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Genara Elorrieta y su legado literario
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El Día Internacional de la Mujer es siempre un motivo para recordar a las mujeres de antaño quienes han contribuido a la sociedad, la cultura y el pensamiento. El nombre de Genara Elorrieta no suena en el Cusco con igual fuerza como los nombres de Clorinda Matto o Trinidad Enríquez, pero su memoria y su legado merecen ser rescatados. 

Genara Elorrieta de Aranzábal (1895-1963) fue escritora cusqueña y convenciana, historiadora aficionada y benefactora de iniciativas culturales y educativas. Los datos biográficos de los que disponemos actualmente son algo escasos, pero indudablemente una búsqueda exhaustiva en archivos y prensa, complementada con testimonios familiares, puede llenar con tiempo esos vacíos.

En la plataforma genealógica Family Search figura como su segundo apellido “Ugarte”, también está una grafía alternativa de su nombre: “Jenova”, tal vez un error de copiado. Se puede leer un breve resumen de su aporte literario en la Historia de la Literatura del Qosqo de Ángel Avendaño (1993):

Publicó: FUERON TRES VIDAS, 1950. DATOS HISTÓRICOS, LEYENDAS Y TRADICIONES DEL CUZCO. T. I, 1954. T. II, 1955. T. III, 1956. Libros en la línea de los de Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner, Ángel Valdiglesias, profusos de fotografías de la autora y prólogos laudatorios de José Gabriel Cosio, Luis Felipe Paredes, Alfredo Yépez Miranda, Luis A. Pardo, etc.

En su Diccionario Enciclopédico del Qosqo (1995) el mismo autor agrega un par de detalles más: “Estudió en los colegios de Educandas y Santa Ana. Viajó por diversos países de América residiendo un tiempo en Buenos Aires.” De estas mismas dos fuentes vienen las arriba citadas fechas de su nacimiento y muerte.

Doña Genara estuvo casada con uno de los propietarios más acaudalados de La Convención, dueño de la hacienda Echarati (o Echarate), Teodoro Aranzábal Rospigliosi (1872-1950, fechas según Family Search). Algunos datos biográficos valiosos sobre su vida convenciana han sido recogidos y publicados recientemente por el comunicador George Vivanco Barreda en la página “Quillabamba, un legado viviente” (ver aquí). El post incluye documentos fotográficos únicos de archivos particulares, que retratan a Genara Elorrieta y sus familiares en Echarate y Quillabamba.

En 1932 los esposos Aranzábal Elorrieta financiaron la construcción de un puente sobre el río Urubamba, contribución de gran importancia para la zona que en aquella época carecía de infraestructura básica. Una nota sobre la inauguración del puente apareció el mismo año en la revista Misiones Dominicanas (ver aquí).

Teodoro Aranzábal, esposo de Genara Elorrieta, fue propietario de la primera y única por aquellos años sala de cine en Quillabamba, que llevaba su nombre. Los pobladores mayores aún recuerdan ese cine en pleno funcionamiento. Ya en manos de otros propietarios, la sala llegó hasta inicios de este siglo (ver aquí).

Poco antes de su muerte, doña Genara, ya siendo viuda, hizo un generoso gesto en pro de la educación de su tierra: donó una casa en Quillabamba al primer centro educativo público para niñas, el Colegio La Convención, fundado en 1963. Durante muchos años la educación en la zona estaba íntegramente en manos de misioneros católicos. En 1958 se creó el primer colegio público con el nombre de Manco II. En un principio, funcionaba como institución mixta, pero en 1963, por la ley Nº14721 fue fundado el nuevo colegio exclusivamente para mujeres, quedándose Manco II destinado a varones. El Colegio La Convención, hoy institución mixta, guarda la gratitud a Genara Elorrieta, mencionándola como benefactora en su recuento histórico (ver aquí). Actualmente, el inmueble donado por ella al colegio alberga la sede convenciana de la UGEL.

La actividad literaria de Genara Elorrieta afloró después del fallecimiento de su esposo. En las portadas de sus libros su nombre figura como Genara Elorrieta viuda de Aranzábal. Aunque suene cruel y sarcástico, la viudez en aquella época propiciaba la creatividad en las mujeres. Por más acaudaladas que fueran las familias y felices los matrimonios, las señoras, mientras casadas, se dedicaban principalmente a sus deberes familiares. Una vez llegado a su final el feliz matrimonio y cumplido el correspondiente plazo de duelo, empezaba a ser visible la personalidad propia de la mujer y salir a la superficie su potencial intelectual, artístico o emprendedor.

