Libélula de Jade
es un grupo de teatro con larga trayectoria en nuestra ciudad, conocido no solo
por sus numerosas puestas en escena sino, además, por su intensa labor de
formación actoral que abarca casi dos décadas. Conversamos con el director del
grupo, Erwin Ranfis, sobre las líneas de acción del colectivo, sus principios,
logros y expectativas.
Desde hace 25 años Erwin
Ranfis trabaja como director de artes escénicas y profesor de actuación. Fue
productor y asistente de dirección del maestro Alberto Ísola en un taller
intensivo de formación actoral en Cusco; llevó un taller de dirección con el
maestro Miguel Rubio (director del teatro Yuyachkani). Fue parte de
mesas de crítica en dos muestras regionales y una nacional de teatro peruano. Libélula
de Jade es su proyecto artístico y pedagógico predilecto.
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¿Cómo y hace cuántos
años empezó el grupo de teatro Libélula de Jade?
Libélula de Jade
se formó hace 18 años en la Facultad de Arquitectura de la UNSAAC. Por ese
entonces, funcionó en coordinación con el decanato y el Centro Federado de
turno, organizando de manera regular talleres de actuación.
La elección del nombre fue una decisión
grupal. La libélula en nuestro medio se ve como un presagio benigno,
símbolo de buena suerte. Jade es la piedra que en algunas culturas se coloca
debajo de la lengua de los muertos como una suerte de pasaporte a la otra vida.
Lo usamos como símbolo del renacer. Cuando termina la temporada de una obra teatral o finaliza un taller de actuación, en cierto sentido es como una muerte, pero a
continuación inician otros procesos que devendrán en otras obras.
¿Cómo se estructuró el
grupo y cómo ha ido evolucionando su actividad?
En el colectivo hay un director y
profesor de actuación y un asistente de dirección. Por otro lado, tenemos
alumnos y alumnas que llevan nuestros talleres de actuación, exalumnos y
exalumnas que son nuestro principal soporte, porque ellos son los que
constituyen nuestras comisiones evaluadoras de las obras a presentarse. Son también
ellos quienes componen la valiosa red de contactos que nos apoyan en la
difusión de las convocatorias a los talleres de actuación, anuncios de nuevas obras
que se estrenan, o en cualquier otra actividad.
En todo este tiempo se dio la dinámica
de “promociones”, grupos de alumnos que asistían a talleres de un año de
duración, cada uno dividido en dos etapas. Al final de la primera etapa se
evaluaba quiénes pasaban a la segunda, y con ellos se iniciaba la puesta en
escena de una obra, ya sea de texto (obra escrita, casi siempre perteneciente a
un dramaturgo determinado) o de creación colectiva (construida ad hoc,
donde cada integrante aporta al tejido de la historia). Esta última modalidad es
en este momento la dominante en nuestro proceso de formación actoral.
¿Qué tipo de actuación
practica Libélula de Jade?
Trabajamos el naturalismo como
opción técnica, ese fue desde el inicio nuestro derrotero en los talleres. El
naturalismo le pide al actor que no sobreactúe, no exagere el gesto, sino que su
postura sea orgánica y verosímil, coherente con la perspectiva del personaje.
¿Qué obras más
emblemáticas ha presentado Libélula en Cusco?
Cada obra que lanzamos tiene un fruto
favorable: lo que estamos contando en el escenario siempre logra conectar con
el público. Pero, si tuviéramos que hablar de una obra concreta, cuyo impacto
se recuerda aún pese a los años transcurridos, sería Cosmética del Enemigo,
obra final del taller anual de 2010, una adaptación de la novela de la
escritora belga Amélie Nothomb. La actuación y la historia cuajaron
creativamente, el espectáculo se convirtió de pronto en un referente de rigor
actoral y el proceso finalizó en un producto artístico de alto nivel.
¿Además de la
formación actoral propiamente dicha, el colectivo tiene otros campos de acción?
