Monografías
de lugares –pueblos, áreas geográficas, provincias, distritos– es un género de
escritura en vías de extinción. Se ven cada vez con menor frecuencia, siendo
desplazadas por trabajos de investigación especializados, informes
institucionales y publicaciones promocionales. Una monografía, preparada a lo
antiguo, es un mosaico multiforme y multicolor, una nutrida mezcla de historia
documentada y apócrifa, geografía física y humana, leyendas, anecdotarios,
etnografías, biografías y testimonios. Puede tener matices más académicos o,
por lo contrario, adoptar un giro más ensayístico-literario.
Algo
que poseen en común esas monografías locales, al menos su gran mayoría, es el
arraigo y la profunda vinculación de sus autores con la tierra que constituye
la materia de sus indagaciones. Son personas nacidas y criadas en el lugar o
radicadas ahí por mucho tiempo e identificadas con él.
El
primero de estos casos es el que aplica plenamente al voluminoso libro titulado
Marcapata y el Oro de los Incas, cuyo autor, ingeniero Rubén Francisco
Ordóñez Santisteban, nació y pasó su infancia en este enigmático y apartado
pueblo, cubierto por la neblina, con el horizonte dominado por el grandioso Apu
Pachatusan, emplazado en el límite entre dos vastos mundos: los Andes y la
Amazonía.
Alimentado
por la rica tradición oral sobre cerros auríferos inalcanzables, como el famoso
Camanti, sobre tesoros ocultos de los incas y sobre grandes expediciones
fracasadas en su búsqueda, Rubén Ordóñez siempre ha llevado consigo el espíritu
impalpable de su pequeña patria. Siendo adolescente, se trasladó al Cusco, una
gran urbe a comparación con Marcapata, donde siguió la carrera de ingeniería
civil, campo lejano de las humanidades y ciencias sociales. Pero el mágico
universo de su juventud seguía llamándolo. Entre múltiples viajes por todo el país
que exigía su profesión, en cuanto podía, volvía a Marcapata.
En
el trayecto, iba acumulando todos los datos a su alcance: estudios históricos,
notas periodísticas, relatos de viajes, antiguos grabados y fotos, tradición
oral y observaciones propias. Así nació este grueso compendio, una especie de
mega monografía de casi 500 páginas, un verdadero monumento, sobre todo tomando
en cuenta que su objeto es un distrito con algo menos de cinco mil habitantes. Obviamente,
la relevancia histórica de un lugar o su trascendencia afectiva no se miden en
la densidad de su población, tampoco en kilómetros cuadrados de su territorio.
Cabe
aclarar que el libro cubre no solo el pueblo y el distrito de Marcapata, el
célebre “Valle de Oro”, sino remite a unos contextos geográficos más extensos:
las cuencas de Inambari y el Madre de Dios, referencias que permiten crear un
marco más abierto para entender mejor el trasfondo general.
Tenemos
hoy ante nosotros la segunda edición, ampliada y corregida, publicada en 2024
por la marca editorial privada del autor, Pancho Atar Editores (Pancho
Atar es el seudónimo literario de Rubén Ordóñez). La primera edición salió en
2020 en el Fondo Editorial de la Universidad Andina del Cusco.
El
libro no obedece a un formato rígido ni a un método estricto propios de un
tratado científico. En su estructura trasluce el proceso vivo y orgánico de
sucesiva acumulación de datos, depositados unos sobre otros a modo de capas sedimentarias.
Sin embargo, gracias a una detallada división en capítulos, resulta bastante
fácil para todo lector curioso y atento ubicar entre esta gran suma de apuntes
los temas específicos de su interés.
Para
aquellos quienes están enfocados concretamente en la zona de Marcapata, su
geografía y su pasado, el segmento más valioso de este volumen sería su primera
parte, titulada Marcapata o el valle de Cuchoa. El valle de Marcapata,
ubicado en la parte alta del río Araza, afluente del Inambari, se hizo conocido históricamente
como uno de los lugares auríferos más ricos de Sudamérica. En la época inca y
en la colonia fue también un importante terreno cocalero. Además, era conocido
por la extracción de miel y cera de abeja, resinas, plantas medicinales y
plumas. En la colonia tardía, durante la gran rebelión de 1780, Marcapata fue
escenario de acción de Diego Cristóbal Tupac Amaru. En los posteriores siglos
XIX y XX, esta zona, alejada del control estatal, presenció varios episodios
violentos y revueltas sociales.
Si
dejamos en el ámbito mítico los tesoros escondidos de los incas, una verdadera
joya artística y cultural de Marcapata es su templo colonial de San Francisco
de Asís, cubierto de pintura mural por dentro y por fuera, custodio de
impresionantes retablos tallados y escultura religiosa (lo que aún se conserva
después de una lamentable secuencia de hurtos y descuidos). El autor del libro le
dedica varios capítulos a esta proeza arquitectónica, cuya presencia en un
lugar tan lejano de grandes urbes resulta sorprendente. Desde 2023 la iglesia
está en proceso de restauración, bajo la tutela de la Dirección Desconcentrada
de Cultura del Cusco. Aquí se puede ver algunas fotos de sus riquezas
artísticas: https://mavcor.yale.edu/material-objects/templo-san-francisco-de-s-de-marcapata-church-saint-francis-assisi-marcapata.