Aunque doña Genara habrá experimentado con la escritura todavía en sus años de casada, su debut oficial en el campo de las letras llegó a ser la novela titulada Fueron tres vidas, una narración con elementos de romance y aventura sobre la sociedad rural de los valles del Cusco y La Convención. Salió de la Imprenta Garcilaso en 1950, cuando la autora ya había enviudado. Para aquel momento, ya no era una desconocida en el panorama cultural cusqueño. En el prólogo del libro, escrito por Pedro Bravo Escobar, se menciona su ponencia sobre la mujer cusqueña que había presentado poco tiempo antes en la Sociedad Pro Cultura Clorinda Matto de Turner.

La principal obra literaria de Genara Elorrieta vino un tiempo después. Se trata de Datos Históricos, Leyendas y Tradiciones del Cuzco, cuyos tres tomos se imprimieron en tres años consecutivos: 1954, 1955 y 1956. Este voluminoso escrito es un compendio de relatos históricos sobre el Cusco del virreinato, con algunas salpicaduras de la época republicana. En sus páginas, sucesos históricos extraídos de crónicas y documentos renacen aderezados de detalles ficcionados y tensiones pasionales. No faltan las leyendas urbanas que siempre han florecido en esta ciudad. Se ve que la autora quiso disponer los episodios en el orden cronológico, pero en la práctica esa intención no se cumplió rigurosamente.

Como anota Ángel Avendaño en el párrafo arriba citado, esta ampulosa colección sigue, grosso modo, el mismo cauce que las célebres Tradiciones cusqueñas de Clorinda Matto de Turner y Ángel Carreño (Ángel Valdiglesias), aunque su aporte a ese entrañable género literario ha suscitado menos comentarios. En términos más amplios, ella misma se declaraba seguidora y discípula del gran Ricardo Palma, pionero de lo que suele llamarse “tradicionalismo”.

La escritora mantenía vínculos de amistad e intercambio de ideas con varios distinguidos intelectuales cusqueños de la época, quienes compusieron sentidos y elogiosos prólogos para su libro. El primer tomo cuenta con los textos introductorios de Luis Felipe Paredes, a la sazón el rector de la Universidad de San Antonio Abad, y Alfredo Yépez Miranda, ex rector de la misma institución. El segundo tomo está prologado por José Gabriel Cosio, Luis A. Pardo y “Monte Cristo”, seudónimo de Pedro Bravo Escobar, el mismo autor que antes había prologado la primera novela de Elorrieta, Fueron tres vidas.

En el tercer tomo, en lugar de prólogo está incluida una nota preliminar de la propia autora, en la que manifiesta su gratitud a todos los que la estaban apoyando con sus opiniones y comentarios. En esos agradecimientos, además de los nombres arriba enumerados, nombra los aportes de Luis Ángel Aragón y José Antonio Velasco. Esos textos, al parecer, no fueron incluidos en la publicación. Aún queda por averiguar si se han quedado inéditos o aparecieron como notas críticas en la prensa.

Entre los prólogos, se destaca por su nutrido contenido informativo y analítico el de José Gabriel Cosio, titulado Unas cuantas líneas preliminares. Habla de las fuentes que usó Elorrieta, nombrando concretamente dos documentos que hoy son ampliamente conocidos y que ya en aquella época habían ganado fama entre lectores ilustrados. Se trata de Noticias cronológicas del Cuzco, una famosa crónica que reconstruye la historia local del siglo XVI, y Anales del Cuzco, que cubre los siglos XVII y la primera mitad del XVIII. Ambas obras fueron publicadas a inicios del siglo XX en Lima por Ricardo Palma, ambas están atribuidas hoy a Diego de Esquivel y Navia.

José Gabriel Cosio incluye esas dos crónicas en la lista de sus propias fuentes favoritas y dice que eran también altamente valoradas por otros historiadores de la época, aunque los llama “verdaderos centones por su pesadez y su árida sucesión de hechos cotidianos”, a los que Genara Elorrieta había dotado de un ameno arreglo literario, “bordando algunos sucesos y acontecimientos con el hilo mágico de la tradición, el de la leyenda”. Cosio señala esos documentos como el principal origen de Datos históricos, aunque admite que la escritora había intercalado en sus narraciones elementos provenientes de varios otros escritos “éditos e inéditos”.

