La festividad de la
Virgen del Carmen está muy arraigada en varios lugares de la región del Cusco,
tales como Paucartambo, Huarocondo y Písac. La profunda devoción se manifiesta en
el empeño, el cuidado y la dedicación que ponen tanto los bailarines como los carguyoq,
o mayordomos, y toda la feligresía. Podemos ver la belleza de la celebración en
las danzas, en su coreografía, sus vestimentas, en cada lentejuela, en cada
adorno bordado y en cada combinación de colores. Esta fiesta religiosa es la
muestra de que la fe continúa viva, pero también denota que con el tiempo la festividad
crece más como expresión cultural.
En esta ocasión, el equipo de Cusco Social estuvo presente en la fiesta de la Virgen del Carmen de Písac y entrevistó al señor Raúl Galdo Marín, carguyoq de la danza Mestiza Qoyacha, y a las señoras Lida y Rosmarina Marín, madre y tía, respectivamente, del señor Raúl, conocedoras de esta tradición, quienes nos contaron cómo fue antes y cómo se desarrolla actualmente.
CS a Raúl Galdo:
Cuéntenos sobre la festividad de la Virgen del Carmen de Písac. ¿Qué
particularidades tiene?
Raúl Galdo: He leído en algunos escritos históricos que la festividad de la Virgen
del Carmen en Písac comenzó en 1899. Ese año en la antigua hacienda Ayñas se
encontró una imagen de la Virgen. Pocos años después en la misma casa
hacienda apareció una segunda imagen, casi idéntica, pero de un tamaño
ligeramente menor.
Cuenta la leyenda que
fue a partir de esos acontecimientos que empezó a crecer la devoción por la
Virgen del Carmen, y con ella las celebraciones que hoy conocemos. Su día se
celebra con las dos imágenes de la Virgen: una que radica en la iglesia
principal del pueblo de Písac y la otra que permanece en la capilla de Ayñas, en
el antiguo predio de la hacienda.
CS: ¿Hace cuánto
tiempo participa su familia en esta festividad y de qué manera lo hace?
Raúl Galdo: Cuando yo era niño y venía de visita a Písac, recuerdo muy vagamente las
fiestas. Sin embargo, sí recuerdo que mi abuela era muy devota de la Virgen. Seguramente
fue mayordoma en más de una oportunidad; ese dato podría precisar mejor mi
madre.
Heredé de mi abuela y de mi
madre la devoción, el cariño y la fe hacia la Virgen del Carmen. Hace dos años
mi familia asumió la mayordomía de la danza Mestiza Qoyacha y este año me
corresponde a mí tomar ese cargo.
CS: ¿Qué significa
para usted recibir este cargo dentro de una festividad tan importante?
Raúl Galdo: Significa una profunda fe y un enorme orgullo.
CS: ¿Cómo se ha
preparado, junto con la comparsa, para estas fechas festivas?
Raúl Galdo: Asumir un cargo implica una serie de responsabilidades que se cumplen con
mucho cariño. Desde hace varios meses venimos trabajando junto con los
caporales de la danza en todos los preparativos, tanto en la organización de
las celebraciones en general, sobre todo de la parte logística, como en la participación
propia de la danza.
La celebración comenzó
ayer, 15 de julio, con la tradicional procesión, en la que trasladamos la
imagen de la Virgen desde la capilla de Ayñas hasta la iglesia principal de Písac,
precedida por una misa celebrada en la capilla.
Durante toda la
festividad se viven las danzas, las procesiones, las misas y, finalmente, el
festejo comunitario que acompaña estas fechas tan especiales.
CS: ¿Qué mensaje les
daría a los jóvenes cusqueños sobre nuestras tradiciones religiosas y
culturales?
Raúl Galdo: Primero, que las conozcan, porque nuestras tradiciones son realmente
muy bellas. Luego, que se enamoren de ellas y que aprendan a quererlas. Solo
así podrán transmitirlas a las siguientes generaciones.
Esta fiesta es
hermosa, no solo por la profunda fe religiosa con la que se vive, sino también
por la alegría de sus danzas y por el orgullo que representa nuestro folclore
que caracteriza a nuestro país. Es una tradición que debemos preservar y difundir
para que perdure en el tiempo.
CS a Lida y Rosmarina
Marín: Ustedes han vivido gran parte de su vida en Písac. ¿Podrían compartirnos
algunos recuerdos sobre la festividad de la Virgen del Carmen de antaño? ¿Cómo
la recuerdan de cuando eran niñas y qué cambios han observado desde entonces?
Lida Marín: Cuando era niña, tendría unos once o doce años, la festividad más
importante de Písac era la del Sagrado Corazón de Jesús. En esa época era
incluso más grande que la fiesta de la Virgen del Carmen.
