El equipo de Cusco
Social conversó con la ecóloga cusqueña Carmen Chávez, educadora e
investigadora, exploradora de National Geographic, quien compartió con
nosotros detalles de su trayectoria profesional, su profundo vínculo con la
Amazonía peruana y su compromiso con la conservación de la biodiversidad. Hablamos
sobre sus experiencias de investigación y educación ambiental, sobre los
principales desafíos que enfrenta nuestro país frente al cambio climático y
sobre la importancia de fortalecer, desde la pedagogía, nuestra relación con la
naturaleza.
CS: Coméntenos, en
breves palabras, acerca de su labor como bióloga y su especialidad.
Soy bióloga y ecóloga formada en
la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC). Desde niña sentí
curiosidad por los bosques amazónicos, una vegetación y paisaje distintos al
entorno cusqueño. Mi formación como bióloga de campo la obtuve en la Estación
Biológica de Cocha Cashu, dentro del Parque Nacional del Manu. Allí trabajé varios
años como investigadora y asistente, realizando también mi tesis.
Posteriormente cursé maestría en Costa Rica y Estados Unidos, formándome como
ecoconservacionista. Tras 20 años de trayectoria, mi camino me llevó hacia la
educación ambiental.
CS: ¿Cómo desarrolla
su labor de educadora ambiental?
La mayor riqueza biológica no
siempre está en los animales o plantas más vistosos (como el jaguar, puma o
vicuña), sino en organismos invisibles o poco conocidos como insectos, hongos y
bacterias, que constituyen la base de la vida. Como educadora, he buscado
transmitir este conocimiento en colegios públicos a nivel nacional,
especialmente en la Amazonía peruana, para conectar a estudiantes y profesores
con la naturaleza. Obtuve la certificación como docente y desarrollé programas
educativos en comunidad.
Entre mis proyectos resalta un
programa de más de una década en Madre de Dios (extendido luego a Loreto y
Ucayali), enfocado en los «bichitos del agua» (macroinvertebrados acuáticos),
que son bioindicadores de la calidad del agua. Este proyecto articuló mi trabajo
con niños de escuela, la capacitación a docentes en campo, el apoyo de un
cuerpo de voluntarios universitarios y el análisis de laboratorio especializado en
Lima y el extranjero. Gracias a este esfuerzo, se descubrieron dos géneros de
escarabajos acuáticos y se lograron nuevos registros de especies para el Perú, que
luego fueron incluidos en varias tesis de pregrado y maestría.
CS: ¿En qué
instituciones ha trabajado y con cuáles ha colaborado?
En cuanto a instituciones
académicas de formación, tengo que nombrar a la UNSAAC (Cusco), la Universidad de
Costa Rica, la Organización de Estudios Tropicales, la Universidad de Wake Forest
(EE. UU.) y actualmente la Universidad de Miami, donde llevo estudios doctorales.
También, de las universidades nacionales, hay que mencionar la Universidad
Nacional Amazónica de Madre de Dios (UNAMAD), la Universidad Nacional de San
Martín (UNSAM) y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). De las entidades
públicas, por supuesto, el Ministerio del Ambiente (MINAM), el Ministerio de
Educación (MINEDU) y diversas UGELes. Además, entre las instituciones
internacionales tengo que destacar la Universidad de Duke, la Universidad de
Harvard y la revista National Geographic.
CS: ¿Cuál es su relación
con National Geographic?
Este vínculo inició hacia el 2016.
Presenté junto a mi equipo una propuesta de investigación y educación enfocada
en la conservación de los bosques amazónicos, impulsada desde las comunidades
locales. La propuesta fue seleccionada y, a partir del 2017, fui nombrada exploradora
de National Geographic. Este título me facilitó financiamiento, respaldo
institucional y acceso a una red de investigación. Quiero decir con orgullo que
ya somos tres las egresadas de la UNSAAC que ostentamos este título.
CS: ¿Cuál es la
importancia de la conservación del medio ambiente, desde su experiencia?
La conservación de nuestro entorno
natural es una tarea vital y prioritaria, pues los seres humanos dependemos
íntegramente de la naturaleza, empezando por el oxígeno y el agua y terminando
por nuestros alimentos. Ya no es válida la postura antropocéntrica de ver al ser humano
en la punta de la pirámide, somos solo un eslabón dentro de una cadena compleja.
Vivir en entornos urbanos, rodeados de infraestructura artificial, suele
alejarnos de esa noción de dependencia.
El Perú tiene el privilegio de gozar
de biodiversidad única, favorecida por el Océano Pacífico, los Andes tropicales
y la Amazonía, además de poseer una amplia variedad de climas y una inmensa
riqueza cultural. Cuidar este medio ambiente es un deber humano y moral, reflejado
en el principio andino de la reciprocidad, el deber de cuidar a la tierra para que
ella nos cuide.
CS: ¿Cuáles son los
mayores riesgos ambientales que estamos enfrentando en el Perú y en el mundo?
A nivel global, estamos ante la crisis del cambio climático y el calentamiento global, provocados principalmente por países desarrollados. Esos impactos exacerban fenómenos como El Niño y aceleran el derretimiento acelerado de glaciares. El Perú ha perdido cerca de la mitad de sus glaciares en los años recientes.
Otros peligros son el
mal uso de la tierra y el extractivismo, la deforestación masiva y el avance
sin planificación de la frontera agrícola. La tala ilícita y el narcotráfico
conducen a la pérdida irrecuperable a corto plazo de bosques amazónicos y
andinos.