En el prólogo de Cosio llama atención el siguiente párrafo:

Hace tiempo que la señora viuda de Aranzábal dedica sus horas de estudio y de lecturas a la vida antigua del Cuzco, sus costumbres y su aspecto intelectual, y al respecto ha publicado ya algunos libros, opúsculos y relatos, que el público conoce y adquiere. También ha ensayado el drama histórico y tradicional en trabajos escénicos, en quechua y castellano y en ambas lenguas a la vez, los que he tenido ocasión de leer.

A juzgar por estas líneas, doña Genara dejó otras producciones literarias que han caído en el olvido. Algunas de ellas tal vez se pudieran localizar en revistas y periódicos de la época. Otras, aparentemente, nunca vieron luz y solo es de esperar que los manuscritos hayan sido conservados por sus familiares y herederos.

Las ilustraciones del libro merecen una mención especial. Los tres tomos llevan en las portadas piezas gráficas originales. En los interiores del segundo y el tercer tomo aparecen ilustraciones a relatos concretos, todas de mano de un mismo artista. Todos los dibujos llevan la firma “E. Araujo” (o simplemente “E.A.”) y las fechas de 1954 y 1955. Es decir, fueron creados inmediatamente antes de la impresión de los respectivos tomos, probablemente por encargo de la autora. Son, en su mayoría, escenas de los relatos, que llevan una leve impronta caricaturesca. Sobresale entre ellos uno especialmente detallado, que reproduce en técnica gráfica un cuadro al óleo de la Virgen del Juncal pintado en 1777, propiedad y reliquia de la familia Soto Elorrieta, que se conservaba en Urubamba.

Al inicio del primer tomo está inserto un plano plegable de la ciudad del Cusco. En el tercer tomo se encuentra el plano del Convento de Santo Domingo (Qorikancha). Ambos son copias de los planos que habían sido publicados por el padre dominico Rosario Zárate en su libro El Cuzco y sus monumentos: guía del viajero, de 1921 (para mayor información, lean nuestro artículo sobre libros-guías aquí). Además, los tres tomos llevan láminas de fotos de paisajes urbanos y monumentos de la ciudad, probablemente adquiridas para la ocasión a estudios fotográficos.

La impresión de los tres tomos se realizó en la famosa por aquellos años imprenta cusqueña Garcilaso, que en el tercer tomo figura ya como editorial. Las contraportadas llevan un sello gráfico de la empresa, distinto en cada tomo. En términos generales, la publicación denota una atención especial a los detalles y un cuidado de edición serio y meticuloso. Algunos de los elementos gráficos arriba enumerados están incluidos en la galería de fotos que acompaña este ensayo (aquí).

Finalizando esta pequeña reseña, hay que mencionar que la figura de Genara Elorrieta no estuvo exenta de polémica. No es raro escuchar algunos rumores gaseosos que se oyen aún en los círculos ilustrados de nuestra ciudad. Se puede encontrarlos cristalizados y puestos por escrito en la misma Historia de la Literatura del Qosqo de Ángel Avendaño que hemos citado al comienzo, en el acápite dedicado al autor de otras Tradiciones Cusqueñas, más sonadas y estudiadas, Ángel Valdiglesias, conocido como Ángel Carreño. He aquí lo que transmite Avendaño:

Lo cierto es que ''esas hambres'' lo obligaron a vender sus manuscritos a una cierta dama de altas alcurnias, que lucía sus miriñaques y copetes por el Club Cuzco, y que tornóse escritora de la noche a la mañana publicando sendos volúmenes de tradiciones cuzqueñas. Se preguntaban desorientados qosqorunas, mirando las flacuras y flaquezas de Valdeiglesias y las donosuras y opulencias de la dama: ¿De dónde pecata mía, si no es de la sacristía?

Sin que se nombre en este párrafo a Genara Elorrieta, es fácil adivinar que el tóxico dardo apunta en su dirección. El gran Ángel Avendaño no escatimaba elogios a aquellos personajes que gozaban de su admiración y era igualmente generoso vertiendo litros de ácido sulfúrico sobre las cabezas de los que no le caían bien. Tal fue el caso de nuestra protagonista. 

La acusación de plagio, evidentemente, es una conjetura que no se ve muy plausible. En primer lugar, la novela de 1950 y el prólogo de Cosio son prueba de que la “dama de altas alcurnias” no se tornó escritora “de la noche a la mañana”. Lo mismo refieren otros ensayos introductorios incluidos en el libro. Luego, como lo señala el mismo Cosio, sus fuentes históricas principales eran crónicas publicadas y conocidas, que no constituían secreto alguno.

