Todos
los seres humanos, independientemente de su origen, procedencia y hábitat
histórico, experimentan el hambre y necesitan alimento. A diferencia del
hambre, que es universal, la gastronomía es un elemento cultural, cuyos gustos,
métodos, formas, recetas y rituales varían enormemente según la época y el lugar del mundo. De igual modo, el sexo y la reproducción biológica son universales
(no hay sociedad humana exonerada de este quehacer), pero la sexualidad es
culturalmente diversa e históricamente cambiante.
Por
un lado, la sexualidad es un ingrediente esencial de nuestra vida, que no solo rige la
continuación de la especie humana, sino que también está íntimamente entrelazado
con nuestro universo afectivo; que constituye una fuente inagotable de
argumentos literarios y obras artísticas; que influye, conscientemente o no, en
decisiones políticas; que engrandece o destruye fortunas; que para muchos se
convierte en un verdadero motor existencial y para otros en causante de
irreparables catástrofes.
No obstante, es difícil encontrar otro aspecto de nuestras vivencias que esté
rodeado de tal cantidad de tabúes, prejuicios, dobleces y vericuetos como la sexualidad.
Cabe mencionar que no solo se trata del entorno que nos rodea hoy, sino también
de hábitos, costumbres y conceptos de muchas culturas del mundo, tanto en el
momento actual como en la dimensión diacrónica.
Si ponemos en secuencia esas ideas y prácticas de distintos tiempos y latitudes y trazamos unas sencillas comparaciones entre ellas, nos daremos cuenta fácilmente de su inmensa variación. Y no solo si cotejamos unos puntos tan distantes entre sí como los antiguos moche y el ámbito urbano del Perú contemporáneo, sino incluso si contrastamos esa cultura urbana de hoy, la tercera década del siglo XXI, con el mismo ámbito hace cincuenta años.
Esta
fecunda perspectiva histórica nos permite analizar y cuestionar los bulos anquilosados
y las prohibiciones anacrónicas que se han convertido en estorbo para la
armonía social y la felicidad individual. Pero una verdadera aproximación
crítica a esta delicada materia no nos instiga a lanzarnos ciegamente en
acciones de negación y protesta (toda cultura y todo momento histórico tiene
sus tabúes). Por lo contrario, nos guía por un camino mucho más sopesado y
maduro de reflexión, planteando una serie de preguntas: ¿Por qué la sexualidad
resulta un campo tan simbólicamente cargado y tan moralmente
sensible? ¿Por qué ha generado tantos mitos, misterios y rechazos? ¿Por qué varía
tanto de una cultura a otra y de una época histórica a la siguiente?
El
libro de Luis Nieto Degregori Historia de la Sexualidad en el Perú nos conduce
a través de esta jungla de interrogantes y, aunque el autor expresa
abiertamente sus opiniones y respuestas a muchas de ellas, deja a cada lector la
libertad plena de sacar sus propias conclusiones y formar sus juicios
autónomos.
Un
pequeño secreto de cocina: antes de publicarse, el libro llevaba otro título,
iba a llamarse Sexo a la peruana. La cautelosa política editorial exigió
una fórmula más sobria y menos provocativa. Con este cambio, el título tal vez
ha perdido parte de su gracia poética y chispa picaresca, pero adquirió el
acento necesario en la dimensión histórica, que refleja el lado esencial de su
contenido.
Todos
conocemos a Luis Nieto Degregori como literato, y el libro está enmarcado
indudablemente en el género literario de no ficción, aunque algunos de los
capítulos están salpicados de detalles ficcionados. No se trata de un estudio
académico, lo cual le da licencia al autor para usar un gran espectro de
estilos, lenguajes, fuentes y digresiones. Aún así, al final del volumen se
encuentra una consistente y mesurada lista de referencias bibliográficas, que permite
a los curiosos profundizar en las materias de su interés, sin abrumarlos con
una fila excesiva de títulos y autores. Nieto ofrece un repaso crítico de un buen número de investigaciones realizadas por distintos autores, pero en algunos acápites
se basa en sus propias indagaciones y brinda datos novedosos e inéditos.
