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Arguedas y el inimitable universo de sus obras literarias han sido por años fuente de inspiración para las nuevas generaciones de escritores y un terreno infinito para interpretación y estudio. Su figura es clave en el surgimiento de la palabra propia de la sierra peruana, menospreciada durante largo tiempo frente a la voz dominante de la literatura capitalina. Ya durante la vida del autor sus escritos atravesaron varias oleadas de generosos elogios y severas críticas. Después de su trágica y prematura muerte, la producción meta-arguediana se fue multiplicando año tras año.

En este panorama, el trabajo de la filóloga Sara Castro-Klarén fue uno de los esfuerzos pioneros. La primera versión de su libro El mundo mágico de José María Arguedas salió publicada por el Instituto de Estudios Peruanos en 1973, tan solo cuatro años después de la partida del gran literato. Vio luz casi simultáneamente con otra investigación magistral, Los universos narrativos de José María Arguedas, de Antonio Cornejo Polar.

Hoy, pasado casi medio siglo, el IEP nos trae una segunda edición del estudio de Castro-Klarén, ampliada y completada con cuatro nuevos capítulos y un prólogo actualizado. La publicación está disponible tanto en formato impreso, en la Colección Popular del IEP, como en formato digital.

Sara Castro-Klarén tuvo la suerte de conocer a Arguedas en persona durante la breve estadía del escritor en los Estados Unidos en 1965, para luego continuar la conversación en 1966, ya en Lima, en el marco de su labor de doctorado para la Universidad de California en Los Ángeles. Su tesis, defendida en 1968, se titulaba The Fictional World of José María Arguedas.

En su acercamiento a la obra de Arguedas, la autora se aparta de dos tendencias que estaban de moda en aquel tiempo. Se niega a enlazar los escritos con los vaivenes biográficos del literato y no intenta mostrar su creación como un reflejo de sucesos de su vida. Dado el manifiesto matiz autobiográfico de varios libros de Arguedas, esa condición representa todo un reto. Por otro lado, la investigadora no se propone pasar las novelas por el tamiz de la realidad social y el contexto político de su tiempo, otro enfoque recurrente.

Lo que le interesa a Castro-Klarén es el aspecto literario de los textos de Arguedas: la forma cómo teje su mundo de ficción, la concepción de personajes, la construcción de entornos, la gama emocional y afectiva, las peculiaridades del lenguaje arguediano y la evolución de su arte literario de una obra a otra. También busca en la palabra de Arguedas ecos y destellos de otras obras literarias, desde La Divina Comedia y El Quijote hasta Octavio Paz.

La autora sostiene que la tradición oral quechua tuvo más influencia en Arguedas que la literatura escrita. A pesar de su extraordinario manejo del castellano, el abismo y el contraste entre un mundo basado en la oralidad y el ámbito de la escritura trasluce en todo su legado.

A diferencia de muchos otros investigadores, quienes ubican a Arguedas dentro del llamado “neoindigenismo”, o indigenismo tardío, Castro-Klarén califica su escritura como “realismo indigenista, que no es el indigenismo”.

En la primera edición, las reflexiones de la investigadora giraban alrededor de las tres novelas que ella consideraba de mayor trascendencia: Yawar Fiesta, Los ríos profundos y Todas las sangres. En los capítulos agregados a la segunda edición, pone, además, una atención especial en el último libro de Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo.

Los dos primeros capítulos analizan Yawar Fiesta, la primera obra extensa de Arguedas (1941). Muestran cómo se arma el paisaje espacial y social de Puquio, lugar donde Arguedas vivió en su infancia, reelaborado y restructurado según la lógica narrativa. Ese microcosmos rural despliega ante el lector las jerarquías, alianzas y odios entre distintos grupos y bandos, que nos hablan por boca de personajes que los representan. La complejidad y variedad de la sociedad serrana, retratada desde una visión cercana, “desde adentro”, rompe los esquemas simplistas propios del indigenismo, que suele idealizar o victimizar al indígena.  

El segundo capítulo resalta el peculiar lenguaje, mezcla de castellano y quechua, un lenguaje que Arguedas oyó durante toda su infancia y adolescencia en la sierra y que luego trató de recrear de manera consecuente y sistemática en Yawar Fiesta. Es el llamado “castellano indio”, que supuestamente contraviene las normas del español “correcto” y “literario”.  