Es cierto que ambos autores trabajaban, a grandes rasgos, en el marco del mismo género literario y en el mismo lapso temporal. El Origen de los nombres de las calles del Cuzco colonial de Carreño salió publicado por primera vez en 1951. Las célebres Tradiciones Cusqueñas tuvieron que esperar casi diez años más. En la biografía de Carreño escrita por Flavio Hermoza para la edición de 1987, está señalado que la primera colección de cuarenta relatos ya estaba lista en la década de 1930.  Sin embargo, esta primera parte de la obra vio luz ya en 1960, poco antes de la muerte del escritor, bajo el título Tradiciones de la cibdad del Ccoscco. El mismo biógrafo afirma que Carreño seguía escribiendo casi hasta su muerte. La versión completa de sus tradiciones en dos tomos se imprimió ya póstumamente, en 1987, después de pasar sus manuscritos por un largo proceso de análisis y edición. Datos históricos de Elorrieta, como ya se dijo, se publicó entre 1954 y 1956, lo cual quiere decir que los dos autores compusieron sus respectivas tradiciones simultáneamente.

A pesar de compartir un campo literario común, los dos literatos denotan dos estilos y temperamentos distintos si no opuestos. Genara Elorrieta perseguía la misión de divulgación histórica, se dedicaba a la historia novelada, segura ella misma de que se basaba “en relatos de indudable veracidad”. Ángel Carreño, con todo su amor por el entorno histórico, estaba más interesado en leyendas urbanas. El tono de Carreño es con frecuencia jocoso y picaresco, a veces llegando a los límites de lo literariamente permitido. Elorrieta, aunque adopta algunos tropos retóricos coloquiales, característicos del género de la tradición, nunca deja de ser una matrona de alta sociedad, “guardando la ecuanimidad y honestidad propias de su sexo, apegada al respeto que merece la religión y las buenas costumbres”, según las palabras de Luis A. Pardo. Elorrieta es muy católica y correcta; Carreño, a pesar de su evidente cercanía y amistad con algunas instituciones eclesiásticas es, por momentos, expresamente anticlerical.

Dice mucho un detalle sintomático. Tanto entre las tradiciones de Elorrieta como entre las de Carreño se puede encontrar la famosa leyenda de Selenque. Las dos versiones no simplemente tienen discrepancias, sino son diametralmente contrarias la una a la otra, tanto en fechas y personajes como en el eje de su trama.

Respecto a la “leyenda negra” sobre la compra de manuscritos de Carreño por Genara Elorrieta, se puede hacer una suposición. Desde los inicios de la investigación histórica archivística, los estudiosos más influyentes y acaudalados, cuyos nombres generalmente eran conocidos al público, solían contratar para el trabajo de hormiga, la laboriosa y lenta labor de búsqueda y transcripción archivística, a personas de bajo perfil, anónimas e invisibles. En las épocas pasadas se las consideraba poco más que obreros jornaleros y no se les daba crédito alguno. Sin embargo, era una práctica difundida y normalizada, que no se veía como una injusticia o infracción a la ética profesional.

El dato que brinda Ángel Avendaño sobre el empleo de Ángel Carreño en el Archivo Histórico del Cusco no encuentra fundamento en su biografía detallada y sustentada, escrita por Flavio Hermoza. Sin embargo, esa biografía confirma que Carreño tenía entrada en archivos eclesiásticos y, a juzgar por sus propios textos, estaba muy aficionado a manuscritos antiguos. No sería extraño si Genara Elorrieta en algún momento le hubiera encargado una búsqueda y transcripción de algunos documentos complementarios para su libro.

Sea como fuese, es una conjetura sobre otra conjetura, pues no hay evidencia directa alguna que confirme esa sospecha. Flavio Hermoza, quien dedicó años a la investigación exhaustiva del legado de Ángel Carreño y tuvo acceso directo a su archivo personal, no encontró pruebas de que hubo algún tipo de colaboración o incluso comunicación entre ambos literatos. Su apreciación respecto a la autoría coincide con la nuestra: los dos autores se movían dentro de un mismo ámbito, pero tenían ópticas, enfoques y lenguajes distintos.

Sería interesante saber algún día a ciencia cierta si hubo alguna interacción entre Genara Elorrieta y Ángel Carreño y, si la hubo, cuál fue su naturaleza. Mientras tanto, el cuento sobre la venta del manuscrito y la imputación del supuesto plagio quedan como una tradición cusqueña más.