La minería ilegal, en las regiones
como Madre de Dios o Cusco, destruye ecosistemas y genera una grave crisis
humanitaria. Destaca el uso desmedido del mercurio, una neurotoxina que
contamina ríos y la fauna acuática, afectando el sistema nervioso de la
población e intoxicando a comunidades indígenas, tales como las poblaciones machiguengas
en el Manu.
CS: ¿Qué podemos hacer
como ciudadanos para combatir esos males?
Una de las principales estrategias
es la exigencia y alerta política. Es necesario participar activamente en las
decisiones públicas, pues ni la ciudadanía ni la clase política han priorizado
la agenda ambiental. Hay que alertar contra iniciativas gubernamentales o
legislativas que pretenden abrir las Áreas Naturales Protegidas e intangibles a
la exploración y explotación de hidrocarburos y otras actividades extractivas. Es
indispensable poner énfasis en la defensa territorial y social: proteger las
áreas naturales no solo por su valor biológico, sino por resguardar la vida de
los pueblos indígenas en aislamiento o contacto inicial.
El rol crucial en este proceso lo
juega la educación ambiental, que promueve una reconexión con el medio ambiente
y ayuda a revalorizar los conocimientos de las culturas originarias, basados en
la reciprocidad con la naturaleza.
CS: ¿Qué estrategias y
métodos ha aplicado en su labor pedagógica? ¿Qué proyectos educativos ha
realizado?
La principal estrategia
metodológica es el aprendizaje vivencial, «manos a la obra», que utiliza el
campo como aula para experimentar, tocar y observar sin temor.
Usé el ejemplo de pequeños
organismos acuáticos para enseñar ciencia y evaluación ambiental en colegios de la
Amazonía. Implementé las iniciativas «Cuidando las aves de tu región» y «La
mariposa de mi región», concursos y programas desarrollados junto al Museo de
Historia Natural de la UNMSM y el Jardín Botánico Fairchild (Miami), donde
expresiones artísticas y trabajos de investigación de niños peruanos
compitieron internacionalmente.
Junto a expertos internacionales,
impartimos talleres de 5 a 6 días en el bosque amazónico para capacitar a
profesores rurales, desmitificando algunas creencias infundadas sobre la selva.
Uno de los proyectos más
significativos fue el monitoreo de mamíferos con cámaras trampa en Madre de Dios,
que estuvo respaldado por National Geographic durante cinco años.
Estudiantes universitarios de la UNAMAD y alumnos de escuelas colocaron y gestionaron
cámaras en áreas de conservación, recopilando más de 100 000 imágenes y
documentando 41 especies de mamíferos medianos y grandes. La iniciativa
involucró a una red de voluntarios nacionales e internacionales para el
análisis fotográfico y la identificación de especies con apoyo de expertos.
Logramos la publicación de un
libro infantil sobre mamíferos, con un tiraje de 1000 ejemplares, distribuidos
gratuitamente en comunidades indígenas de Madre de Dios. El libro incluyó
descripciones científicas, imágenes donadas por el fotógrafo de National
Geographic, ilustraciones para colorear, códigos QR para ver videos de los
animales y la denominación de cada especie en lenguas originarias.
CS: ¿Qué fue lo que
despertó su pasión por la Amazonía?
En un principio, fue una influencia
familiar, tuve el contacto directo con la tierra desde la infancia y mis padres
motivaban viajes de campo.
El episodio determinante llegó a
ser una charla escolar. Cuando yo estaba en la primaria y tenía alrededor de
los 10 años, un grupo de especialistas y estudiantes de biología visitó mi colegio
y proyectó unas diapositivas sobre el Manu, mostrando guacamayos multicolores, jaguares
y vistas aéreas de ríos y bosques. Fue una impresión abrumadora. Así, tras
egresar del colegio, decidí estudiar Biología con especialización en Ecología.
CS: ¿Cómo se ha
desarrollado su interacción con comunidades amazónicas?
Tuve mucha experiencia de
convivencia e intercambio cultural con las comunidades nativas cuando trabajé
en la Estación Biológica de Cocha Cashu. Fue un aprendizaje profundo. Frente a
la complejidad del bosque amazónico, los pobladores originarios poseen un
dominio de su entorno muy superior al de cualquier habitante urbano.
Una vez tuve que gestionar el
traslado médico de emergencia en avioneta hacia Cusco de dos pobladores indígenas
del Manu (un anciano patriarca con hernia y una mujer tras un parto complicado).
Para ellos significó el primer contacto con aeronaves y entornos urbanos, una
experiencia tan atemorizante como fascinante.
CS: ¿Cuál es el
trabajo que viene realizando actualmente y cómo está relacionado con el Cusco?
Estoy en mi tercer año de estudios
doctorales, y en este contexto he reorientado mi investigación hacia los Andes
peruanos, específicamente los territorios en las faldas del Apu Ausangate. Mi
estudio combina la ecología, la biología, la educación y la psicología
comunitaria para evaluar cómo las comunidades altoandinas afrontan el cambio
climático y otros desafíos.
El foco de mi actual estudio es la condición ambiental de niños dentro y fuera de las aulas de colegios rurales altoandinos. Con mi equipo he instalado estaciones meteorológicas en escuelas y sensores en las aulas. Se ha constatado que los estudiantes se encuentran expuestos a condiciones ambientales extremas: niveles altísimos de radiación ultravioleta y bruscas fluctuaciones térmicas: temperaturas bajo cero por la mañana y calor intenso al mediodía, que dificultan el aprendizaje.
Con este
estudio busco proponer estrategias reales de adaptación frente al cambio
climático para las poblaciones más vulnerables.
Video y audio: Alberto Cavassa; entrevista, transcripción
y fotografía fija: Olga Vallenas, para Cusco Social.
Fotos de archivo: cortesía de Carmen Chávez.