En el mes del Inca Garcilaso, decidimos explorar una faceta distinta a las que se suelen realzar en relación con su obra y trascendencia.
El
mundo actual se va reconfigurando constantemente debido a diferentes patrones
de crisis, guerra y pugna por recursos estratégicos. En este contexto, las
migraciones son observadas con especial consideración. Los inmensos flujos de expatriados
imponen paulatinamente sus propios sellos de identidad cultural y cambios en el
comportamiento de las sociedades receptoras. En diferentes latitudes los procesos
migratorios constituyen temas de agenda, y nuestro país no es la excepción.
En
agosto de 2024 publicamos en esta revista una entrevista a la filóloga española
Esperanza López Parada, aprovechando su paso por el Cusco (ver aquí). En esa conversación, la doctora López nos dejó una reflexión muy lúcida:
“Garcilaso le dio a la lengua española la visión del extranjero, del migrante,
con una maestría inusual para la época”. El intelectual cusqueño era poseedor
de una extraordinaria erudición y una singular capacidad de narrar a su tierra
con intuitiva precisión, con nostalgia filial y con los ojos de quien recrea el
mundo que lo vio nacer y lo compara con el que lo cobija.
Esperanza
López destacó, además, el valor universal de nuestro cronista, comparándolo con
Cervantes, de quien la lengua española recibe su identidad y prestigio. Al
referirse a Garcilaso, observó: “Estamos frente a un genio poco investigado
desde la mirada del migrante y ese aspecto le da al Inca una actualidad muy
relevante”.
En estas
líneas recorremos algunos sucesos que pudieron construir esa sensibilidad del
Garcilaso migrante.
Un acto trascendente antes de partir
Luis
Alberto Sánchez publicó en 1945 un ensayo sobre Garcilaso con el sugerente
título: Garcilaso Inca de la Vega, primer criollo. Con una prosa
delicada de acuciosa mirada literaria, Sánchez construye un retrato identitario
de Garcilaso. En su ensayo reconstruye un episodio especialmente simbólico que
pudo haber marcado el imaginario de nuestro cronista.
Decidido
su viaje en el año 1560, luego de la muerte de su padre y con la bendición de su
madre, la noble indígena Isabel Chimpu Ocllo, Garcilaso va a despedirse y rendir
sus respetos a la principal autoridad local, el corregidor del Cusco Juan Polo
de Ondegardo, quien con solemnidad y sentido casi profético le dice:
-
Ahora que te vas,
quiero mostrarte algo.
El
funcionario real lo llevó a una cripta secreta y le mostró unos bultos cubiertos
con telas, que dejaban ver reliquias doradas y blancos cabellos largos. Se
trataba de las momias de sus ancestros. Le dijo:
-
Este es tu abuelo
Huayna Cápac. A su lado está su padre Túpac Yupanqui, y también está aquí el
Inca Viracocha.
Polo de
Ondegardo, con sutil perspicacia, le dejó una herencia simbólica, una imagen
que evocaría reiteradamente y que luego relataría al detalle en el capítulo
XXIX de su libro quinto de los Comentarios Reales.
La decisión del viaje y la travesía
Sebastián
Garcilaso de la Vega, padre de nuestro cronista, señaló expresamente en su
testamento que el joven Gómez Suárez de Figueroa debía seguir sus estudios en
España y reclamar para sí algunas de las mercedes que correspondían a su padre
como capitán conquistador del Perú. Para ese fin, el joven recibió la suma de
cuatro mil pesos de oro y plata.
El
periplo inició a caballo entre Cusco y Lima el 20 de enero de 1560. Desde
ciudad de los Reyes partió del puerto del Callao con destino a Panamá el 4 de
marzo de ese mismo año. Hizo una primera escala en Paita, luego en el cabo de
Passau (actual Ecuador) punto obligado para que las embarcaciones se
reabastecieran de agua y leña.
Continuó
la travesía marina bordeando la costa de lo que hoy es Colombia, llegó hasta La
Gorgona, una isla oceánica a 28 kilómetros del litoral colombiano, para arribar
finalmente a Panamá. Superado el trayecto marítimo, cruzó a lomo de acémila la
cordillera del istmo para llegar a Nombre de Dios, puerto natural dónde tomó
una embarcación a Cartagena de Indias. En este puerto abordaría uno de los
galeones con destino a La Habana.
Desde
Cuba, partiría al continente europeo, siendo su puerta de entrada Lisboa,
ciudad principal del reino de Portugal, de ahí a Sevilla, y finalmente a
Montilla, donde se establecería después.
La construcción de una identidad
El
escritor Eduardo Gonzales Viaña, consagrado intelectual peruano, publicó en
2021 el libro ¡Kutimuy, Garcilaso!, texto que fue presentado en España durante
su gestión como agregado cultural del Perú en Madrid. En la presentación (ver aquí) el escritor, acompañado de José Antonio Mazzoti y otros intelectuales,
resaltó que el Inca necesitaba con urgencia proponer una mirada alternativa a
la imagen equivocada que existía en España sobre América. Para Gonzales Viaña, “el
Inca escribió con sublime valentía sobre el Perú, en un tiempo en el que en
Europa se dudaba si sus habitantes eran seres humanos”, demostrando que el
ser escritor y cronista era una tarea de hombres valientes y adelantados a su
tiempo.
Quiero
cerrar estas líneas remarcando ciertas características inherentes al ser
migrante. En su experiencia se conjugan la nostalgia al partir, las angustias
de los azarosos trayectos y, finalmente, una vez en el destino, la difícil
tarea de pertenecer al nuevo hogar, construyendo a la par una identidad nueva,
que revalore su cultura de origen.
Al cabo
de casi cinco siglos, este camino sigue siendo recorrido y recreado por muchos migrantes
latinoamericanos, abierto y afirmado por la trascendencia universal de nuestro
primer cronista mestizo.
Lecturas recomendadas:
César Toro Montalvo. Los Garcilasistas:
antología. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 1989.
Raquel Chang-Rodríguez. Franqueando
fronteras, Garcilaso de la Vega y “La Florida del Inca”. Lima: Fondo
editorial PUCP, 2006.
Raquel Chang-Rodríguez. La ruta del Inca
Garcilaso. En: América sin nombre, nos 13-14 (2009), pp. 22-29.
Eduardo Gonzales Viaña. ¡Kutimuy, Garcilaso! Lima: Fondo editorial de la Universidad César Vallejo, 2021.