En el Cusco de los años 50, la época post terremoto, cuando las viejas costumbres iban cediendo ante la presión de los implacables cambios, pero aún se resistían a desaparecer, una mujer independiente, poseedora de una gran fortuna, era un hito notorio en el horizonte local. Para algunos era objeto de reverencia, para otros, una anomalía irritante. Y una viuda adinerada que, además, mostraba ambiciones literarias, debe haber sido una anomalía doble, pues los talentos y competencias de una “dama de alta alcurnia” se circunscribían para muchos a “miriñaques y copetes”.

Las fotografías de Martín Chambi que acompañan este ensayo (ver la galería de imágenes aquí), retratan a Genara Elorrieta en la década de 1950, en pleno auge de su labor literaria. Quizás el fotógrafo haya captado su imagen en los años cuando estaba escribiendo Datos históricos o, quizás, poco después de su publicación, cuando la autora estaba cosechando los laureles de su merecido éxito.

Datos históricos, leyendas y tradiciones del Cuzco de Genara Elorrieta ocupan una posición limítrofe entre la ficción y la historia novelada. A pesar de la audaz afirmación de la autora sobre la veracidad de sus relatos, no se puede tomarlos al pie de la letra como un manual de historia o un libro de texto.

Lo que definitivamente son capaces de despertar esas narraciones, es la pasión por el pasado lejano en el tiempo, pero cercano en el espacio, el drama de sus enredos e intrigas, la memoria afectiva que une a los habitantes de la ciudad con las calles que transitan cada día, las piedras que pisan y rozan al pasar y los espíritus invisibles que se esconden detrás de cada esquina.

AGRADECIMIENTOS:

A la Asociación Martín Chambi, por la gentil autorización de publicar las fotografías de Genara Elorrieta, incluida la foto de portada del artículo.

A la Biblioteca Municipal del Cusco, por el préstamo de los libros de Elorrieta, hoy una rareza bibliográfica.

A George Vivanco Barreda, comunicador y gestor de la página Quillabamba, un legado viviente, por permitirnos usar los datos biográficos de Genara Elorrieta recopilados por él.

A Flavio Hermoza, biógrafo de Ángel Carreño e investigador de su obra, por las valiosas consultas y aclaraciones.

Un agradecimiento especial a mi amigo Fernando Bolívar, por darme a conocer por primera vez, hace muchos años, la obra de Genara Elorrieta.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Ángel AVENDAÑO. Diccionario enciclopédico del Qosqo. Cusco: Municipalidad del Qosqo, 1995.

Ángel AVENDAÑO. Historia de la Literatura del Qosqo, del tiempo mítico al siglo XX. Tomo 2. Cusco: Municipalidad del Qosqo, 1995.

Ángel CARREÑO. Tradiciones de la cibdad del Ccoscco. Tomo 1. Cuzco, 1960.

Ángel CARREÑO. Tradiciones cusqueñas. 2 tomos. Edición y prólogo de Flavio Hermoza E. Cusco: Municipalidad del Cusco, 1987.

Genara ELORRIETA VIUDA DE ARANZÁBAL. Fueron tres vidas. Cusco: Imprenta Garcilaso, 1950.

Genara ELORRIETA VIUDA DE ARANZÁBAL. Datos históricos, leyendas y tradiciones del Cuzco. Cusco: Imprenta/Editorial Garcilaso, 1954-1956.

Diego de ESQUIVEL Y NAVIA. Noticias cronológicas de la gran ciudad del Cuzco. 2 tomos. Edición, prólogo y notas de Félix Denegri Luna, con colaboración de Horacio Villanueva Urteaga y César Gutiérrez Muñoz. Lima: Fundación Augusto N. Wiese, 1980.

Ricardo PALMA (editor). Anales del Cuzco, 1600 a 1750. Lima: Imprenta del Estado, 1901.

Ricardo PALMA (editor). Apuntes históricos del Perú y Noticias cronológicas del Cuzco. Lima: Imprenta del Estado, 1902.

George VIVANCO BARREDA. Historia: Genara Elorrieta viuda de Aranzábal. Publicación del 9 de septiembre 2025. https://www.facebook.com/share/p/1EYhTHAsgm/ Consultado 01/03/2026.

Rosario ZÁRATE O.P. El Cuzco y sus monumentos: guía del viajero. Lima: Sanmarti y Ca. Impresores, 1921.

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