El tercero y el cuarto capítulos se centran en la novela Los ríos profundos (1958). Fiel a su propuesta inicial, la autora no ve este épico relato desde su lado autobiográfico, la faceta más obvia y transitada. Por lo contrario, analiza la trama independientemente de los hitos conocidos de la vida de Arguedas, como si fuera una obra de ficción pura y autónoma. Indaga a fondo en el universo personal de Ernesto, el protagonista (alter ego del autor), trazando sus relaciones con otros personajes, con la música, con la naturaleza, con la vida itinerante que se ve obligado a llevar y con el entorno opresivo de la institución educativa en la que se encuentra atrapado. Los escenarios principales en los que se desarrolla la novela, Cusco y Abancay, marcan el crecimiento personal de Ernesto y su percepción de la realidad. La autora resalta la poética de la memoria como un elemento de suma importancia que atraviesa esta obra de principio a fin.

Los capítulos 5 y 6 están dedicados a Todas las sangres (1964), obra que Castro-Klarén caracteriza como “la novela de mayor envergadura” de Arguedas. Aquí los poéticos viajes y búsquedas personales de Los ríos profundos ceden lugar a un cuadro siniestro de erosión y colapso de la sociedad arcaica, corrupta y cargada de taras, en un encuentro con la modernidad que resulta no menos corrosiva. En el pueblo de San Pedro se entrecruzan conflictos de distintos orígenes: los antagonismos entre el añejo orden feudal y la agresiva marcha del extractivismo, la exacerbada enemistad entre serranos y costeños, entre terratenientes y campesinos, entre el patriarcado y la agencia femenina. Esta obra se perfila como la más ambiciosa en cuanto a la complejidad del argumento y la multitud de personajes. En su raíz está la arquetípica lucha de dos hermanos, ambos maldecidos por su padre, que representan dos principios opuestos. La violencia y el derramamiento de sangre se ven como una catarsis llamada a limpiar la tierra de tanta maldad que se arraigó en ella.

El séptimo capítulo, que en la primera edición cerraba el libro de Castro-Klarén, brinda algunas observaciones comparativas entre distintos textos de Arguedas, tanto las novelas comentadas en los acápites anteriores como el resto de su legado literario. Aquí la autora revela su propia apreciación del espíritu arguediano, que esboza de la siguiente manera:

Lo que a Arguedas le interesa es el hombre, esa criatura que en manos del conocimiento científico se empobrece y disminuye. Junto con los románticos no solo afirma las formas irracionales o mágicas del conocimiento humano, sino que rechaza todo materialismo y utilitarismo como normas de conducta y de posiciones filosóficas.

Y luego:

Arguedas novela dentro de la modalidad del realismo, es decir que su técnica es parecida a la elaborada por los realistas, pero su sensibilidad, su visión del mundo es más afín a la que para sí proclamaron autores como Víctor Hugo, Shelley, Wordsworth y que después se vino a conocer como el romanticismo.

A continuación, al cuerpo principal del libro, de la década de los 70, se suman cuatro artículos más tardíos, escritos por Castro-Klarén en distintos momentos. El capítulo 8 vuelve sobre el tema del bilingüismo en los textos de Arguedas y amplía la discusión en torno del “castellano indio”; el quechua y el castellano se encuentran como dos modos cognitivos y expresivos opuestos, pero unidos en una fusión dialéctica.

El capítulo 9 llena el vacío dejado en la primera versión del libro, centrándose en El zorro de arriba y el zorro de abajo, la obra más intrincada y menos comprendida de Arguedas, su último escrito inconcluso, impreso póstumamente en 1971. La narración sobre la industria pesquera en Chimbote se entrelaza en ella de una manera extraña con los “diarios” de Arguedas que registran, con una crueldad implacable, el camino del escritor hacia la decisión de quitarse la vida. Su compleja y fragmentada narrativa está marcada también por los elementos de la mitología prehispánica tomados del manuscrito de Huarochirí, documento histórico publicado por Arguedas pocos años antes.

El décimo capítulo es una especie de anexo complementario, un artículo más reciente sobre la relación de la literatura de José María Arguedas y William Henry Hudson con la teoría rizomática de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Aquí la autora se aparta del análisis netamente filológico para adentrarse en las selvas de la filosofía moderna.

El último artículo de la segunda edición señala algunas nuevas ópticas y perspectivas cristalizadas en los estudios sobre Arguedas en los años recientes.

Como muchas figuras monumentales de letras universales, Arguedas sigue siendo un tema inagotable de debate y un referente de dimensiones mitológicas. Este libro es una de las piedras angulares en el estudio de su legado.

En Cusco, la segunda edición del libro El mundo mágico de José María Arguedas de Sara Castro-Klarén puede ser adquirida a través de las librerías SBS y Crisol, o contactando directamente el Fondo Editorial del IEP aquí.

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