Con el paso del
tiempo, la festividad de la Virgen del Carmen fue creciendo hasta convertirse
en la principal celebración religiosa de Písac. Según la tradición, llegaron
desde España dos imágenes de la Virgen del Carmen. Una permaneció en Ayñas, a
unos diez minutos del pueblo, y la otra se quedó en la iglesia de San Pedro
Apóstol de Písac.
CS: ¿Qué sienten al
ver que el señor Raúl Galdo ha asumido este importante cargo? ¿Sus familiares
también han participado anteriormente como mayordomos?
Lida Marín: Esta tradición viene desde la época de mi madre. Ella asumió aquí un
importante cargo de la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, que en aquellos
años era una celebración de enorme importancia. Recuerdo que nuestra casa se
llenó de visitantes provenientes de Cusco y Calca; fue una fiesta realmente
extraordinaria.
Hoy me llena de
alegría ver que mi hijo, Raúl Galdo Marín, haya recibido el cargo de la Virgen
del Carmen, nosotros la llamamos cariñosamente "Mamá Carmen".
Como ya les
comentamos, la tradición cuenta que existen dos imágenes hermanas: una
permanece en la iglesia de San Pedro de Písac y la otra en Ayñas. Durante estos
días ambas se reúnen para celebrar juntas, es un momento muy especial para
todos nosotros.
CS: Cuéntenos un poco sobre
la procesión y su recorrido.
Lida Marín: Las dos imágenes de la Virgen se encuentran en la capilla de Ayñas, y en
procesión se las traslada hasta la iglesia de San Pedro Apóstol de Písac. Hoy
ambas recorren juntas las principales calles del pueblo en una emotiva
procesión que congrega a miles de fieles. El recorrido va acompañado por las
comparsas de las distintas danzas tradicionales que participan en la
festividad.
CS: ¿Cuáles son las
danzas que más les gustan o que consideran más vistosas?
Rosmarina Marín: Es una pregunta un poco difícil, porque todas las danzas son muy
bellas y auténticas. Cada una representa una parte importante de nuestra
cultura. Incluso participan delegaciones que llegan desde la selva con su
propia indumentaria tradicional.
Lida Marín: A mí me gusta mucho la danza Mestiza Qoyacha, pero también disfruto de
la danza de los Qollas y de los Negritos. En realidad, todas tienen un encanto
especial. Cada año se incorporan nuevas comparsas, la festividad sigue
creciendo.
Quisiera compartir,
además, un recuerdo muy especial de mi padre. Le gustaba mucho la danza de los
Chilenos. No la bailaba durante las fiestas, pero sí aquí, en el patio de la
casa. Con mucha alegría imitaba sus movimientos y siempre nos hacía sonreír. Es
un recuerdo que conservo con gran cariño.
CS: ¿Qué quisieran
contar sobre esta fiesta a aquellos de nuestros lectores quienes aún no la conocen?
Lida Marín: Quisiera invitar a todas las personas, especialmente a quienes viven en
Cusco, pero también de otros lugares del país, a conocer esta hermosa
celebración. Cada año la festividad de la Virgen del Carmen de Písac crece más.
Participan más danzantes, llegan más visitantes y toda la población se prepara
con mucho entusiasmo.
Además de las
actividades religiosas, los visitantes pueden disfrutar de la gastronomía
tradicional que se ofrece durante estos días en la Plaza Constitución y en
distintos espacios del pueblo.
Uno de los momentos
más emotivos es el encuentro de las dos imágenes de la Virgen del Carmen. Ambas
permanecen juntas durante algunos días en la iglesia de San Pedro Apóstol y
luego la imagen de Ayñas retorna a su capilla, acompañada por los fieles y las
comparsas.
Rosmarina Marín: La procesión se prolonga durante gran parte del día y, posteriormente,
la Virgen retorna a su santuario acompañada por todas las danzas.
Invitamos a toda la
población a visitar Písac y vivir esta experiencia. Aunque nuestra festividad
aún no es tan conocida como la de Paucartambo, cada año recibe más y más
visitantes y continúa fortaleciéndose.
CS: ¿Cómo han vivido durante
estos días la mayordomía, acompañando al señor Raúl?
Lida Marín: Como madre, me siento profundamente feliz y orgullosa. Doy gracias a
Dios porque mi hijo haya recibido este cargo y lo esté desempeñando con tanta
devoción. Él es una persona de profunda fe y ha asumido esta responsabilidad
con mucha alegría, asistido por toda nuestra familia: su esposa Sofía, sus
hijos, sus tíos y todos quienes hemos querido estar presentes para apoyarlo. Lo
más lindo es que esta celebración también nos ha permitido reunir nuevamente a muchos
familiares.