El
volumen se divide en cinco partes, según las grandes etapas de la historia
peruana: períodos preincaico e incaico, conquista, colonia, independencia y
república. Esta última sección se prolonga hasta nuestros días, brindando algunas
reflexiones sobre los drásticos quiebres recientes en las ideas convencionales sobre la sexualidad y sobre el rol transformador de nuevos medios de comunicación en
este proceso.
Por
razones obvias, debido a una mayor disponibilidad de información, las épocas
más cercanas al presente están cubiertas con mayor detenimiento. Es fácil notar que tres de las secciones sintetizan períodos temporales prolongados –la
época prehispánica, el virreinato y la república–, mientras otras dos enfocan lapsos
temporales más breves –la conquista y la independencia–, puntos de inflexión
cruciales en el proceso histórico del Perú. La sexualidad y los conceptos que la
encofran, dan giros junto con la sociedad y sus rumbos
políticos. Además, los momentos de grandes turbaciones suelen producir brotes
efervescentes de historias románticas, sórdidos escándalos y leyendas
pasionales.
Las
cinco secciones del libro aglutinan 46 de ensayos, algunos centrados en
personajes o episodios concretos, representativos y característicos para la
respectiva época, o, por lo contrario, disonantes con su espíritu. Otros textos
están dedicados a procesos más lentos y paulatinos: consolidación de normas,
métodos para su cumplimiento, divergencias de esas normas, su erosión e
instauración de nuevos criterios.
Una
de las líneas centrales, que atraviesa todo el libro, es el rol de las mujeres
en la praxis de la sexualidad y en los imaginarios florecidos en torno de ella. El autor se detiene en algunos personajes femeninos emblemáticos, ya sea por su triunfo e influencia o por su destino trágico. Encontramos aquí
ensayos biográficos sobre las figuras dan distintas como Inés Huaylas, Angelina
Yupanqui, Francisca Pizarro, Beatriz Clara Coya, María Pizarro, la Perricholi,
Rosa Campusano y Manuela Sáenz.
Por
otro lado, varios capítulos enfocan la sexualidad no binaria, las
disidencias sexuales y las conductas contestatarias que desafiaban las reglas
establecidas. Se habla de las represalias y persecuciones a las que eran sometidos
los díscolos e irreverentes, o simplemente aquellos quienes no encajaban en los esquemas prefabricados. Se esbozan los mitos y estereotipos que se
formaban alrededor de ellos en distintas etapas históricas y contextos
sociales. Uno de los personajes retratados con mayor relieve es el célebre
cocinero afrodescendiente Juan José Cabezudo, quien no tuvo temor de hacer gala
de su travestismo en Lima en pleno siglo XIX.
Uno
de los lados más nutritivos de este libro es la amplitud de su visión y la
pluralidad de sus ángulos narrativos. La sexualidad, en sus múltiples formatos
socioculturales, no se presenta como un terreno aislado, enclaustrado entre la
sacralidad y la vergüenza, sino se muestra como un paisaje abierto al debate,
donde la biología se encuentra con la religiosidad y la moral, donde guerras y
revoluciones se ven atravesadas por dramas sentimentales, donde la ternura y el
afecto chocan contra la malicia y la violencia, donde encuentros y
desencuentros íntimos comparten el tablero con frías y despiadadas luchas por
el poder.
Siendo
un libre collage de ensayos relativamente autónomos, la Historia de la
sexualidad se asemeja a un juego para armar. Se puede agregarle piezas infinitamente,
haciendo el mosaico cada vez más complejo e intrincado. Recapitulando, se
podría notar que en la galería de retratos faltan algunas figuras icónicas,
tales como Flora Tristán, Francisca Zubiaga o Clorinda Matto. En las geografías
exploradas también se perciben algunas lagunas: a los mundos tradicionales de
la sierra y la Amazonía solo se destinan algunos pasajes bastante modestos.
Luis
Nieto confiesa que en su voluminoso tintero se han quedado varios ensayos
inacabados. Decidió no incluirlos en esta versión del libro por no haberles
dado aún el desarrollo merecido. En tal caso, nos quedamos a la expectativa de
un segundo tomo, y tal vez de unos cuantos más, dado que el vasto océano de la
sexualidad nacional abre un potencial ilimitado para la navegación histórica y la
creación literaria.
El libro puede ser adquirido en Cusco en la librería Grandifer, plaza Limacpampa Grande. En Lima estará en venta en la Feria Internacional del Libro, stand 37.