Este año el Fondo Editorial
de la Pontificia Universidad Católica del Perú publicó la traducción al en
español del más reciente libro de Christopher Heaney El Imperio de los
Muertos: Las momias inca y los museos de las Américas. La versión original
en inglés salió en 2023, editada por la Universidad de Oxford, bajo el título Empires
of the Dead: Inca Mummies and the Peruvian Ancestors of American Anthropology. Heaney
es historiador, periodista y literato estadounidense; actualmente es docente en
la Universidad de Pensilvania (Penn State). Es conocido en el Perú por
sus investigaciones sobre la historia de la arqueología andina, en concreto,
sobre el proceso de puesta en valor de Machupicchu. Su colega, historiador
Charles Walker (Universidad de California, Davis), nos brinda gentilmente una
detallada reseña de este volumen. En Cusco el libro puede ser adquirido en la
librería Genesis (ver aquí).
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Quise escribir una nota para Cusco Social
sobre este gran libro, que contribuye a muchos debates actuales en Cusco y
otras regiones. Decidimos publicar aquí, traducida, una reseña que escribí para
Hispanic American Historical Review. El Imperio de los Muertos nos
muestra la enorme importancia de las momias para los incas y analiza las
disputas por su control durante la conquista y la república, batallas que
continúan hasta el presente y que involucran a comunidades campesinas,
científicos, autoridades y museos internacionales.
Christopher Heaney ha escrito un estudio notable sobre las momias andinas, desde aproximadamente el siglo XIV hasta la actualidad. Comprendidos por los incas y otras civilizaciones como ancestros inmortales, por los colonizadores españoles como un botín de victoria frustrantemente problemático, y por científicos y museos como una pieza indispensable del rompecabezas humano, estos restos vivientes han provocado controversias y enfrentamientos fascinantes y prolongados desde la conquista. De hecho, parecen figurar prácticamente en cada punto de inflexión importante de la historia longue durée del Perú, así como en muchos momentos clave de la antropología y la arqueología. Heaney guía al lector con elegancia desde el Tahuantinsuyo hasta las disputas museísticas contemporáneas sobre la repatriación, contribuyendo a numerosos debates interdisciplinarios. Cualquiera que participe en (o esté intrigado por) las polémicas sobre la custodia de restos humanos, se beneficiará de la lectura de El Imperio de los Muertos.
La investigación impecable y la vívida prosa
de Heaney, conocida para muchos por su trabajo periodístico en revistas como The
New Yorker y The Atlantic, destacan en los cruciales capítulos
iniciales sobre la comprensión que tenían los incas y otros grupos
precolombinos del rol de los muertos, la veneración de los antepasados y el
cuidado post mortem de sus cuerpos. A diferencia de los conquistadores,
científicos y políticos, a quienes se refieren los capítulos siguientes, Heaney
respeta esas visiones y prácticas antiguas. Las dilucida mediante una minuciosa
etnohistoria, sumando con éxito sus hallazgos a los debates pasados y presentes.
Cuenta la versión inca de la historia, y es una historia asombrosa. En medio de
la conquista, los guerreros incas hicieron todo lo posible por salvar a sus ancestros,
preocupándose a menudo por los muertos en igual medida que por los vivos.
La interrogante acerca de qué hacer con las antiguas
tumbas y sus restos humanos desconcertó a los recién llegados. Los actos de saqueo o destrucción solo parecían aumentar la reverencia del pueblo andino por
los difuntos, acrecentando su magnetismo y poder, y debilitando así la
hegemonía de los invasores. La lealtad de las poblaciones andinas hacia sus
muertos intrigó a los españoles y, a mediados del periodo colonial, los
europeos y criollos también empezaron a mostrar fascinación por las tumbas y los
cuerpos de los difuntos.
En busca de información, los españoles
hicieron «bioprospección» —término que el autor aplica con cautela— de esos
restos, parte de lo que él define como el «imperio mortuorio». El pintoresco relato
de Heaney sobre Lionel Wafer, quien llegó a Puerto Bermejo en 1687 a bordo de
un barco pirata, pone de relieve estas diferentes olas de exploración e
interpretación. El aventurero galés describió unos cuerpos que se asomaban de
la tierra en las playas del río Huarmey. Tras interrogar a los lugareños y
desenterrar los restos, compuso la historia de un grandioso asentamiento inca.