Sí, impulsamos la participación en
obras cinematográficas, tanto en cortos como en largometrajes. Por ejemplo, la
mayoría de los integrantes de Libélula de Jade, incluyéndome a mí como
director de actores, participó en la producción del cortometraje cusqueño Las
Culpas (2015) de César Alberto Venero Torres, obra ganadora del Concurso
Nacional de Cortometrajes del Ministerio de Cultura.
Por otro lado, yo trabajé como
profesor particular de actuación para Dschoint Ventschr Filmproduktion AG,
productora suiza de cine con dos nominaciones a los premios Oscar, en la
película La santa de lo imposible (2020), con participación de Magaly
Solier, película ganadora de premios y reconocimientos en el Festival de Cine
de Kitzbühel (Austria), Festival Nuovo Cinema Europa (Italia), Festival
internacional de Cine de Hof (Alemania) y Festival de Cine de Zurich (Suiza).
Por muchos años Libélula
de Jade se ha dedicado a la formación actoral. ¿Cómo han tomado la decisión
de desarrollar esa línea de acción?
Desde sus inicios, Libélula
se propuso ese camino: la formación actoral entendida como un proceso creativo
sublime. La misión de dar vida a un personaje en el escenario es lo que nos
motiva y lo que nos sirve como estímulo propulsor para el presente y el futuro.
¿Qué principales retos
plantea la tarea de formación teatral en el Cusco?
La constante capacitación es
importante, es la única manera de crecer actoralmente. No basta actuar porque
te gusta, hay que tener un soporte de técnica solvente que haga que el
personaje esté construido de manera sólida en los detalles más vitales.
¿Qué métodos y
estrategias de enseñanza emplea Libélula de Jade con sus alumnos?
Los talleres se desarrollan en un
marco de disciplina y puntualidad. Sobre esta base se trabaja la técnica
actoral, se aprende haciendo. Una pieza clave son las evaluaciones rigurosas. Como
comenté, los talleres anuales están comprendidos de dos niveles, y no todos
logran pasar al segundo nivel.
Cualquiera de nuestras obras o
muestras teatrales, antes de ser presentada al público, tiene que ser vista previamente
por dos comisiones evaluadoras. La primera está conformada por exalumnos y
exalumnas, la segunda por colegas de otros grupos de teatro o artistas
escénicos independientes. Sus opiniones y análisis nos hacen ver, tanto al
director como a los participantes del taller, lo que se debe mejorar y trabajar
más en términos de actuación, composición etc.
Es vital tener capacitaciones, por
ejemplo, el año pasado tuvimos una clase maestra a cargo de Rodrigo Benza,
docente de la Facultad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica
del Perú. Ese evento contó también con la participación de otros colegas de
teatro invitados.
¿Cómo ha ido cambiando
el proceso de enseñanza a lo largo de los años?
Desde los años de la pandemia el
cambio ha sido vertiginoso. Las nuevas generaciones tienen otra óptica, otra
visión de las cosas. El mundo en el que se mueven los reta a lograr lo máximo
posible en sus estudios en tiempo récord, y luego los satura laboralmente.
En cambio, en un taller de actuación el mundo tiene otras leyes y otros ritmos de movimiento; apresurarse aquí puede llegar a ser un obstáculo que eche a perder detalles significativos. Aquí es importante no correr sino caminar pausadamente, contemplando y conectándose con el entorno. Hay que preguntarse constantemente: ¿dónde estoy y qué hay a mi alrededor?
Hay que entender que el paso del tiempo puede devorar
lo mejor que uno tiene sin que se dé cuenta, pero uno puede descubrir también que
el tiempo está hecho de aquellos momentos en los que nos sentimos plenos,
vivos, sin prisas. Solo desde este punto la técnica actoral cobra vida. Todo
personaje encarnado a través de actuación es un llamado a la vida en todos sus
matices.
¿Qué frutos y
experiencias más gratas podría nombrar en su trayectoria pedagógica?