Rosmarina Marín: Asumir un cargo requiere una preparación de muchos meses. Es necesario
organizar cada detalle y coordinar con los integrantes de la danza y con todas
las personas que colaboran en la festividad. Existe la costumbre de entregar
el tradicional pan de jurk’a y otros presentes a quienes aceptan
colaborar con el cargo. De esa manera, cada persona asume un compromiso y
contribuye al desarrollo de la fiesta. En Písac esta tradición continúa muy
viva y siempre encontramos una gran disposición de la población para juntar
esfuerzos.
CS a Raúl Galdo,
Rosmarina y Lida Marín: Por favor, coméntennos un poco sobre la historia de este antiguo
edificio, que hoy es el hotel Florencio Casa Hacienda.
Raúl Galdo: Esta casona es una construcción de fines del siglo XIX. Inicialmente
perteneció a mi tatarabuelo, quien fue gobernador distrital de Písac, cuya
jurisdicción comprendía en ese entonces los actuales distritos de Písac y San
Salvador. Además de ser gobernador, fue hacendado y una persona muy querida en
este pueblo. Posteriormente legó sus haciendas y esta casa a su hijo.
Mi bisabuelo,
Florencio Loaiza, fue una persona que, a pesar de ser abogado de profesión,
tenía una verdadera pasión por la agricultura y se dedicó plenamente a esta
actividad. Vivió aquí, en Písac, y falleció en el año 1953.
Mi familia utilizaba esta
casa como residencia de recreo para fines de semana. Aunque ya no conservaban
las haciendas, sí mantuvieron esta propiedad, que forma un conjunto con el
jardín ubicado al frente.
El jardín fue
especialmente cuidado gracias a mi abuelo, quien fue biólogo y también, en dos
oportunidades, ocupó el puesto de rector de la Universidad Nacional de San
Antonio Abad del Cusco.
Las plantas eran una
de sus mayores aficiones. Tenía una importante colección de cactus, que luego
mis tías podrán mostrarles. Con el paso de los años, la propiedad pasó a la
siguiente generación de la familia: mis tíos y mi madre, quienes hace algunos
años decidieron convertir esta casona en un hospedaje, manteniendo siempre su
esencia familiar.
Lida Marín: Esta casa perteneció a mi abuelo, Florencio Loaiza, quien, además, era
propietario de dos haciendas ubicadas en los alrededores de Písac: Huandar y
Tucsan.
Junto con él vivía su
madre, una mujer muy trabajadora y de carácter bastante enérgico. Mi abuelo
Florencio era abogado de profesión. Estudió en la Universidad Nacional de San
Agustín de Arequipa y fue un hombre de amplios conocimientos, muy atento y
diplomático. Le gustaba recibir a las personas y mostrarles su casa.
Frente a la casona
existía un jardín que, con el tiempo, fue transformado en un verdadero jardín
botánico por mi padre, Felipe Marín Moreno. Él era natural de La Convención y
se casó con Rosario Loaiza, hija de Florencio.
Rosmarina Marín: Quisiera agregar algo sobre el jardín botánico. Mi padre era botánico y
una de sus mayores especialidades eran los cactus. Tenía una importante
colección y también cultivaba diversas especies de flores.
Esta casa fue
construida en el año 1838. Actualmente, una parte del inmueble funciona como
hospedaje y fue restaurada para recibir visitantes.
Aunque existe un área
destinada al alojamiento de huéspedes, la casa principal continúa siendo la
residencia familiar heredada de mi abuelo Florencio y pertenece a toda la
familia Marín Loaiza. Es un patrimonio que compartimos con nuestros hijos y del
que nos sentimos profundamente orgullosos.
CS: ¿Qué valor y significado
tiene esta casa para su familia?
Lida Marín: Quisiera expresar, ante todo, nuestro agradecimiento a Dios y a nuestros
antepasados. Recordamos con mucho cariño a mi abuelo Florencio Loaiza, a su
madre y a mi abuela Julia, quienes dedicaron gran parte de su vida a consolidar
esta casa y a mantener unida a la familia.
También recordamos con
profundo afecto a mi padre, Felipe Marín, quien hizo realidad el jardín
botánico que hoy forma parte de este lugar. A pocos metros de esta casona
también conservamos un antiguo horno, que se suma a la historia familiar.
Todo este patrimonio representa el esfuerzo y el legado de varias generaciones,
y nuestro mayor deseo es preservarlo para quienes vendrán después de nosotros.
Cámara, sonido, edición
y fotografía fija: Alberto Cavassa; entrevista y transcripción: Olga Vallenas.