Wafer fue uno de los muchos aventureros y protocientíficos de este tipo. En la
etapa antecedente a las ciencias modernas, viajeros y estudiosos a lo largo del
periodo colonial buscaron las «momias incas» y debatieron sobre ellas, intentando
utilizarlas para descifrar la historia distante y respaldar afirmaciones a
menudo estrafalarias.
Heaney capta con agudeza el largo proceso evolutivo
del escrutinio científico —y el abuso— de los restos incas. En estos capítulos
iniciales, sin embargo, a veces incluye un excesivo número de ejemplos y cita
demasiadas obras, haciendo que su prosa se le adelante. En algunas secciones,
se plantea unas metas demasiado ambiciosas, abordando múltiples debates
académicos y corrientes historiográficas, mientras intenta mantener la
narrativa legible e incluso entretenida. Tuve que releer algún párrafo una o
dos veces. Sin embargo, se trata de un reparo menor, debido principalmente al
reto tan alto que el mismo autor se impone como escritor e investigador.
Muchos académicos, abordando este tema, se
habrían puesto como límite el siglo XVIII, quedando satisfechos con un tour de force
etnohistórico y sus ramificaciones a numerosas disciplinas y controversias. Afortunadamente,
Heaney lleva la historia hasta el siglo XXI. Su énfasis en el interés por los
muertos y la búsqueda de un supuesto código secreto del pasado humano ofrece aproximaciones
sorprendentemente novedosas tanto a la historia andina como a la antropología y
los estudios museísticos. Por ejemplo, el capítulo sobre la «momia de San
Martín» recoge muchas de las ambigüedades y contradicciones de la independencia
peruana, particularmente, la pregunta sobre los destinos de la población indígena
y los silencios alrededor del legado de los incas.
Su estudio sobre Julio C. Tello (1880-1947)
es un ejemplo de historia intelectual y un ejercicio biográfico de primer
orden. A lo largo de dos capítulos, Heaney traza el ascenso de Tello como reputado
arqueólogo, el desdén que recibió en el Perú debido a sus humildes orígenes y
las aguas turbulentas que tuvo que navegar en el extranjero mientras buscaba
apoyo para sus proyectos de investigación en instituciones estadounidenses y
europeas. A lo largo de su extensa carrera, Tello se enfrentó al racismo y a
las mezquindades que obstaculizaban su trabajo. Estos dos capítulos no solo son
una biografía extraordinaria que hace lucir la profunda pesquisa y la rica
prosa de Heaney, sino también una muestra de historia transnacional en su
máxima expresión. La narración se desplaza con facilidad entre el Perú
—Huarochirí, Lima, Cusco y más— y los Estados Unidos —las Universidades de
Harvard y Filadelfia y museos como el Peabody—. Estos dos capítulos sobre Tello
serán reveladores para cualquiera que esté interesado en la época moderna de América
Latina, la arqueología y el resto de los múltiples campos de estudio que aborda
Heaney.
En el epílogo, Heaney retoma y sintetiza sus
diferentes argumentos y narrativas, haciendo notar la preocupante abundancia
de momias andinas en los museos de todo el mundo. El autor no se limita a
reprender a quienes han facilitado el desplazamiento de estas piezas de
colección, desde saqueadores hasta directores de museos, sino que pone acento
en las formas alternativas de entender la trascendencia de las momias y
reubicarlas. Pocos historiadores han hecho un servicio equiparable para
replantear el uso actual del pasado.
El
lector cusqueño encontrará en este volumen mucha información de su interés. Me
fascinó, por ejemplo, la descripción y el análisis del duelo por la muerte de
Huayna Cápac y del viaje de su cadáver, «vestido con una fina túnica y un
manto, y colocado en una litera adornada con plumas y oro» (p. 70). La
investigación es muy seria, y el estilo literario de Heaney, en la traducción
de Eliana Gamarra Carrillo, es excepcional.
Además,
la edición sobresale por su estética, con ilustraciones y otros toques
artísticos admirables. Aprovecho la oportunidad para expresar mis felicitaciones
al Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, que nos trae un
libro altamente recomendable, atractivo tanto para especialistas como para
público amplio. Será beneficioso en una variedad de cursos académicos y
contribuirá a los debates sobre los Andes, sobre su pasado y presente.