¿Dónde
termina la historia y empieza el presente? Técnicamente, lo que sucedió hace un
año (o ayer, o hace media hora, de ser el caso) le pertenece al pasado y, por
lo tanto, es historia. Existe la idea recurrente de que la historia es
necesariamente sobre ciclos cerrados: una guerra culminada, un personaje muerto
y sepultado, un paradigma archivado. Pero se sabe también que los ciclos nunca
cierran del todo, siempre dejan tras de sí efectos postergados y cabos sueltos.
Y si se trata de la historia reciente, sus cicatrices en el cuerpo de la
sociedad no solo permanecen visibles sino a menudo también siguen causando dolor.
El
nuevo libro de José Ragas y Charles Walker Las guerras de la historia: el
uso político del pasado en el Perú explora la vigencia de narrativas y
símbolos de diversas épocas en la construcción de discursos y esquemas
ideológicos actuales. Ambos autores son historiadores de larga trayectoria. A
Charles Walker, reconocido especialista en la rebelión de Túpac Amaru, no hace
falta presentarlo a nuestros lectores. El nombre de José Ragas, investigador
peruano hoy radicado en Chile, sonó con fuerza hace pocos meses gracias a su
nuevo libro Lima chola.
Las
guerras de la historia
es un cuaderno breve de ensayos, que tiene la consigna clara de dar un mensaje
al público peruano en la víspera del cambio de gobierno. El 21 de julio la publicación se presentó
en nuestra ciudad, en el Centro Bartolomé de Las Casas, recibiendo una emotiva
reacción por parte de los asistentes. Su punto de partida está formulado
expresamente en el texto introductorio: ¿Por qué el país lleva una década
entera sumergido en una crisis política continua?
Cada uno de los autores se apoya en su propio campo de estudio y visión de la historia, pero ambos comparten una postura política común, que trasluce en sus textos bajo la
recurrente fórmula “izquierda progresista”, definición que enmarca un gran
espectro de sentidos y connotaciones. No pretenden ser presuntamente
“imparciales” y supuestamente “objetivos”. Quien cree que se puede ingeniar una
historia pulcra e incólume sin ángulos o sesgos, que arroje la primera piedra.
La
problemática a flor de piel que recoge este libro es el uso de narrativas
históricas para sustentar o refutar los diversos idearios vivos y activos del
momento. Este uso puede traducirse tanto en vindicación sincera y fundamentada
(aunque siempre regida por un determinado vector) como en franca manipulación y
deliberada tergiversación. En este último caso se convierte en una muletilla de
la propaganda. Solo un ciudadano alerta y debidamente preparado puede resistir las
argucias y los embustes de la maquinaria política.
En
el actual clima de avalancha mediática que amenaza con convertir toda
información en ruido blanco, una de las dolencias más comunes de la sociedad
humana universal (y no solo de la peruana) es la apatía política. La poca
voluntad de procesar y dar valoración a los acontecimientos del pasado tiene
como reverso la escasa reflexión sobre el contexto presente y las acciones
propias. Esta pereza y miopía van de la mano con el consumismo pasivo y frívolo
que afecta en gran medida a las generaciones jóvenes. Los autores señalan que el
despertar de las consciencias y el renacimiento de la cultura de protesta llegan
en los momentos de crisis y estallidos sociales, como las que hemos vivido en
los años recientes.
Uno
de los puntos comentados a mayor profundidad son las grandes figuras de la
historia, enarboladas como símbolos representativos por tendencias y movimientos políticos. La expertise
de Charles Walker en la materia de la Gran Rebelión da pie a un repaso certero,
aunque muy sintético, del rol de Tupac Amaru y Micaela Bastidas como íconos que
atraviesan el tiempo: su recuerdo velado en el proceso de la independencia, su
resurgimiento durante el gobierno de Velasco y el reciente apogeo de la imagen
de Micaela como un poderoso ideal femenino. Se menciona también la nueva
resignificación de la figura de Túpac Amaru, que puede resultar sorprendente
para muchos, por algunos voceros del libertarismo, quienes acentúan su protesta
contra el alza de impuestos por el Estado borbónico.