Cada
cuatro años, en la segunda semana de agosto, el templo de Marcapata está en el
centro del rito conocido como “Repaje” o “Wasichakuy”. Esta gran ceremonia
colectiva consiste en la renovación del techo de ichu, con armazón de
madera y carrizo, elaborado con técnicas prehispánicas, sin el uso de metal.
Probablemente se trata del último edificio de grandes dimensiones techado de
esta manera, y es una fuente invaluable para que los arqueólogos y arquitectos
puedan entender, y eventualmente recrear, las techumbres de la época inca.
Para
Wasichakuy concurren al pueblo las comunidades quechuas vecinas. El simbolismo
de este rito revive el mito de la fundación del templo por Phuyutarqui, “el que
cabalga sobre nubes”, personaje sobrenatural poseedor de gran fortuna y fuerza
extraordinaria, quien había hecho pacto con el Diablo, pero luego buscó la salvación
de su alma construyendo iglesias en Pitumarca, Ollachea y Marcapata. En 2015,
el ritual de Wasichakuy de Marcapata fue declarado Patrimonio Cultural
de la Nación.
(A
aquellos lectores que quisieran ahondar en los aspectos antropológicos de esta
tradición marcapateña, recomendamos los estudios de Pablo Sendón, entre ellos
su magistral libro Los Ayllus del Ausangate).
Esta
primera parte del libro abarca un gran espectro de temas y sucesos, desde los
viajes por la zona de Antonio Raimondi y Paul Marcoy, hasta la tragicómica
anécdota sobre un desafortunado alcalde de Urcos, brutalmente destripado
durante una fiesta taurina en Marcapata, quien sobrevivió milagrosamente el terrible
accidente e incluso volvió a desempeñar con éxito su honorable cargo público.
El
resto del libro amplía el contexto geográfico y cultural en el que se inserta
Marcapata y pone el foco en algunos aspectos concretos de las problemáticas regionales.
Así,
la segunda parte, titulada El Oro de Marcapata, cubre la historia de la
minería en el valle y sus alrededores en los siglos XIX, XX y XXI, mostrando
cómo este rubro de la economía se iba entretejiendo con cambios económicos,
desarrollo de infraestructura y políticas del Estado. Enfatiza especialmente
los efectos depredadores de actividades extractivas ilícitas, que representan
un gran peligro hasta el día de hoy.
La
tercera parte, algo más breve, habla de la geografía y la actividad humana en
el río Inambari, a cuya cuenca pertenece el valle de Marcapata y que comparte con él muchos procesos y problemáticas.
La
cuarta parte, Grandes expediciones, habla de incursiones exploradoras,
no solo a Marcapata sino también a los territorios cercanos, tales como
Carabaya y el Alto Madre de Dios, desde la colonia hasta la década de 1960.
Entre ellas cuentan algunos episodios conocidos, como la expedición del coronel
Baltazar La Torre de 1873, con un desenlace trágico, ampliamente comentado en
su momento. Otros casos descritos no gozan de la misma fama, pero no por ello
son menos interesantes.
La
quinta parte, Familias en el Valle de Oro, es la más personal y lleva una
clara impronta testimonial. Aquí el autor narra en primera persona la historia
de su propia familia, Ordóñez Santisteban, conectada y emparentada con varios
otros linajes de la zona, como los Arteaga y los Bermúdez. Habla también de los
descendientes del naturalista polaco Jan Kalinowski, asentados en el valle por
varias generaciones, y de sus amigos, la familia Zlatar de origen yugoslavo.
El
libro cierra con la sección de enfoque crítico, titulada La destrucción del
Valle de Oro, una denuncia de los daños ambientales y el costo social de la
minería ilegal, que se ha expandido en las décadas recientes por toda la cuenca
del Madre de Dios, incluidas las zonas de Inambari y Marcapata. Desde su perspectiva
profesional como ingeniero, Ordóñez explica por qué los métodos empleados por empresas mineras ilícitas son nocivos y qué consecuencias conlleva su
propagación.
Como
complemento, narra sobre la reciente construcción del segundo tramo de la
Carretera Interoceánica, que pasa por Marcapata, y el cúmulo de controversias
que ha generado este ambicioso pero accidentado proyecto. Como en varios otros
acápites, los datos reunidos aquí se sustentan en la experiencia directa del
autor, quien trabajó en esa obra en una de sus etapas.
El
volumen va acompañado de una importante colección de imágenes –grabados y fotografías– tanto históricas como recientes. Entre ellas destacan los
registros fotográficos propios, generados por el autor a lo largo de muchos
años, por ejemplo, las vistas de la célebre iglesia de San Francisco de Asís y
la documentación de la fiesta de Wasichakuy.
Este
libro, una verdadera enciclopedia de datos sobre Marcapata y los territorios
circundantes, será una importante pieza en la biblioteca de todo verdadero
amante de nuestra historia regional.
La
segunda edición del libro Marcapata y el Oro de los Incas puede ser
adquirida en la librería Genesis (esquina de las calles Santa Catalina
Ancha y Santa Catalina Angosta) y en Inkari Centro Cultural (calle
Choquechaca 278). El autor tuvo la gentileza de compartir con nosotros sus planes
de publicar próximamente una tercera edición, agregando al compendio algunos nuevos
datos.
La
portada de la reseña fue elaborada con la ayuda de la IA Gemini.