indagación exhaustiva.

En aquella época, las recopilaciones de ese tipo se hacían con muchas ceremonias. Estaban presentes un notario y un escribano, venían los testigos, se los interrogaba, se los volvía a interrogar, se los careaba, era todo un proceso. Evidentemente, a lo largo de ese proceso Polo debe haber conocido personalmente a la gran mayoría de los líderes religiosos nativos, que eran al mismo tiempo líderes políticos.

Además, a Polo le llegaban los pleitos entre nobles indígenas, con disputas por tierras, servidores y otras posesiones, y él era muy cuidadoso en respetar las formas legales indígenas. Como jurista, tuvo que entender las bases de los sistemas locales de propiedad y, a partir de ello, resolver casos sobre la tenencia de tierras en el Valle del Cusco.

Había recibido su grado de bachiller en leyes en la Universidad de Salamanca en el momento cumbre de lo que se llamó la Escuela de Salamanca. Es muy probable que haya tomado clases con Francisco de Vitoria, una de las grandes luminarias del derecho, que decía que había que respetar los sistemas legales de distintos lugares.

GRF: ¿Y cómo se desarrolló la vida familiar de Polo de Ondegardo?

GL: Polo no vino al Perú solo sino con su tío, y era nada menos que Agustín de Zárate, otro de los grandes escritores de la colonia temprana. Zárate era secretario del Consejo de Casilla y fue enviado como contador a revisar las cuentas de la hacienda real. De inmediato le consiguió a su sobrino un puesto dentro de la administración colonial. 

Después Polo recibió otro puesto de manos de los Pizarro, y luego otros del arzobispo, del virrey y, teniendo siempre buenas posiciones, terminó casándose con la hija del gobernador de Nicaragua, que había venido en el mismo barco con él. Además, vinieron al Perú algunos de sus hermanos, él era el mayor de los siete.

Es curioso, Polo llegó a casarse solo cuando murió su madre. Durante sus primeros años en el Perú, le enviaba a su progenitora grandes cantidades de dinero para su buen pasar.

Polo formó familia bastante rápido, tuvo seis hijos y murió relativamente joven, a los 55 años, en 1575.

GRF: ¿Vivió mucho tiempo en el Cusco?

Según las normas establecidas, los encomenderos tenían que vivir en la jurisdicción de sus encomiendas; caso contrario, las perdían. Al principio, muchos españoles venían, ganaban una encomienda, designaban un representante y se iban a España. Pero la encomienda no era una simple renta. El encomendero debía cumplir una serie de funciones.

Parece que Polo solamente vivió en el Cusco es en sus dos periodos como corregidor: primero, del 59 al 61, en el gobierno del virrey marqués de Cañete; y después, del 71 al 73, con Francisco de Toledo, quien le tenía una gran confianza.

Las mercedes y los beneficios que recibió se debieron en parte a sus buenas conexiones e influencias, y en parte a su inteligencia y talento. Fue brillante tanto por la calidad de sus informes como por el manejo de su economía. Y por saber adecuarse a la situación, para lo cual tenía una capacidad extraordinaria.

GRF: Garcilaso tiene un pasaje muy conmovedor en el que cuenta cómo, poco antes de su partida del Cusco, Polo de Ondegardo le mostró las momias incas…

GL: Polo llegó a tener en su posesión los cuerpos de varios gobernantes incas, que hasta ese momento las panacas reales estaban escondiendo. La mayoría de los españoles en esa época, si encontraban momias de la nobleza indígena, con frecuencia las quemaban, para mostrar que su poder religioso era falso. Pero Polo no las destruyó. Las tuvo en el Cusco durante un tiempo y después las envió a Lima.

GRF: ¿Cómo terminó sus días Juan Polo de Ondegardo y que pasó con su legado después de su muerte?

GL: Falleció en la ciudad de La Plata (hoy Sucre, capital de Bolivia). Como todo español de buen nombre y buena posición, había comprado un espacio para su sepultura inicialmente en el convento de San Francisco. No sabemos exactamente por qué, pero a raíz de un conflicto entre los herederos de Polo y el convento de San Francisco, sus restos fueron desenterrados y trasladados al convento de la Compañía de Jesús.

Polo había desarrollado una relación estrecha con los jesuitas durante el gobierno del virrey Toledo, quien les favorecía. Así, no solo la sepultura de su linaje pasó a los padres de la Compañía, sino también todos sus tratados. Es por eso que los grandes autores jesuitas -Valera, Acosta, Cobo- usaron en los años posteriores los escritos de Polo como fuente sobre la religión indígena. Los iban pasando de uno a otro como un tesoro.

Entre los textos que produjo el Tercer Concilio Limense (1582-1583), capitaneado por José de Acosta, hay toda una sección que trata de las llamadas “supersticiones de los indios”, y son copias textuales de ese tratado de Polo, cuyo original no lo tenemos. El último quien lo usó fue Bernabé Cobo en la década de 1650. Hasta ahí llega el hilo histórico.

Tal vez hoy estos documentos estén en alguna colección privada de alguien que los adquirió sin saber lo que se estaba comprando, como fue el caso de muchos otros manuscritos invaluables.

GRF: ¿Qué pasó con la descendencia de Polo de Ondegardo?

GL: Como todo encomendero, Polo legó sus encomiendas a sus hijos, y su mujer creó un mayorazgo. El mayorazgo era un sistema que no permitía dispersar el patrimonio entre los herederos, se debía mantener todos los bienes juntos.

GRF: Para finalizar, quiero recomendar los libros anteriores de Gonzalo Lamana a quienes no los han leído. Especialmente el que se titula Dominación sin dominio: el encuentro inca-espan?ol en El Peru? colonial temprano.

GL: El Imperio Español era un imperio de papel. Todo se hacía en papel. Entonces, para nosotros, los historiadores, es una mina de oro, pero una mina de oro muy tediosa. Hay que leer una enorme cantidad de documentos absolutamente triviales, entre los que de vez en cuando aparece alguna joya.

GRF: Ya viene la segunda parte. En la próxima entrevista, hablaremos al detalle del futuro libro de Gonzalo Lamana, dedicado a Polo de Ondegardo. ¡Hasta pronto! 

Entrevista y grabación: Guillermo Román-Flores; edición y transcripción: Vera Tyuleneva, para Cusco Social.

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