Al
mismo tiempo, los autores del libro advierten del riesgo que conlleva la
excesiva explotación de esos símbolos: “Una sobreexposición de las figuras de
Túpac Amaru y Micaela Bastidas puede convertirlos en personajes banales en el
mediano plazo. Sus rostros están en productos y mercadería que van de tazas a
polos, y forman ya parte del kitsch peruano.”
El
libro esboza también cómo el propio general Juan Velasco Alvarado se iba convirtiendo
en un potente símbolo de cambio y justicia social. Ese proceso se perfiló con
mayor relieve durante la conmemoración del 50° aniversario de la Reforma Agraria en 2019 (todos tenemos presente el memorable documental de Gonzalo
Benavente Secco La revolución y la tierra). A pesar de su gran peso y
trascendencia, el icónico líder tampoco se ha salvado de la plaga de
“memización”, apareciendo hasta en tarjetas digitales de San Valentín.
Como
señalan con mucha razón Ragas y Walker, los movimientos de izquierda han sido
mucho más prolíficos y exitosos creando y promoviendo íconos de amplia
popularidad y aceptación. La derecha no ha logrado producir de su seno ninguna
figura que obtuviera un impacto equiparable.
Un
capítulo especial del libro está dedicado al tema de la memoria sobre el
conflicto armado interno, haciendo seguimiento a las investigaciones de la
Comisión de la Verdad y Reconciliación y a la compleja y accidentada historia
del Lugar de la Memoria (LUM), blanco constante de represalias y acusaciones y
foco de arduos debates. La temperatura de las pasiones y controversias alrededor
de este connotado proyecto muestra que las llagas y heridas dejadas por esta
trágica etapa de la historia peruana reciente siguen abiertas e inflamadas, y
que su sanación aún llevará un tiempo prolongado.
Otro
acápite pone bajo lente la nueva ola del resucitado hispanismo en el Perú, con
la solapada reafirmación de la supremacía cultural ibérica y la visión del
Imperio Español como portador global del impulso civilizatorio. Este discurso promueve
la idílica imagen de su expansión no violenta y su mesianismo histórico
conciliador. Como ilustración sintomática a este tema se toman los incansables
traslados de la estatua ecuestre de Pizarro por el centro de Lima. La agitada
trayectoria de ese inquieto monumento hace suponer que su paradero actual en
las inmediaciones de la Plaza de Armas tampoco es el definitivo.
Una
de las tesis de mayor alcance y magnitud que plantea el libro de Ragas y Walker
es la necesidad urgente de un puente entre la historia académica y el debate
político abierto e inclusivo. La historia es una sustancia demasiado caustica
para ser contenida en un frasco aséptico de laboratorio. Debe salir del encierro para ser absorbida,
asimilada y procesada por la sociedad de manera crítica y consecuente. Caso
contrario, se presta a ser convertida en un arma de embaucadores sin
escrúpulos. El capítulo introductorio llama al desarrollo de una Historia
Pública, una historia de alta calidad profesional, pero orientada a toda la
población. Solo de esta forma se podría darle una vida plena al pasado que
siempre sigue con nosotros.
Por
su breve extensión y su formato de una serie de bosquejos, Las guerras de la
historia invita a desarrollar los temas planteados con mayor detalle. Se
podría ver en esta obra la promesa de un estudio más grande. También se puede
interpretarla como un llamado a debate, donde se encuentren distintas
posiciones y argumentos. Un debate tal vez tenso, pero honesto y respetuoso, es
la mejor vacuna contra el autoritarismo.
En el Cusco el libro puede ser adquirido en la librería Génesis, esquina de las calles Santa Catalina Ancha y Santa Catalina Angosta.