Hay una experiencia en particular que
siempre comento. Una exalumna de Libélula de Jade, hoy egresada de la
Facultad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en
su paso por Cusco dio una clase de actuación en uno de mis talleres. Verla
después de años convertida en una maestra me hizo sentir que valía la pena
darlo todo al proceso de enseñanza.
Definitivamente, todos los exalumnos
que pasaron por Libélula de Jade y ahora tienen sus propios grupos o
proyectos artísticos personales, poseen esa vocación genuina para hacer del
arte una forma de vida, ya sea actuando, enseñando o dirigiendo, son los
mejores frutos de nuestro esfuerzo.
De todos los egresados
de los talleres de Libélula ¿qué porcentaje decide dedicarse
de lleno al teatro?
No es la mayoría. Siempre les
aclaro que el hecho de haber llevado dos, tres, o más talleres de actuación no
los hace actores y actrices. Como cualquier profesión, la actuación es un
ejercicio que encuentra su sentido en la práctica constante. Es necesario tener
un ritmo de producción consistente y una calidad artística estable.
¿La formación actoral
debería centrarse en preparar a futuros profesionales en artes escénicas o
tiene una misión más amplia?
Por un lado, están los que llevan
un taller de actuación desde una mirada profesional, para tener un recurso
técnico que les haga crecer actoralmente. Por otro lado, la mayoría de los
asistentes quieren probar, saber de qué se trata, o ven en la actuación un recurso
complementario a su profesión principal, un aprendizaje que les haga mejorar
sus habilidades blandas. Ambas posiciones son legítimas y válidas.
Para aquellos que quieren
dedicarse a la actuación como actividad prioritaria, se está desarrollando en Libélula
de Jade un tercer nivel de formación actoral, que convocaría a los
egresados de los talleres anteriores, quienes podrían ahondar más en procesos técnicos.
¿Cómo ayuda el arte
actoral en el desarrollo integral de una persona?
Estoy convencido de que aporta de una
manera muy fructífera. La actuación va acompañada de muchos ejercicios de
concentración, imaginación, desinhibición, relajación, etc. Todos estos
elementos son imperativos en un entorno social que exige interacción.
¿La actuación aporta
al bienestar psicológico y emocional de quienes la practican?
Sí, aunque hay que aclarar que el propósito
principal de nuestros talleres no es terapéutico. Uno se inscribe para
descubrir el arte de la actuación a partir de una técnica. Pero en el camino
hay ejercicios que, a nivel personal, pueden ser muy valiosos.
¿En qué otros campos
profesionales podría ser útil la formación actoral?
Creo que en cualquier campo. Nos
movemos siempre interactuando con otros, y esa dinámica social reclama tener habilidades
de comunicación. La actuación se desarrolla en grupo y de allí emana su
fortaleza. Actuar es aprender a sintonizar con el otro, crecer individual y
grupalmente. No es un camino fácil, pero vale la pena hacerlo.
¿Qué proyecciones a
futuro tiene Libélula de Jade en cuanto a nuevas puestas en escena y
nuevos talleres formativos?
Estamos a puertas de cerrar un
segundo nivel de formación actoral con la obra Puntos Suspensivos
este viernes, 17 de julio, a las 7:30 p.m., en la Casa Darte. Están
todos cordialmente invitados, será con entrada libre y salida con sombrero. La
función no es apta para niños.
Además, están en marcha los
preparativos para un futuro cortometraje. Estamos habilitando en Libélula de
Jade un espacio de producción de cortometrajes como una forma de seguir explorando
la actuación naturalista en el campo cinematográfico.
También iniciaremos pronto la
convocatoria a un nuevo taller de actuación abierto para todo el público. Así
que bienvenidos los futuros actores, esperamos sus inscripciones.
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Invitamos
a todos los interesados en aprender actuación con Libélula de Jade y su
director Erwin Ranfis a comunicarse al WhatsApp +51 984 304 558 para mayor
información.
Fotos: cortesía de
Erwin Ranfis y Libélula de Jade.